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El se­guro cree que desde su for­ma­ción ha dado poca voz a la so­ciedad civil

Pacto de Toledo: más tiempo para reflexionar

Inverco re­clama para las pen­siones más ven­tajas fis­cales como las de las rentas vi­ta­li­cias

Pilar González de Frutos
Pilar González de Frutos

“Creo per­cibir que, hoy en día, está cada vez más de moda ati­zarle al Pacto de Toledo pero, la ver­dad, llá­menme terca, yo sigo va­lo­rán­dolo po­si­ti­va­men­te”. Esto lo decía a fi­nales del año pa­sado Pilar González de Frutos, pre­si­denta de Unespa, en una jor­nada que lle­vaba por tí­tulo ‘¿Qué ha pa­sado con las pen­siones en estos 30 años? ¿Hemos per­dido el tiempo? ¿Dónde está el Pacto de Toledo?’. Apenas tres meses más tarde, efec­ti­va­mente se cons­tata que al Pacto de Toledo le han ati­zado de lo lindo, tanto que se ha roto.

El 19 de febrero, después de 3 años de negociaciones y ya rondando el acuerdo, todo saltó por los aires. La dinamita fue la convocatoria de elecciones generales para el 28 de abril y la decisión de Podemos de presentar votos particulares a un texto que ya parecía consensuado. Habrá que esperar a la próxima legislatura para volver a intentarlo. Mientras tanto quizá se pueda aprovechar para reflexionar sobre algunas de las críticas que se le ha hecho al Pacto de Toledo desde ámbitos como el asegurador. Por ejemplo, la de pecar de endogamia.

“Es cierto que quienes tenemos alguna que otra cosa que decir sobre la previsión para la jubilación hemos sido llamados a la comisión de seguimiento, incluso varias veces. Pero eso no quita que el Pacto, en general, haya preferido, desde su formación, actuar dándole muy escasa audiencia a la sociedad civil en el diseño concreto de soluciones”, afirmaba Pilar González de Frutos.

No obstante, también se le reconocen méritos. El Pacto de Toledo no ha logrado eliminar las pensiones del debate político, pero sí, por ejemplo, introducir en la discusión sobre el sistema de pensiones la cuestión vital de sus fuentes de financiación. Así las cosas, según Unespa, “el Pacto de Toledo no debe desaparecer, pero sí reformarse a sí mismo. Hace falta un pacto después del pacto, porque este se nos ha quedado corto. Un pacto más abierto, con más protagonistas, con toda la carga técnica que tiene el tema sobre el que versa”.

Y advierten que el gran error que se ha cometido en estos últimos 30 años ha sido no darse cuenta de que la reforma del sistema no requiere simples cambios paramétricos. Con esas modificaciones se ha llegado a que, cuando esté aplicada completamente la reforma de 2011, no quede otro parámetro que ajustar que la edad de jubilación, algo que siempre genera rechazo y levanta ampollas entre los ciudadanos de a pie.

Entre las recomendaciones de la comisión del Pacto de Toledo para la reforma de las pensiones se esperaba alguna de apoyo al fomento de la previsión social completaría, algo que el sector asegurador reclama desde hace tiempo. Ya se ha hecho algo en este ámbito con el objetivo de hacer más atractivos los planes de pensiones privados, como el otorgarles liquidez a los 10 años. Una decisión que, por cierto, no gustó demasiado al sector asegurador al considerar que iba en contra de la propia naturaleza y objetivo del producto, que no es otro que el ahorro a largo plazo para complementar la pensión pública, no para sacar el dinero a los 10 años y reformar el baño, por ejemplo.

Sea como fuere, lo cierto es que, además, esa reforma no ha servido para estimular las ventas. Según los últimos datos facilitados por Inverco, 2018 cerró con un descenso del patrimonio en planes de pensiones del 3,7% hasta los 107.033 millones. No obstante, hay que tener en cuenta que en esta caída han tenido mucho que ver las rentabilidades negativas que se han recogido en el año por la extrema volatilidad de los mercados. Y también que, precisamente por ese contexto tan negativo, quizá no haya sido el año ideal para decidirse a contratar un producto financiero.

El director general de Inverco, Ángel Martínez-Aldama, aprovechó la presentación de estas cifras para hacer una petición concreta que sí ayude a reactivar el mercado de los planes de pensiones privados. Pidió que estos productos tengan el mismo trato fiscal que la transformación de activos patrimoniales en rentas vitalicias.

Desde enero de 2015, las ganancias obtenidas por las personas mayores de 65 años por la venta de elementos patrimoniales distintos de la propia vivienda habitual, como segunda vivienda, fondos de inversión, acciones, terrenos…, están exentas de tributación si se destinan a la constitución de una renta vitalicia asegurada hasta un máximo de 240.000 euros. Y lo cierto es que esta ventaja fiscal sí ha servido para animar las rentas vitalicias: a finales de 2018, más de 26.700 personas mayores de 65 años habían transformado el dinero logrado con la venta de algún elemento patrimonial en una fuente de ingresos de por vida. Estas rentas acumulan un volumen de ahorro bajo gestión de 2.282 millones de euros, con un crecimiento cercano al 42%.

Medidas como la propuesta por Inverco parece que sí podrían contribuir a crecer el ahorro privado con un objetivo finalista mientras llegan las reformas de calado del sistema de pensiones, reformas que parece que tendrán que seguir esperando. El tiempo sigue corriendo en contra de un sistema del que se discute sobre su sostenibilidad demasiadas veces como para no preocuparse.

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