El fondo Elliott busca aliados en el con­sejo para forzar la ges­tión a cam­biar sus ob­je­tivos

Masaveu y Liberbank reclaman su sitio como accionistas de referencia de EdP

Oppidum Capital avanza el nombre del pró­ximo pre­si­dente de la junta de la eléc­trica lusa

Antonio Mexia, EDP
Antonio Mexia, presidente de EdP.

EdP, Energias de Portugal (la an­tigua Eletrecidade de Portugal) ha apro­bado un plan es­tra­té­gico para 2019/2022, que in­tro­duce cam­bios drás­ticos de prio­ri­dades y un nuevo plan de des­in­ver­siones que ten­drán un gran im­pacto en su ac­ti­vidad en España, donde es pro­pie­taria de la an­tigua Hidrocantábrico. Sin em­bargo, a la hora de dictar el fu­turo de EdP y de HC, bajo con­trol total luso desde 2004, la úl­tima pa­labra la ten­drán sus grandes ac­cio­nis­tas, como el as­tu­riano Masaveu y Liberbank, que a través de Oppidum Capital tienen una po­si­ción de 7,19%, solo su­pe­rada por el 23,27% de China Three Gorges (CTG).

De hecho, el mayor peso en la eléctrica portuguesa corresponde a la República Popular China, que controla 28,25% del capital, sumando la posición de CTG y el 4,98% adquirido por CNIC, que son ambas empresas estatales. Cabe recordar, que CTG anunció en mayo de 2018 una OPA de 13.000 millones, para hacerse con el control total de todo el grupo EdP, incluyendo por lo tanto EdP España y EdPr (la cuarta mundial de energías renovables), con sede en Madrid.

Pero aunque lleva casi un año sobre la mesa, la OPA china carece todavía de registro oficial en Bruselas y en los mercados de EdP, con la única excepción de Brasil, el país donde CTG y la eléctrica lusa tienen una fuerte presencia, y que ya dio su visto bueno a la oferta china. La gestión de EdP, que rechaza el precio de la OPA, afirma no obstante que el proceso sigue su curso normal, pero a un ritmo más lento de lo previsto inicialmente, y que explica por la gran complexidad administrativa, sembrada de obstáculos en Europa y en Norteamérica.

La gran incógnita que planea sobre el futuro de EdP pasa ahora por la llegada de un nuevo accionista, que tiene por regla crear la discordia en los consejos de los grandes grupos donde pone los ojos y los pies. Se trata del fondo norteamericano de Paul Elliott Singer, que siempre actúa como un elefante en una cristalería. El pasado mes de octubre se hizo con una participación del 2,29% (es el octavo mayor accionista de la eléctrica), con la que ya ha intentado sembrar la división en el consejo, con el objetivo de cambiar el modelo de gestión.

Y lo primero que ha hecho fue pronunciarse, alto y claro, en contra de la OPA de los chinos de CTG. Ya no solo por la cuestión del precio, sino también por considerar que bajo control total chino, la eléctrica lusa, que opera en 16 países de tres continentes, estaría condenada a una muerte lenta, tornándose más volátil y más vulnerable a la competencia y prácticamente sin posibilidades de autonomía y aun menos de crecimiento en los mercados donde CTG siempre pondrá por encima de todo la defensa de los intereses de la República Popular China.

Batalla contra la gestión

Lo cierto es que Elliott promete dar mucha guerra a Antonio Mexia, que lleva 13 años al frente de EdP, ya que su modo de actuar, extremadamente agresivo, no tiene punto de comparación con la pulcra discreción de otros accionistas de referencia. Es claramente el caso de Oppidum Capital, que pese a haber sido el primero accionista de referencia de EdP en pronunciarse públicamente en contra de la OPA, solo cuestionó el precio de la oferta, sin entrar por lo tanto en consideraciones estratégicas, y menos aun sobre el futuro EdP bajo el mando de CTG.

También llama la atención que fuera el consorcio de Masaveu y Liberbank quien avanzara hace días el nombre del gestor luso Palla da Silva, como candidato a la presidencia de la Junta de EdP. Una iniciativa que no hubiera tomado si no tuviera garantizado el apoyo de la mayoría del consejo, teniendo además en cuenta cual será la primera misión de Palla da Silva: dirigirá la reunión de la junta conocadada para abril, que votará la reforma estatutaria exigida por CTG, que condicionó su OPA a la supresión del límite del 25% fijado actualmente para los derechos de voto.

Salir del armario

Es como si Oppidum tuviera decidido salir del armario al que habían condenado los analistas, para ejercer la influencia a la que tiene derecho en EDP, donde aunque no pueda rivalizar con CTG supera de largo a otros accionistas de referencia como Black Rock (4,99%), Abu Dhabi (4,06%), BCP (2,43%), Sonatrach (2,38%), Elliott (2,29%), Qatar (2,27%) y Norges Bk (2,14%). Solo falta saber hasta qué punto el accionista asturiano estará dispuesto eventualmente a hacer de pararrayos, para proteger la gestión actual, frente a los dardos envenenados de Elliot.

El caso italiano

Nadie ignora hasta donde podrá llegar Paul Elliott Singer para alcanzar sus objetivos. En Telecom Italia, por ejemplo, con solo un 8,9% de acciones, hizo la guerra al mayor accionista, Vivendi, que pese a controlar el 23,94% del capital, no tuvo más remedio que batirse en retirada. El grupo galo dirigía la operadora a través un antiguo responsable de Telefónica Brasil, Amos Genish, el cual tuvo que ceder el lugar a un hombre de confianza de Elliiott, Luigi Gubiotiosi, que dirige ahora la operadora italiana con el apoyo de 48,5% del consejo.

Es que a Paul Elliott Singer nunca le tiembla el pulso, aunque sea contra un gran gurú de las inversiones como Warren Buffet, que sufrió un calvario para sacar adelante la adquisición de la eléctrica Oncor por 18.000 millones de dólares. Y lo mismo pasó en Pernod Ricard, donde con solo el 2,5% de acciones, puso en la picota la gestión del PDG Alejandre Ricard , que representa la 3ª generación de la familia al frente del grupo que comercializa marcas tan emblemáticas como los whiskys Jameson, Chivas y Ballantines u la vodka Absolut.

Elliott nunca da una batalla por pérdida, aunque dure 15 años. Eso fue lo que pasó en Argentina: para recuperar su inversión en deuda argentina, llegó a inmovilizar un buque de guerra y a embargar el avión presidencial de Cristina Kirchner, y al final acabó ingresando cuatro veces el valor de los bonos que tenía en cartera. Su agresividad también alcanza el futbol. Se hizo con el AC Milán, ejecutando el embargo de las acciones del entonces dueño chino de Ly Yonghong porque este señor no había podido devolverle un préstamo de 32 millones.

El precedente vale

Con EdP podrá pasar más de lo mismo. Es que aunque comparta con la gestión del grupo y los restantes accionistas de referencia el rechazo de la OPA china ( pero poniendo menos énfasis en la cuestión del precio que en la amenaza que representaría CTG para el futuro del grupo), Elliot se desmarca de algunas de las principales apuestas de Mexia: firma el objetivo de dar luz a una eléctrica que en 4 años será 70% verde” y prevé alcanzar el 90% en 2030, pero sospecha que la gestión de Mexia penalizará al grupo al estar muy pendiente de los intereses de CTG.

Así, EdP dará la máxima prioridad a la producción de energía eólica y solar, que absorberá el 75% de los 12.000 millones de inversión previstos hasta 2022, de los cuales destinará un 40% en Norteamérica (el mercado donde la eléctrica lusa ya obtiene un 40% de sus resultados), frente al 35% en toda Europa (incluyendo la Península), y el restantes 25% en Brasil, que es un mercado clave para CTG. Elliott critica que EdP siga apostando por Brasil, donde opera desde 1996 sin haber alcanzado aun la dimensión necesaria para competir con los cuatro líderes del sector.

La junta, ay la junta

Por lo tanto, la tesis con la que Elliot quiere convencer a los accionistas y desestabilizar el consejo de la eléctrica para cambiar la gestión de Mexia, es que lo que tiene que hacer el grupo es desprenderse de su participación. Con ello, EdP ingresaría unos 2.300 millones, muy necesarios para desarrollar el negocio de la renovables en los mercados más rentables (empezando por el norteamericano que aporta 40% de los resultados del grupo), y también para rebajar la deuda actual de 14.000 millones (cuatro veces el Ebitda) y cuyos altos costes penaliza la estrategia de inversión y también la remuneración de los accionistas.

Más salidas

De hecho, la gestión de EdP pondera otras salidas mas allá del interés de CTG: aunque la única luz verde que recibió fue el de las autoridades brasileñas, si la estatal china tuviera al final que renunciar a su OPA, que carece todavía de registro oficial y por lo tanto sigue en el limbo. Pero Antonio Mexia no descarta negociar con CTG la fusión de los respectivos activos brasileños. Una salida claramente favorable al accionista chino, cuyos activos brasileños pesan el doble del los de la eléctrica lusa, con que la estatal china controlaría la futura eventual “joint venture” brasileña.

El mercado español, fuera de contexto

En lo que Elliot coincide con la gestión de EdP es en la parte del plan estratégico relacionada con la operación en la Península, que quedará excluida en el plan de inversiones y donde la eléctrica lusa prevé recaudar unos 1.700 millones, para invertir en nuevas operación eólicas y solares, que es donde la eléctrica lusa quiere alcanzar una dimensión de “líder mundial. Para ello planea vender algún embalse, y sobre todo centrales térmicas como las asturianas de Soto de Rivera (ciclo combinado) y de Aboño, que utiliza combustibles como fuel-oil y gasoil.

La suma total de las desinversiones previstas alcanzara los 6.000 millones de euros, o sea unos 1.600 millones menos que las que propone el fondo activista de Paul Elliot Singer, insistiendo en que el futuro de la eléctrica pasa también por alejarse lo más posible de la actividad de venta de electricidad a precio de mercado. De hecho, Mexia no descarta vender 49% de la red de distribución ibérica, o sea el tipo de activos muy a gusto de los inversores institucionales que buscan infraestructuras en mercados regulados y con flujos de caja de larga duración.

En todo o caso, al revés de lo que están haciendo Iberdrola y Endesa, con sus ambiciosos planes de inversión en el sector, lo que hará la “nueva EdP” en la Península, será desprenderse también de participaciones mayoritarias en las operaciones eólicas y solares ya operacionales u aun en desarrollo, por la venta de los cuales prevé ingresar unos 4.000 millones de euros. Pero pone una condición: con participaciones minoritarias, deberá poder seguir ejerciendo las lucrativas actividades de manutención de dichos parques eólicos y solares.

Para justificar su nueva estrategia en el sector, EdP invoca el clima de “incertidumbre”, tanto política como reglamentaria que condiciona negativamente la inversión eólica y solar en la Península, en relación con los presuntos sobrecostes eléctricos generados tanto para las arcas públicas como para los consumidores: en 2018, el resultado de EdP no superó los 519 millones, un 53% menos que en 2017, al tener que provisionar 285 millones reclamados por el Estado. Pero según Mexia, el arbitraje internacional, al que también han recorrido los accionistas de referencia como Oppidum, será seguramente favorable a EdP.

La gestión de EdP, que asegura que tiene todo atado para que los próximos años el grupo vuelva a situar sus resultados cerca del nivel anual alcanzado la última década, situado en torno a los 1.000 millones; pese a los 12.000 millones destinados a inversiones, asegura que la media anual del dividendo se situará en torno a los 750 millones (entre un 75% y un 85% de los beneficios); y que la deuda bajará a los 11.500 millones (tres veces el Ebitda).

En fin, Antonio Mexia hará todo lo sea necesario para tener a los accionistas felices, para que Paul Elliot Singer fracase en el intento de seducirlos y sembrar la división en el consejo para cambiar la estrategia de la “nueva EdP”. Para ello, podrá contar con el apoyo, no solo de CTG (al que además no falta la complicidad activa del gobierno socialista que abrió de par en par las puertas del país a la inversión de la República Popular China), sino igualmente el del segundo mayor accionista, Oppidum Capital, al que no parece preocupar mucho la ola de desinversiones que la eléctrica lusa tiene previsto en Asturias de activos heredados de HC.

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