Norges Bank vende ac­ciones ante la falta de reac­ción en bolsa del grupo pa­pe­lero

Ence pierde adeptos en el capital y da un disgusto a sus accionistas VIP

El grupo ya ha ce­dido cerca de un tercio de su valor sólo en el primer tri­mestre

Ence
Ence

La pa­ciencia tiene un lí­mite, y la de al­gunos de las manos fuertes de Ence em­pieza a ago­tarse. La ac­ción ha per­dido cerca de un tercio de su valor desde los má­ximos del año y ya acu­mula nú­meros rojos su­pe­riores al 10% en lo que va de 2019. El Gobierno ha de­ci­dido no apoyar la pró­rroga que daría vía libre a la com­pañía para man­tener su ac­ti­vidad en la planta de Pontevedra y de ha de­jado a Ence en una po­si­ción de in­de­fen­sión en bolsa. Los in­ver­sores están ven­diendo a toda ve­lo­ci­dad.

A las ventas de los inversores más nerviosos que empezaron a soltar títulos desde el mismo momento que afloró el conflicto a cuenta de la planta gallega, se suman ahora los grandes nombres. El último es el de Norges Bank. No es un inversor cualquiera, porque había sido uno de los grandes valedores del grupo entre los grandes fondos internacionales. Nadie sumaba más que el fondo soberano noruego hasta el comienzo de la crisis.

Tenía un 3,67% del capital, paquete que ha reducido durante la caída libre de la acción hasta el 3,13%. Malas noticias para el núcleo duro de una compañía que ha visto que cerca está el éxito bursátil (una subida muy superior al 100% en 2017,consolidada en 2018) de una crisis de grandes dimensiones como la actual que ha devuelto la cotización a los niveles más bajos desde el mes de octubre de 2017. Un enorme paso atrás para los accionistas históricos del grupo.

En jaque estan los intereses de algunas de las grandes fortunas del país que han jugado muy fuerte por el proceso de renovación de una compañía que hoy reparte sus poderes en dos grandes áreas, la producción de celulosa y las energías renovables con biomasa. Pero los avances que el mercado estaba cotizando con grandes subidas han sido compensados por las dudas sobre la planta de Pontevedra, que ha sido un elemento desestabilizador durante los últimos años.

El grupo se juega hasta 185 millones de euros si la planta cierra. "Es un problema grave que el futuro de la planta pueda poner en jaque a una compañía histórica que como Ence había levantado expectativas tan grandes. Da una sensación de fragilidad muy grande, impropia de un valor que ha sido una de las grandes estrellas bursátiles de los últimos años. Muchos inversores se han puesto muy nerviosos porque el valor no deja de bajar desde la primera semana de marzo", señalan fuentes bursátiles.

Después de una caída sin apenas interrupciones, las valoraciones de los paquetes de los grandes accionistas han retrocedido mucho en el tiempo. Un extraordinario contratiempo para una compañía que había superado con un año de antelación los objetivos de su plan estratégico, que hace apenas unos meses había revisado al alza. Y que se había incorporado al Ibex 35, dando el salto hasta la primera división bursátil.

En el grupo de damnificados se encuentran el presidente Juan Luis Arregui, que además es el socio mayoritario con una participación estable del 29%; José Ignacio Comenge, dueño de un 5% del capital; Víctor Urrutia, ex vicepresidente de Iberdrola, que suma algo más del 6% del capital de Ence, y los archiconocidos 'Albertos', que han reducido su participación hasta el 3%. Desde octubre, sus participaciones se han dejado en el camino alrededor de un 30% de su valor.

En plena estampida de accionistas, el consejero delegado ha intentado salir al paso con la compra de más de 10.000 acciones. Poca y muy individual respuesta a la vista de la fuerte marejada que sufre un valor que ha movido en las dos ultimas semanas cerca del 20% del capital, con la cotización en caída libre. A la espera de que se limpie la gran avalancha de papel que asola la valoración del grupo, manda la incertidumbre en una compañía cuyos faros se han apagado en bolsa.

Artículos relacionados