El con­senso de ana­listas le con­fiere un po­ten­cial al­cista del orden del 20%

Indra pone las urnas a los especuladores y les tienta de cara a resultados

El pa­sado fue su peor ejer­cicio de la his­toria y ahora los ex­pertos es­peran que me­jore

Fernando Abril-Martorell, presidente de Indra
Fernando Abril-Martorell, presidente de Indra

La co­rrec­ción del sector tec­no­ló­gico y la menor con­tra­ta­ción de IT fueron dos de los prin­ci­pales fac­tores que lle­varon a Indra a ce­rrar 2018 como uno de sus peores ejer­ci­cios en Bolsa en más de 30 años de ne­go­cia­ción. Sus cuentas se vieron pe­na­li­zadas por los tipos de cambio en Latinoamérica y Oriente Próximo, los costes de re­es­truc­tu­ra­ción de Tecnocom, y las fuertes san­ciones de 13,5 mi­llones im­puesta por la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia (CNMC).

Una delicada situación para la empresa que preside Fernando Abril Martorell y que además estuvo acompañada por los desplomes generalizados en los mercados financieros.

Un explosivo cóctel que hizo perder a la tecnológica cerca de un tercio de su valor el año pasado. Ahora, tras tocar suelo sobre el nivel de 8,4 euros por acción, los expertos que siguen las evoluciones de la compañía esperan una intensa recuperación para este ejercicio.

Para ello en las cuentas previstas para el próximo 4 de marzo deberían mantenerse los objetivos de Ebitda fijados en sus objetivos y confirmar la progresión de los márgenes. Algo que no parece descabellado. Para este año además se esperan unas mayores sinergias operativas, un mayor negocio por elecciones y una mejora de los tipos de cambio en los países emergentes donde opera, lo cual debería servir de viento de cola para la recuperación.

Argumentos que refuerzan su atractivo y más con los bajos múltiplos del valor tras las recientes correcciones. El consenso de analistas le confiere un potencial alcista del orden del 20% para este año. De momento, ya acumula una revalorización del 10% que parece estar invirtiendo la negativa tendencia del año pasado.

La intensidad del rebote, sin embargo, estará a expensas de la estabilización de las cotizaciones en el sector tecnológico y en la mejora de al menos dos dígitos de las contrataciones, excluyendo la actividad electoral.

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