ANÁLISIS

Taxis y telecos, casos de libre competencia para la Comisión Europea

Los con­flictos por la li­be­ra­li­za­ción de las re­glas de juego afecta a mu­chos sec­tores

Integración europea
Integración europea

El con­flicto Taxis-VTC, como el de la re­gu­la­ción de las co­mu­ni­ca­cio­nes, son claros ejem­plos para la re­gu­la­ción de la com­pe­ten­cia, leal o des­leal. Un ca­pí­tulo que, por un lado, es ma­teria de la Comisión Europea y, por otro, prin­cipio de sub­si­dia­rie­dad, co­rres­ponde a los Estados miem­bros: nivel es­ta­tal, au­to­nó­mico (landers ale­manes o de­par­ta­mentos fran­ce­ses) o mu­ni­cipal (Barcelona, París, Roma o Madrid).

Las autoridades competentes, la Generalitat, sin oposición del Ayuntamiento, ha marcado unas reglas en la ciudad de Barcelona que hacen difícil, si no imposible, la rentabilidad de las VTC. Consecuencias: primero, una apuesta electoralista aislacionista a favor de los más próximos; segundo, un ERE con financiación estatal para los trabajadores que se queden en paro.

En Madrid, sus autoridades autonómicas mantienen la situación actual entre VTC y taxis, pese a la huelga de éste colectivo y a la presunta responsabilidad en la distribución del número de licencias otorgadas a las VTC. Una postura centrista-radical conectada con los mensajes electoralistas de PP y Ciudadanos.

En Europa. la defensa de la competencia es tarea exclusiva de la Comisión, según establecen los Tratados, a cuya cabeza cuenta con un paladín poderoso -la Comisaria Margrethe Vestager-, que pese a las fortísimas presiones de Alemania y Francia se opone a la fusión entre Siemens y Alstom. Un “campeón europeo” capaz de competir con la China CRRC, el primer fabricante mundial de trenes.

Vestager exige que los fabricantes europeos se desprendan de una serie de activos para evitar la constitución de un poderosísimo monopolio; argumenta, además, que las actuales barreras comunitarias hacen imposible la venta de ferrocarriles chinos en la Unión Europea. Luego queda lo que cada Estado miembro decida. ¿Hasta dónde es creíble ese rumor de que la Empresa Nacional de Ferrocarriles de Francia tendría luz verde para utilizar la infraestructuras ferroviarias españolas y competir con RENFE?.

Para rumores, los de RENFE, pero con compromisos ya firmados, en febrero 2016, entre el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), dependiente del Ministerio de Economía y con sede en León, con la gigantesca empresa de telecomunicaciones china Huawei. Un jugador demasiado grande en el nuevo mundo del 5G según afirma la dirección de la Competencia de Bruselas.

Huawei, en las portadas de toda la prensa por la detención en Canadá, a requerimiento de las autoridades estadounidenses, de Meng Wanzhou, directora financiera e hija del fundador de la empresa, un ingeniero, en su juventud soldado de Mao Zendong, destinado en una ciudad del noroeste chino para la puesta a punto de una fábrica de confección francesa. El joven ingeniero chino descubriría las excelencias tecnológicas y organizativas occidentales.

El futuro 5G es el más temido de los nuevos sistemas de telecomunicación: la llegada del “internet de las cosas”, desde los coches o líneas de producción autónomas, hasta el ordeño lejano de una explotación vacuna. El sistema 5G, por otro lado, es la tecnología esperada para mejorar la rentabilidad de las empresas telefónicas.

La valoración bursátil de la europeas, entre 2012 y 2018, ha caído desde 234 mil millones de dólares a 133 mil millones de dólares. Un período durante el cual el valor de las telefónicas estadounidenses crecía un 70% hasta 532 mil millones de dólares y el de las asiáticas avanzaba un 13% hasta 561 mil millones de dólares.

La revolución tecnológica está en marcha y no va a esperar a las compañías europeas. La quinta generación de redes de telefonía móvil está llegando. Recordemos que la 2G fue la época dorada de la finlandesa Nokia. La 3G extendió el acceso de internet a la telefonía y la 4G permitió ya a los teléfonos inteligentes realizar las funciones de los ordenadores.

El paso a la quinta generación se aproxima con una Europa en la que operan 450 compañías de telecomunicación y 105 redes, mientras que en China el número de redes (plataformas) es de tres y de cuatro en EEUU. La Comisión Europea se resiste, desde la Comisaría de la danesa Vestager, a facilitar fusiones inter-europeas y a la vez está bloqueando los acuerdos, en el Reino Unido y Dinamarca, entre las empresas europeas y Huawei.

El presidente de la compañía china, Ren Zhengfei, afirmaba en Davos el carácter privado de su empresa, al abrigo de cualquier ingerencia de sus autoridades. Sin embargo, el viejo ingeniero del Ejército Chino de Liberación, sabe muy bien que si los servicios de inteligencia de Xi Jimping llaman a sus puertas le va a resultar imposible mantenerlas cerradas. Una ley china de 2017 permite a sus autoridades no sólo espiar a sus ciudadanos, sino que además impulsa una red de cooperación global entre la operadoras de telefonía.

En los últimos meses, EEUU, Australia y Nueva Zelanda han prohibido a Huawei el suministro de materiales para establecer redes de telecomunicación en sus territorios. RU sí ha permitido el suministro de postes y antenas de telecomunicación pero no de los equipos básicos para su funcionamiento.

La UE no baja la guardia mientras que en España existen esos rumores sobre RENFE y la estatal francesa y el INCIBE hace sus escarceos con Huawei. ¿No es quizá el momento para una política industrial y de servicios a nivel del Estado, así como la reaparición efectiva de la Comisión Nacional de la Competencia?

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