El 65% de los nuevos cré­ditos hi­po­te­ca­rios desde 2018 han sido a tipo fijo

Los nuevos propietarios caen en la zanahoria de la hipoteca fija

La po­lí­tica de los bancos cen­trales no jus­ti­fica la dis­mi­nu­ción de las va­ria­bles

Hipotecas
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La compra de la nueva vi­vienda en esta úl­tima dé­cada ha lle­gado de la mano de un nuevo boom en la so­li­citud del cré­dito hi­po­te­ca­rio. El auge de los tipos fijos pa­rece haber lle­gado para que­darse, hasta el punto de que se ha dis­pa­rado en los tres úl­timos años y ya su­pone el 65% de las nuevas con­tra­ta­cio­nes. Actualmente, re­pre­senta ya un 12,6% del total de la car­tera de cré­dito y se es­tima que crezca aún más du­rante los pró­ximos años. Con todo, pa­rece que, por lo pronto y hasta nuevo aviso, los clientes no son los que salen ga­nando.

Desde hace unos años las entidades anunciaron a bombo y platillo una nueva estrategia para “facilitar” y dar tranquilidad a los clientes que quisieran contratar una nueva hipoteca: el tipo fijo. Con el escarmiento durante la época de la crisis de un nivel de Euríbor por encima del 5%, muchos optaron por esta fórmula para evitar sorpresas a futuro. Sin embargo, la propuesta por parte de los bancos aún está muy lejos de ser rentable para el usuario, teniendo en cuenta que las previsiones sobre la subida del precio del dinero en Europa.

El peso de los tipos de interés en la cartera crediticia de la nueva contratación ha pegado un giro de 180 grados en los últimos años. La realidad así lo muestra. A término de de 2015, las hipotecas a fijo suponían únicamente el 37,4% de los nuevos préstamos, mientras que el restante 62,6% correspondía a créditos a tipo variable. El pasado ejercicio terminó con el 35% de hipotecas a interés variables en las nuevas contrataciones.

El último informe de la Asociación Hipotecaria Española refleja que, en términos totales, en la actualidad las hipotecas a tipo fijo representan ya el 12,6% de todos los préstamos activos en el país, mientras que hace tres años suponían el 4,5% del conjunto de los créditos otorgados. Se han más que duplicado las cifras.

Según la AHE, esta "favorable evolución no obedece necesariamente a un crecimiento generalizado del contexto económico y financiero, sino también a la incorporación de nuevas entidades a la cartera y a la todavía persistente ordenación del sistema, con acuerdos de absorciones y fusiones, que generan balances de tamaño superior".

Una trampa que perdura

Este creciente apetito por el interés fijo se produce en un entorno en el que los tipos de interés siguen en mínimos históricos y en el que el Euríbor se encuentra en terreno negativo desde el año 2017. En concreto, cerró febrero en el -0,108% y se prepara en marzo para hacer lo mismo. Además, los expertos siguen considerando que el precio del dinero se va a mantener sin cambios durante todo este año y probablemente su subida sea muy paulatina.

De hecho, el escenario de recesión en Italia y de importante desaceleración en Alemania invitan a pensar que la institución monetaria europea no realizará grandes modificaciones en cuanto a los tipos durante un tiempo considerable. Esto lastra especialmente a las hipotecas firmadas a tipo fijo en el momento actual.

Los bancos ofrecen a sus clientes los préstamos hipotecarios a tipo variable bajo el modelo francés. Éste se basa en el pago de los mayores intereses en la primera vida del crédito, mientras que en los últimos años se amortiza prácticamente el 100% del capital en toda la cuota.

En esta línea, las entidades han hecho un ejercicio reposado de cálculo sabiendo lo que pueden limar a sus nuevos clientes durante todos estos años. Todo ello, teniendo en cuenta que los tipos no van a hacer una escalada descomunal como la que se observó durante los años de la crisis financiera. Por eso, bancos como CaixaBank, Sabadell, BBVA y Bankia, han sacado ya réditos con su apuesta por esta estrategia comercial, que han podido sacar más de un 2% de media de rentabilidad en este entorno.

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