ANÁLISIS

La Bolsa se estanca mientras aumenta la prima de riesgo

La abun­dancia de li­quidez pro­voca es­ta­bi­lidad cam­biaria pero deja fríos a los mer­cados

Euros
Demasiada liquidez.

Calma en el mer­cado de di­visas mien­tras au­menta la brecha entre el ren­di­miento del bono alemán y el de los otros es­tados miem­bros. Se am­plía el di­fe­ren­cial de la prima de riesgo en tanto en que la vo­la­ti­lidad cam­biaria baja a ni­veles his­tó­ri­cos; du­rante más de se­tenta días la co­ti­za­ción del dólar frente al euro se ha mo­vido entre el 1.12 y el 1.18%.

Por otro lado continúa el estancamiento de las cotizaciones bursátiles pese a los bajos tipos de interés y a la abundancia de liquidez que procuran los bancos centrales. No se ha retirado liquidez del mercado. La Reserva Federal, BCE o el Banco de Inglaterra (Brexit y sus consecuencias) temen que las incertidumbres político-macroeconómicas generen una desaceleración de la economía mundial y además los inversores institucionales (Fondos de Pensiones) no acuden a las bolsas de valores o retiran sus apuestas.

La amenaza de guerras comerciales también están enfriando la compra de títulos bursátiles. La industria del automóvil ha sido una de las más perjudicadas. El temor a una subida de aranceles pesa más que las incertidumbres sobre el futuro del diésel o los efectos de restricciones medio ambientales.

Una excepción en el universo bursátil, China. Reciente y empinada escalada de las cotizaciones en especial de las empresas tecnológicas, telefonía o servicios financieros. Las autoridades chinas apoyan la inversión y el consumo ofreciendo el máximo de facilidades crediticias a las empresas estatales.

Trump por su parte twitteaba el pasado fin de semana que sus negociadores se mostraban satisfechos por las “muy productivas” conversaciones comerciales en Pekín. Un buen preámbulo para cuando se reanuden el viernes 22 de febrero las negociaciones en Washington; un respiro para esa amenaza arancelaria que afectaría a 200.000 millones de dólares de importaciones procedentes de China.

En cuanto a la prima de riesgo, la diferencia entre la rentabilidad del bono alemán y el del resto de los países de la eurozona, no es cosa de culpar a italianos portugueses o españoles sino también las “virtudes” de los propios alemanes.

La autodefensa del bono alemán pone en riesgo a todos los mercados de renta fija de la eurozona. Kate Allen lo analiza en el Financial Times: “la insistencia alemana por conservar el equilibrio presupuestario no le deja ningún margen para la expansión de su deuda pública, limitando así la oferta de bonos alemanes (Bunds), que se consolida como el activo más firme y seguro de la eurozona”. Su escasez encarece su precio, baja su rendimiento y amplía la diferencia – prima de riesgo- con el rendimiento de los bonos de otros estados miembros.

Obsérvese que el tipo de interés pagado por el bono alemán en diez años ha pasado del 0.8% (rumores del final de las facilidades monetarias del BCE) a un 0.1% en esta última semana. Un duro castigo para el resto de emisores europeos y una mala jugada para la continuidad del euro.

La creación de euro perseguía el fortalecimiento de los vínculos entre las naciones de la eurozona. La fortaleza del bono alemán, por el contrario, se convierte en un incentivo, entre otros para la exuberancia del mercado inmobiliario; una buena escapatoria para los inversores.

El fetichismo por el superávit presupuestario de las autoridades alemanas tampoco es la mejor manera de estimular la actividad en un momento en el que sus exportaciones decaen y la actividad en la eurozona se tambalea. La insolidaridad alemana es una excelente coartada para todos esos movimientos nacional-populistas que reclaman el regreso a las monedas nacionales.

El movimiento centrífugo contrario a la unidad europea supondría para Alemania que sus orgullosos superávits, presupuestario y comercial, acarrearía una apreciación del Deutsche-Mark y una pérdida de competitividad en los mercados internacionales. Una menor aportación del sector exterior y un enorme interrogante sobre cuándo y cómo estimular la demanda interna. No son tiempos todavía peligrosos pero pueden empezar a serlo.

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