DESDE EL PARQUET

Error de diversificar demasiado

La ne­ce­sidad de contar con una car­tera bien di­ver­si­fi­cada es uno de los man­tras más ex­ten­didos en los pa­tios de ope­ra­cio­nes. Siempre se ha dicho que poner todos los huevos en la misma cesta su­pone elevar los riesgos de forma ex­po­nen­cial. Por el con­tra­rio, pocas veces se habla de los riesgos de estar ex­ce­si­va­mente di­ver­si­fi­cado.

Pasarse de prudente también tiene desventajas. Construir una cartera demasiado atomizada obliga a asignar bajos porcentajes a cada activo y eso implica también retornos de inversión muy bajos. Para muestra basta un botón. Si se invierten un 5% de la cartera en un activo con alto rendimiento, pongamos un 50% de subida, la aportación final a la cartera apenas habrá sido del 10%.

La combinación de diferentes instrumentos financieros también puede poner en riesgo una correcta diversificación. Si se conforma una cartera con acciones y deuda pública y se añaden también fondos de inversión, existe una alta probabilidad de estar duplicando algunos de los activos, aumentando la concentración y, por tanto, el riesgo total del portfolio.

Conviene, por tanto, analizar bien los instrumentos de inversión colectiva para evitar duplicidades y no asumir una exposición innecesaria e indeseada que pudiera comprometer la estrategia y la rentabilidad de la cartera.

La dificultad para hacer un seguimiento exhaustivo y correcto a una cartera ampliamente diversificada es otro de los factores que conviene tener en cuenta. Aunque las herramientas actuales facilitan el trabajo, la abundancia de valores puede hacer que se pasen por alto noticias relevantes para los activos o que se les preste atención demasiado tarde, perdiendo oportunidades de compraventa que pongan en peligro o minimicen la rentabilidad del portfolio.

Otro de los grandes problemas de una alta diversificación es el mayor coste de corretaje, custodia y mantenimiento. Sobre todo, con inversiones fuera de España. Un factor que muchos operadores suelen desatender, pero que a la larga puede influir notablemente en el rendimiento final. Cincuenta operaciones al año pueden generar gastos por un importe entre los 800 y los 1.000 euros, amén de las comisiones por mantenimiento. A veces, por tanto, pasarse de prudentes puede ser contraproducente.

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