ANÁLISIS

García Castellón, un juez dos veces amedrentado

El juez que ins­truye el caso Villarejo, in­clu­yendo la pieza BBVA, ya re­cibió un "aviso" en el caso Conde/Banesto

Carlos Torres
Carlos Torres

En medio del ejer­cicio de ci­nismo re­tor­cido que ha for­zado la di­mi­sión en di­fe­rido de Francisco González de sus cargos ho­no­rí­ficos en el BBVA, ha pa­sado des­aper­ci­bida una no­ticia pu­bli­cada este jueves por 'El Mundo' sobre la sos­pe­chosa en­trada en el do­mi­cilio del ma­gis­trado de la Audiencia Nacional, García Castellón, de un in­truso des­co­no­cido, lo que ha for­zado a la Policía a dis­poner de una es­colta per­ma­nente para el juez que ins­truye el caso Villarejo, in­clu­yendo la pieza se­pa­rada del es­pio­naje en­car­gado por el BBVA al ex co­mi­sario más con­de­co­rado de nuestra ya ma­dura de­mo­cra­cia.

La sospecha de la Policía es de lógica pura. García Castellón es el magistrado que instruye, juzgará y probablemente tendrá que sentenciar uno de los casos de corrupción empresarial más significativos -el de Villajero y el espionaje encargado por el BBVA de Francisco González- desde la condena a casi 20 años de cárcel de Mario Conde por varios delitos de apropiación indebida y corrupción empresarial.

Pero lo que la Policía seguramente no recuerda hoy, aparte de esta casual circunstancia, es que García Castellón ya fue "intimidado" hace 20 años cuando estaba encargado del caso Conde/Banesto. Su coche, un Audi oficial, fue llevado al taller en más de una ocasión por la pérdida de eficacia de su dirección asistida. El que firma este articulo publicó entonces en el desaparecido Diario 16 que el informe técnico del fabricante del automóvil fue meridianamente claro. El Audi había sido manipulado en su sistema de servodirección, mediante el corte burdo de un manguito con la intención de provocar un accidente, más bien con la duda razonable para el juez de que era vulnerable.

Todo esto ocurre en la víspera del envío de una carta de Francisco González al actual presidente del BBVA, Carlos Torres, como aperitivo de la que podía haber sido una de las juntas generales más patéticas del banco con sede en Bilbao.

Les sugiero que se lean con detenimiento la carta del ya dimisionario en diferido presidente de honor del BBVA.

Lo que implica en su misiva el presidente del BBVA durante 22 años es alucinante. Viene a decir que ni encargó el espionaje ni se enteró del mismo, pese a la trascendencia del objetivo del cometido para el futuro personal suyo y del banco, que no era otro desactivar una operación de supuesto asalto hostil al capital de la entidad por un supuesto grupo "hostil", la alianza de la constructora Sacyr y varios de los accionistas más importantes del namco, por supuesto más que el presidente FG, no solo por el número de acciones en propiedad que tenían sino porque tenían más derechos históricos y económicos que el protegido de José María Aznar o ,como dicen en Bilbao,. más solera.

Es el caso de los patos disparando las escopetas. No lo duden. FG pasaba por allí y el banco malgastó más de 60 millones de euros (solo en dos años, 2004 y 2005, fueron un mínimo de seis) en el trabajo de desactivar una operación que fue todo un éxito y sobre cuyo encargo un equipo de 150 personas de tres consultoras de renombre del mundo mundial no han podido encontrar ni rastro en nueve meses de investigación intensiva.

Pero la misiva de FG es alarmante por otro motivo judicial, más bien procesal. Si no fue él, ¿quién fue el autor de tamaña tropelía, cuya existencia admite en el carta pero que él niega haber participado?

¿Fue una estafa al banco? ¿Fue un engaño de ex policías corruptos que se aprovecharon de su buena fe, sacrificio y total entrega al banco que presidía?

Pero hay más preguntas: ¿Quién ha hecho desaparecer las pruebas? ¿A quien se pagó y quien dio orden de abonar 64 millones y pico de euros? ¿Tenía capacidad el jefe de seguridad del banco para realizar esos encargos y realizar los pagos sin supervisión alguna?

Seguridad, control de gasto, Comunicación y Relaciones Externas, imposible un abono de 68 millones por parte de una entidad donde se birlaban las horas extras a los empleados mientras se abonaban sueldos de varias decenas de millones de euros a sus cargos ipuestos por voluntad polítca.

¿Están todos implicados? ¿Pues quién si no? ¿O fue obra del desaparecido ex CEO de Argentaria que confesó a varias personas en un encuentro que la cosa venía de lejos...?

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