El presidente del BBVA desde el pasado mes de enero se juega mucho más que dicho cargo ante los accionistas del segundo grupo bancario español. El prestigio y la reputación, concepto que tanto preocupa desde hace tiempo entre todo el sector financiero, peligran ante el encuentro que mantiene este viernes un Carlos Torres que no ha logrado, pese a toda la legión de investigadores internos y externos, encontrar las pruebas suficientes sobre el caso de espionaje encargado por su sucesor.
Francisco González (FG) ni estará ni se le espera por el Palacio de Euskalduna de Bilbao, a pesar de que uno de los puntos oficiales del orden del día es la aprobación de las cuentas del último ejercicio en el que ha estado como presidente ejecutivo. Mucho más tras su renuncia “temporalmente” a los cargos que aún lo vinculaban con el grupo, tanto como presidente de honor (en entredicho) como a la Fundación de la entidad.
Torres Vila, el consejero delegado fiel a su amo y designado como su sucesor tras casi dos décadas al frente del BBVA, tendrá que renovar en su calidad de consejero, algo que se puede dar por hecho con todas las delegaciones de voto de pequeños accionistas y clientes de la entidad a cambio de una radio con ventosa para su uso en el baño. Algunos de los beneficiados con ese preciado obsequio aseguran ahora que es “una auténtica birria”.
Más allá de la fidelidad o indiferencia hacia la junta anual de Bilbao, algunos grupos están dispuestos a plantar cara ante la actual cúpula del segundo grupo bancario español por la oscura trama de espionajes supuestamente encargados por el entonces presidente ejecutivo de la entidad al polémico excomisario José Manuel Villarejo.
Tras casi diez meses de investigaciones, más acentuadas desde primeros de 2019, los máximos responsables del BBVA siguen sin encontrar pruebas suficientes para adoptar las medidas disciplinarias necesarias respecto a su actual presidente de honor, antes de que decidiera el propio FG renunciar de manera temporal a dicha consideración hasta que concluyan las indagaciones en curso. Lo más curioso es que la decisión de FG se ha producido justo en vísperas de una junta de accionistas que estará dominada por las preguntas de muchos inversores sobre los supuestos encargos de espionaje al excomisario Villarejo. Eso sí, el de Chantada se aparta por el momento de sus cargos con toda una andanada contra los mensajeros. “Hemos sufrido una larga y conytinua agresión mediática derivada de las investigaciones policial y judicial, sobre un caso de gran repercusión periodística en torno a un excomisario de policía y su trabajo al frente de una empresa de investigación contratada en su día por el banco”, admite Francisco González en un carta remitida al actual presidente Carlos Torres y que han desvelado agencias como Europa Press y Reuters. Al final, y sin necesidad de tantas investigación, el propio FG reconoce de manera abierta los encargos realizados a la empresa de José Manuel Villarejo. Desde luego, su contratación no era para un cumpleaños con payasos y globos. O tal vez sí, si Francisco González considera a periodistas, accionistas y clientes bajo la condición denigrante que se otorga a la denominación de payaso.
Frente judicial
Más allá de las críticas a Carlos Torres por parte de los accionistas, el caso FG-Villarejo ya cuenta con más demandas judiciales tras el paso dado por el expresidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Carlos Arenillas, que figura entre las personalidades que fueron expiadas en su momento por la supuestas orden de FG.
Desde luego, poco se va a esclarecer sobre esa compleja trama para librarse del asalto de Sacyr a la presidencia del BBVA. Eso sí, la condición de provisional o toda la legitimación para ser presidente del BBVA sí que pueden despejarse para un Carlos Torres que podría convertirse en uno de los presidentes más efímeros de la banca española, casi a la par de un Emilio Saracho tras su controvertido paso por el Banco Popular.