ANÁLISIS

Filipinas crece bajo el paraguas de China

La pu­jante eco­nomía de Filipinas des­plaza a ja­po­ne­ses, nor­te­ame­ri­canos y eu­ro­peos, pero aún quedan huecos

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Manila, Filipinas.

Mientras la Unión Europea in­tenta acotar la in­ci­dencia de ca­pi­tales y pro­ductos de la República Popular de China en el mer­cado co­mu­ni­ta­rio, la in­fluencia de China no deja de crecer en los países del sur­este asiá­tico, en es­pe­cial en Filipinas. “Es como si el rio Amarillo lo inun­dase todo poco a poco, re­co­noce un im­por­tante hombre de ne­go­cios fi­li­pi­nas, desde su des­pacho en lo alto de unos de los cen­te­nares de ras­ca­cielos que marcan el perfil de la me­gá­polis de Metro-Manila, que ronda ya los 20 mi­llones de ha­bi­tan­tes.

Filipinas continúa creciendo desde hace más de una década a un promedio anual de entre el 6 y el 7 % del PIB y los billonarios, en dólares, van en aumento. Sobre todo, los de origen chino-filipino que ocupan los diez primeros puestos del país, según la revista “Forbes”, desplazando a los grupos de origen hispano-filipino que durante años monopolizaron los negocios del país.

Centros comerciales, comunicaciones, inmobiliarias, aviación, turismo, agro-business y otros sectores son casi exclusiva de la vitalidad de los hombres de negocios filipinos de ascendencia china. Integran el “guanxi”, o las relaciones, que han convertido el país en uno de los preferentes para el capital chino hacía el exterior.

“Build, build, build” (Construir, construir, construir) es la divisa de la administración del polémico presidente Rodrigo Duterte – cuya política de tolerancia para asesinar a supuestos traficantes de drogas suma ya más de 20.000 muertos – que el próximo 15 de mayo afronta con muy buenas perspectivas las elecciones para renovar el Congreso, Senado y Municipios. Su popularidad sigue por encima del 75 % de aceptación a mitad de su termino presidencial de seis años.

¿Cómo financia la expansión de la economía filipina? En particular con el ininterrumpido flujo de capital chino para nuevos puertos, ferrocarril, aeropuertos o pantanos – estas semanas Manila sufre restricciones de agua debido a la sequía – que cubre con deuda exterior procedente de China.

“Terminaremos en manos de China” advierte Leni Robredo, la vicepresidenta y adversaria de Duterte, aunque prácticamente marginada de todo poder e influencia. Pekín es también la capital preferida para los viajes al exterior del presidente Duterte que sumará cuatro en menos de tres años en la presidencia en el palacio de Malacañang.

La influencia china en Filipinas es tal que, incluso, la administración quiere establecer una nueva política de visados ante el flujo creciente de trabajadores chinos que llegan al archipiélago filipino al que, por cierto, Duterte quiere cambiar de nombre como ya lo intento Imelda Marcos en los años 1970, bajo el nombre de Maharlika, en honor de la casta de hombres libres que habitaban las islas antes de la llegada de los colonizadores españoles.

No le faltará trabajo y necesidad de habilidades al nuevo embajador de España, Jorge Moragas, que cuenta con raíces familiares filipinas, para mantener y mejorar las relaciones hispano-filipinas. Sobre todo, que la presencia española es cada vez más patente en algunos sectores como la restauración, energías limpias, seguros o transporte – CAF participa en un consorcio con Mitsubishi para la dotación de trenes – que buscan sus huecos en esa Filipinas cada día más “Made in China” por razones de lógica geopolítica regional, en un área del mundo, Asia, donde vive el 45 % de la población mundial y ya genera el 34 % del PIB global.

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