ANÁLISIS

Ya nadie habla de la evasión fiscal en ningún foro

Aviones pri­va­dos, pro­clamas para salvar el pla­neta, de­mo­cra­cia, jus­ti­cia... ¿Y la eva­sión fis­cal?

Luxemburgo contra una armonización fiscal en la Unión Europea
Luxemburgo contrala armonización fiscal.

Entre las pocas sor­presas re­gis­tradas en Davos está la de ese joven his­to­riador Rutger Bregman que se di­rigía al au­di­torio con estas im­per­ti­nentes ob­ser­va­cio­nes: “esta es mi pri­mera vez en Davos y me des­con­cierta que 1.500 aviones pri­vados hayan vo­lado hasta aquí para es­cu­char cómo nos es­tamos car­gando el pla­neta, dis­cutir sobre jus­ti­cia, igualdad y trans­pa­ren­cia, pero casi nadie men­ciona el pro­blema de la eva­sión fis­cal".

Y añadía: "Los ricos no están pagando lo que les corresponde. Es como si en una conferencia de bomberos nadie hablase del agua. Dejad de hablar de filantropía y empezar a hablar de impuestos… tipos impositivos del 91% como los establecidos por el presidente republicano Eisenhower en los años 50. Así que hablemos de impuestos porque todo lo demás no son más que cagadas (bullshits)”.

En Social Europe, esa publicación de internet cada vez más extendida, el economista Simon Wren Lewis incluye dos gráficos sobre la evolución de la imposición en EEUU hasta nuestros días. En el primero se observa como el tipo marginal de IRPF ha descendido a partir de 1970 desde el 62% al 38%; el Impuesto de Sociedades bajaba del 48% al 28% y el de Sucesiones del 38% al 18%.

El segundo gráfico contiene la evolución del impuesto sobre la renta desde principios del siglo pasado, subidas y bajadas durante los años 20 y 30 y un despegue vertical después de la Segunda Guerra Mundial, ese 91% de Eisenhower. Desde la llegada de Reagan el tipo máximo baja al 40% y ahí se han mantenido, más o menos, hasta los recientes recortes del presidente Trump.

A partir de la era neoliberal - Thatcher y Reagan - se ha defendido por una pléyade de economistas de prestigios cómo la reducción de los tipos máximos activaría el dinamismo empresarial. En efecto, los emprendedores tomarían más riesgos con el consiguiente beneficio para la colectividad. Las evidencias empíricas de esta afirmación son más bien débiles. El recorte impositivo de Trump para las altas rentas se ha traducido en la recompra de títulos de las compañías o en atesoramiento pero muy poco en nuevas inversiones.

Los altos tipos de los años 50 coincidieron con un gran salto de la economía estadounidense. No desaparecieron las iniciativas de los emprendedores. Los economistas neoliberales, por otro lado, han olvidado los argumentos de los marginalistas que otorgaban una mayor utilidad al último dólar ingresado por los menos favorecidos. Los pobres lo gastan y los ricos lo atesoran; la demanda nacional crece en un caso y se estanca en el otro.

Piketty junto a otros economistas argumentan que incentivar los ingresos de los directivos mediante una rebaja fiscal les estimula más a defender sus propias remuneraciones que a promover el desarrollo de la empresa. Diariamente aparecen casos escandalosos en la prensa como el del presidente del BBVA.

Remuneraciones extravagantes coinciden con una depreciación en la valoración de la sociedad que presiden. Un bajo tipo marginal para los directivos lo que provoca es más una extracción de rentas, caso de los monopolios, que un beneficio social. Los altos salarios en las finanzas se asocian también a las llamadas externalidades negativas. Atraen a los más brillantes hacia actividades socialmente menos productivas como la investigación o la innovación tecnológica. Estadounidenses y europeos frente a los asiáticos.

Otra línea defensiva de los neoliberales es la emigración. Los mejor dotados, fuga de talentos, emigran hacia países fiscalmente acogedores. Ahora bien, en los países del norte de Europa con tipos impositivos muy elevados no hay esa huida de cerebros ni tampoco parece registrarse en el Silicon Valley californiano. Las sociedades más igualitarias, curiosamente tienden además de a un mayor bienestar, un incentivo continuado para la creación. Por el contrario la desigualdad genera plutocracia y una influencia excesiva en los gobernantes. Corrupción correlativa a desigualdad.

Recientemente han surgido entre los más ricos una llamada a la igualdad y a una cultura corporativa que tenga en cuenta los intereses de todos los componentes de la empresa. Como se relata en el libro “The Seven Lives of Mr. Keynes” cuando volvió de un viaje a la Unión Soviética de donde era originaria su esposa; Keynes se dirigiría a la plutocracia de su país advirtiéndoles de que las máximas desigualdades pueden ser causa de un estallido social como lo ocurrido en la Rusia de los Zares.

El actual populismo no deja de ser una reacción emocional ante el neoliberalismo pero apenas dedica una atención continuada a la evasión fiscal. Las tres derechas españolas andan, junto a soberbios predicadores, más alarmados por esa figura del Relator que por los abundante casos de fraude o de abusos de personas físicas o empresas.

Artículos relacionados