El abono al ven­ci­mientos de al­gunos bonos están en tela de juicio por los ex­pertos

DIA, Aldesa u OHL compran papeletas para el impago de su deuda

S&P o CreditSights alertan del riesgo de de­fault que tienen al­gunas em­presas es­pañolas

OHL
OHL

La mon­taña rusa que viven al­gunas com­pañías es­pañolas pa­rece que, lejos de pa­rar, está cada vez más ace­le­rada. El fu­turo, en al­gunos ca­sos, sigue in­cierto por la de­riva que ha to­mado su ne­go­cio. Es el caso de DIA, en el foco de la ac­tua­lidad tras la OPA de Latterone, pero tam­bien el de Aldesa u OHL. Las tres, según S&P y CreditSights, po­drían tener di­fi­cul­tades de pagar a sus te­ne­dores de bonos en el caso de no ajusten sus pla­nes.

El riesgo de default se ha disparado en el Viejo Continente. Así lo manifiesta un último informe S&P, en el que analiza que la tasa de impago de las empresas europeas con una calificación crediticia baja aumentará al 2,6% en 2019 en comparación con el 1,9% del cierre de 2018.

Todo ello pese a que, como destaca, “las condiciones de financiación bancaria siguen siendo favorables, la reciente aversión al riesgo en los mercados de capitales ha provocado un significativo ensanchamiento de los diferenciales de crédito corporativo y esa métrica ha estado ligada históricamente con un posterior incremento de las tasas de incumplimiento”. Pero las dificultades siguen ahí.

Llevado al terreno empresarial, la realidad es que ha empresas que tienen más probabilidades de impagar su deuda que otras, como es el caso del tridente citado anteriormente. Y es que sus ratings se sitúan en el mejor de los casos con calificaciones de B-, lo cual describe la poca estabilidad que tienen dentro de su pasivo.

Así las cosas, ante este esquema, el presente ejercicio se presume bastante importante para que cada una de estas empresas logre salir a flote, al igual para que los bonistas consigan la rentabilidad esperada a través de estos vehículos financieros.

Problemas crecientes

Recientemente conocíamos la propuesta de OPA de Latterone sobre DIA y eso disparó sus títulos en los mercados. Sin embargo, en términos financieros aún tiene mucho por hacer. Sobre todo con su deuda. La cadena de supermercados es titular de tres bonos cuyo sumatorio asciende hasta 900 millones de euros. Uno de ellos, de 305,7 millones de euros, tiene el vencimiento en julio, por lo que debe ser refinanciado.

En el caso de que la ampliación de capital se ponga en marcha el panorama se tranquilizará ligeramente. Por el contrario, si la incertidumbre se dilata en el tiempo, la confusión y el miedo incrementarán hasta cotas insospechadas. A este respecto la firma de análisis CreditSights en un último informe detalla que “hacer frente a los vencimientos a corto plazo será un reto” para el grupo.

Más difícil será para OHL. La constructora sigue acumulando un sinfín de obstáculos como son su dificultad para conseguir un modelo rentable, la disminución de su liquidez o el elevado consumo de su caja. Según la firma tiene una “completa falta de claridad para sus bonos que vencen en 2022 y 2023”.

En resumidas cuentas señala que la empresa posee un riesgo “moderado de impago” para el presente ejercicio. Pese a que la venta de su filial de concesiones ha supuesto un soplo de aire fresco para sus cuentas estos expertos dicen tener “poca fe” en el rendimiento que pueda tener OHL”. También la estrategia a desarrollar.

En último lugar, otra constructora domiciliada en España como es Aldesa, estaría dentro de las que aglutinan más opciones de hacer un default de sus bonos en el corto plazo. Tal y como describen estos analistas, no dispone de la suficiente liquidez como para que esté tranquila. De ahí a que tenga necesidades para refinanciar su línea de crédito que concluye en 2020 y un bono de 250 millones de euros que vence dentro de dos años.

Credisight destaca que si el sentimiento hacia la construcción no mejora durante este ejercicio, la refinanciación de la línea de crédito “puede ser problemática”, lo que a su vez amenazará cualquier “refinanciación del bono”.

La constructora ya tuvo intención en 2018 de emitir 300 millones de euros que estaban destinados a refinanciar el bono que vence en 2021, pero tuvo que dar marcha atrás por el elevado precio que se presumía iba a tener. La incertidumbre del mercado pesó sobre sus intenciones.

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