El mer­cado es­pera del nuevo primer eje­cu­tivo del hól­ding un cambio de ve­lo­cidad in­me­diato

Zoido deja BME necesitada de ideas nuevas y más acción

El cre­ci­miento de las pla­ta­formas al­ter­na­tivas y el cre­ci­miento, los grandes retos

Antonio Zoido, BME
Antonio Zoido, BME

El pró­ximo 25 de abril, Antonio Zoido de­jará las fun­ciones eje­cu­tivas en Bolsas y Mercados Españoles (BME). El eterno pre­si­dente del hól­ding, del que ha lle­vado las riendas desde su cons­ti­tu­ción, ce­derá los trastos a Javier Hernani. El ac­tual con­se­jero de­le­gado to­mará el bastón de mando de un grupo que Zoido ha lle­vado con mano de hierro du­rante los 17 úl­timos años, pri­mero con los bancos como grandes ac­cio­nistas y en los úl­timos tiempos con Corporación Alba como in­versor de re­fe­ren­cia.

Mucho han cambiado las cosas desde el nacimiento del hólding que agrupa a los mercados españoles, que por entonces ostentaba una posición de monopolio sin contestación alguna. Las plataformas alternativas no existían y la fortaleza del grupo le permitía navegar en solitario ajeno a los cantos de sirena de los gigantes del sector. Zoido, un ferviente defensor de la independencia de los mercados españoles que ha llevado hasta las últimas consecuencias, hacía crecer más y más la caja del grupo con el viento a favor.

Ahora, a punto de terminar la segunda década del siglo, BME parece necesitar un cambio de velocidad. Los beneficios renquean (ganó 173 millones de euros en 2015, 160 en 2017, 153 en 2017 y 136 millones en 2018), las plataformas aprietan desde hace tres años y los Turquoise, Bats CXE o Chi-X ya acaparan alrededor de un tercio de la contratación y los ingresos sufren porque hay que rebajar tarifas para atraer volumen de negocio y frenar la competencia creciente.

Este año, BME ha bajado desde 0,30 hasta 0,25 puntos básicos las tarifas para operar con los valores más líquidos de la Bolsa, de más de 10.000 millones de euros. Una decisión largamente retrasada en el tiempo, que supone el reconocimiento de una nueva realidad, de un cambio necesario en el 'modus operandi' de una compañía a la que le ha cambiado de forma radical el entorno competitivo.

Una realidad distinta que se dejar ver con toda claridad en las grandes cifras del grupo en bolsa. BME vale hoy algo más de 2.000 millones de euros, cuando en 2015 capitalizaba 2.600 millones. Y este año la acción está muy lejos de las prestaciones medias del mercado español, anclada alrededor de los 25 euros. Los inversores están en modo de espera aguardando las primeras decisiones estratégicas de una compañía que ha ya puesto las bases para un necesario cambio de velocidad.

"Es un escenario totalmente distinto al que había cuando comenzó este década. Ahora BME tiene que hacer frente a una competencia feroz. De lo que se trata fundamentalmente es de mantener su actual cuota de mercado en contratación de acciones y de generar fuentes de ingresos en un entorno de debilidad de las cifras de negociación en los mercados. El reto es formidable y requerirá de pasos firmes y acertados", señala una analista del sector.

De cara a los inversores, a favor de BME juegan tanto la fuerte posición de caja como una atractiva rentabilidad por dividendo. Pero hace falta más para reactivar la cotización del grupo. La compañía necesita cambiar el perfil, lo que sólo puede consolidar con una estrategia más agresiva. Javier Hernani y la directora financiera, Marta Bartolomé, ya han puesto en marcha una nueva hoja de ruta hasta 2021, que pasa por devolver los beneficios hasta niveles de hace cuatro años, con crecimientos anuales del 6%.

Además, los ingresos deberían crecer a un ritmo del 4% anual para que el valor recupere atractivos entre los inversores y analistas. Un objetivo para el que hará falta algo más que crecimiento orgánico. BME ya ha anunciado su intención de realizar compras, y a los 100 millones disponibles en caja va a sumar otros 500 adicionales provenientes de una emisión de bonos.

Con cuatro grandes áreas de negocio -mercados, compensación, registro y datos–, BME necesita diversificar cada vez más los ingresos, reduciendo la dependencia de los volúmenes de contratación. Un objetivo de muy altos vuelos mientras se produce un relevo histórico en la parte más alta de la pirámide del grupo. Zoido deja una compañía saneada y rentable, pero también estancada en sus grandes cifras. A Hernani le toca ahora pisar a fondo el acelerador.

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