La Junta de ac­cio­nistas de junio po­dría dar el paso pese al si­lencio de sus di­rec­tivos

Las cifras de FCC, preparadas para volver a la distribución de dividendo

La cons­truc­tora gana en 2018 más del doble del úl­timo año en que pagó a los ac­cio­nistas

Esther Alcocer Koplowitz, pta. de FCC.
Esther Alcocer Koplowitz, pta. de FCC.

Tras pre­sentar re­sul­ta­dos, el di­rector de Mercados y Control de FCC, Miguel Coronel, dejó en­trever este miér­coles que la cons­truc­tora do­mi­nada por el mag­nate me­xi­cano Carlos Slim puede volver a re­partir di­vi­dendos tras siete años sin ha­cerlo. “Las ci­fras ha­blan por sí mis­mas”, dijo, des­pués de anun­ciar un be­ne­ficio atri­buible que es más del doble del que re­gistró el úl­timo ejer­cicio en el que pagó a los ac­cio­nis­tas.

Ahora sólo falta saber la fecha en la que se anunciará la buena nueva y cuál será la cantidad a repartir, que será menor casi con toda seguridad que la última que dio en 2012.

Lejos quedan ya aquellos años de gloria en los que FCC cotizaba a 32 euros, como en septiembre de 2009, pero para quienes hayan tenido paciencia y recursos para seguir aguantando el chaparrón que ha caído sobre la constructora en los últimos años, las noticias empiezan a cambiar de signo.

La cotización se va recuperando (se ha revalorizado más del 60% desde que salió del Ibex en julio de 2016) y la vuelta al dividendo parece que está a la vuelta de la esquina. La constructora tiene ya bajo control su deuda corporativa (la que más preocupaba a Slim) y ha vuelto a la senda del beneficio creciente. La excusa que puso el magnate mexicano en julio de 2018 para mantener la incertidumbre sobre el dividendo, que tenía que ver con el ritmo inversor, tampoco se sostiene mucho a estas alturas. Pero vayamos a las cifras.

FCC obtuvo en 2018 un beneficio atribuible de 251,6 millones de euros, que suponen un 113,2% de incremento sobre los 118 millones de 2017 y representa también más del doble de los 108 millones que ganó en 2011, último año en el que el grupo repartió las ganancias entre los accionistas. La cifra de 2018 tiene varias cosas detrás que no sólo son importantes para el presente, sino más aún si cabe para el futuro.

La primera, es que procede en su totalidad de la actividad ordinaria del grupo, sin resultados extraordinarios que pudieran maquillar los números. La segunda, es que muestra una mejora de los márgenes de rentabilidad, tanto medidos por el beneficio bruto de explotación (Ebitda) como por el neto (Ebit), que aumentan, respectivamente, del 14,1% al 14,4% y del 7,5% al 8,1%.

Para el futuro, esto representa un beneficio creciente con niveles similares de facturación. Y además hay otro elemento esencial que puede ayudar a consolidar la mejoría de las cifras. Las renegociaciones de la deuda llevadas a cabo en los últimos años han llevado a una tasa efectiva de intereses de los préstamos bancarios del 2,25% al terminar 2018, cuando seis meses antes eran del 2,44% y hace tan sólo cuatro años, cuando la constructora pasó a ser dominada por Slim, el tipo medio era del 4,35%.

Esto supone una reducción importante de los costes financieros, que marcan la diferencia esencial entre la cifra del Ebit y la del beneficio atribuible, ya que la tasa efectiva del Impuesto de Sociedades se mantiene prácticamente inalterada en los dos últimos años.

Menos deuda y más patrimonio neto

Pero la caída de los tipos de interés, que lo único que han hecho es adecuarse a la realidad del mercado bancario de los últimos años, no es suficiente por si sola para reducir drásticamente los costes financieros. La otra pata es la reducción de la deuda. Y ahí está una de las claves importantes: FCC vendió en septiembre de 2018 el 49% de su filial de gestión de agua, FCC Aqualia, por 1.024 millones de euros.

Del importe percibido por la venta, según señala la propia empresa, “el principal destino fue la reducción de la deuda financiera existente en la cabecera del grupo por más de 800 millones de euros”.

Y aquí hay que volver a distinguir entre contabilidad y caja. El dinero entró directamente en la caja de FCC, pero contablemente ha tenido varias vías de aplicación. La primera de ellas, la reducción de la deuda con las entidades financieras, ha supuesto un desembolso físico de dinero para cancelar préstamos bancarios por valor de 840 millones de euros.

El resto de los fondos obtenidos han ido a financiar recursos del grupo e inversiones corporativas. Contablemente, sin embargo, la venta de FCC Aqualia ha llevado a la matriz del grupo de forma individual a apuntarse un beneficio de 831 millones en 2018, según figura en las cuentas estadísticas enviadas por el grupo a la CNMV.

Este beneficio, que procede en su mayor parte de los 814 millones que la matriz del grupo se ha apuntado como resultado de enajenaciones de activos financieros (el 49% de su participación en Aqualia), al realizar las cuentas consolidadas cambia de posición. Al mantener el 51% de su filial de aguas, técnicamente el grupo FCC sigue consolidando a Aqualia por el cien por cien.

El dinero obtenido por la venta pasa del beneficio individual de la cabecera a convertirse en reservas dentro del patrimonio neto del grupo consolidado. De esta manera, el valor en libros del grupo FCC ha pasado de 938 a 1.959 millones de euros en 2018, al sumar el incremento de reservas y el propio beneficio consolidado del ejercicio.

Sin excusas

Esta nueva estructura financiera se completa con una disminución de la deuda financiera, que ha tenido más impacto en la parte que más preocupaba a los gestores del grupo. La denominada “deuda con recurso” que es de la que responde el grupo de forma corporativa, se ha quedado en 741,4 millones de euros, casi la mitad de los 1.283 millones de un año antes y muy por debajo de los 4.250 millones que tenía en 2013, primer año en el que FCC no repartió dividendo con cargo a los resultados del ejercicio anterior.

Con todas estas cifras en la mano es difícil de mantener por mucho tiempo la suspensión del reparto de dividendo. Carlos Slim ya dijo en julio de 2018, en el Investor Day de la compañía, que era muy probable que la remuneración a los accionistas se retomara en 2019. Lo dejó en el aire, sin embargo, al ligarlo a las necesidades de inversión futuras.

El reparto de una parte del beneficio no va a poner en peligro las ratios de endeudamiento actuales (ha recuperado los niveles de recursos propios anteriores a la crisis), a no ser que FCC entre en algún megaproyecto que no quiera financiar con deuda asociada al mismo (la denominada deuda sin recurso).

Esto parece fuera de lugar con la nueva estrategia del grupo de no entrar en proyectos que no aseguren rentabilidad. Queda, sin embargo, una de las máximas que el Grupo Carso, el que preside Slim en México ha transmitido a la cultura de FCC y que, según se les dijo a analistas e inversores el año pasado, consiste en que “mantener la austeridad en tiempos de vacas gordas fortalece, capitaliza y acelera el desarrollo de la empresa, asimismo evita los amargos ajustes drásticos en las épocas de crisis”. ¿Dan por zanjada la crisis los gestores de la constructora? Parece que sí. Pero cuidado con echar las campanas al vuelo.

Cuando Slim entró en FCC para salvarla de una quiebra prácticamente anunciada, la constructora tenía un capital social repartido en 127,3 millones de acciones. Dos ampliaciones de capital realizadas en 2014 y 2016 han elevado esa cifra a 378,8 millones de acciones. El último dividendo repartido por FCC en 2012 con cargo a los resultados de 2011 fue de 1,3 euros por acción pagado en dos veces.

Ahora esa cantidad es impensable, porque supondría repartir entre los accionistas casi 500 millones de euros, que es el doble del resultado obtenido en 2018. La cifra será menor, pero los analistas apuestan porque en el consejo de mayo, el que convocará la Junta General para junio, se introduzca la aprobación de la vuelta al dividendo

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