ANÁLISIS

Sánchez y Funcas, aventura frente a estancamiento

Las elec­ciones ge­ne­rales se pro­ducen en un clima de me­nores ex­pec­ta­tivas

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Elecciones a la vuelta de la es­quina. Alarmas desde los can­di­datos de la de­re­cha. ¿Malas o buenas no­ti­cias por esa en­cen­dida re­tó­rica para el can­di­dato y to­davía pre­si­dente del Gobierno? Pedro Sánchez man­tiene un tono mo­de­rado. No traza lí­neas in­fran­quea­bles y da al­gunas pistas sobre su po­lí­tica eco­nó­mica.

Críticas más reposadas desde el propio Banco de España sobre la subida del salario mínimo y los gastos públicos acordados cada viernes semanal. Un horizonte arriesgado máxime ante las perspectivas de una desaceleración en la economía de nuestros principales clientes. Incertidumbres sobre la evolución de los precios del petróleo (Venezuela, Irán). En suma, los saludables saldos positivos de la balanza de pagos en el alero.

El director de Conyuntura en Funcas, Raymond Torres, escribía en 'El País': “En 2019 se espera un incremento de los precios de producción como de las remuneraciones por asalariado del 1,7%, frente a un IPC del 1.4%. Es decir, un ligero incremento del poder adquisitivo y a la vez más excedentes empresariales”. O sea que aumentará la demanda doméstica y los productores saldrán beneficiados.

¿Qué le pasa a déficit? Hasta el mes de noviembre de 2018 el déficit de las AAPP registró un descenso interanual del 29%. Mejoría en las cuentas de la Administración Central mientras las AAPP obtenían un superávit de 1,300 millones de euros y la Seguridad Social mejoraba sus cuentas gracias a un incremento de los ingresos por cotizaciones superior al incremento de los gastos por prestaciones. En suma un déficit hasta el pasado noviembre de 18.000 millones de euros muy alejados de los 42,5 mil millones de euros de 2017. Muy mal tendrá que venir diciembre.

Equilibrio macroeconómico: Martin Wolf se pregunta en el Financial Times: “Why further financial crises are inevitable”. Argumentación: “La regulación es procíclica, se afloja cuando debía apretarse y se endurece cuando debía aflojarse”. Una vez y otra la regulación se ha relajado durante la expansión por una poderosa razón política: los intereses particulares prevalecen. Luego llega el acto de contrición y la furia de los contribuyentes. Unos pocos se han salvado y muchos nos hemos quedado sin empleo.

La actuación de los bancos centrales después de 2007-2008 resultó anticíciclica y evitó que la recesión se convirtiese en depresión. Lo que no han conseguido los bancos centrales es que suban los precios y aumente la inversión. L. Summers y otros destacados economistas vocean y argumentan el porqué del “estancamiento secular”.

Los bancos centrales no han conseguido subir la inflación sencillamente porque operan sobre una economía con una demanda estructural débil. Los bancos centrales estimulan el crédito y la deuda pero sin conseguir rebotar la inflación. La deflación continúa y los tipos de interés son negativos.

Muchos economistas reconocen que la política monetaria precisa de otros instrumentos para enderezar ésta débil demanda estructural: “That makes fiscal policy a far safer bet”. Lo que necesita el mundo, Alemania incluida, es un gran esfuerzo inversor aunque solo sea para el desarrollo de nuevas formas de energía. Una respuesta y una cita para el sector público y privado.

Una última alarma, el sector exterior. Según las previsiones de Funcas reducen su intensidad. Un superávit de nuestras cuentas con el resto del mundo del 0.7% este año y del 0.6% en 2020. Un baluarte todavía defendible de cara a los mercados financieros y al mismo tiempo un recordatorio para reclamar una mayor aportación de la demanda interna que garantice un incremento del 2.4% del PIB y un avance del empleo.

Afortunadamente por ahora las apuestas del gobierno ni son temerarias ni tampoco carecen de un respaldo económico.

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