OPINIÓN

Caso FG-Villarejo: la necesaria salud ética y psíquica de políticos y banqueros

Un con­se­jero del BBVA hace cir­cular por Madrid un perfil del pre­si­dente de honor del BBVA

Francisco Gonzalez, presidente de honor del BBVA
Francisco Gonzalez, presidente de honor del BBVA

A pro­pó­sito del úl­timo "perrito ca­liente" con el que Javier Ybarra e Ybarra de­leita a sus se­gui­dores ha­bi­tua­les, en el que plantea la ne­ce­sidad de rea­lizar un con­trol psi­co­ló­gico pe­rió­dico a los po­lí­ticos del elenco par­la­men­ta­rio, no es­taría mal que su in­tere­sante su­ge­rencia se ex­ten­diera a otros mu­chos grupos pro­fe­sio­nales con res­pon­sa­bi­li­dades pú­blicas ma­ni­fies­tas, como es el caso de al­gunos ban­que­ros.

Viene esto a cuento del papel que estos días anda circulando por el Madrid político y financiero, bajo el título de "Francisco González: un banquero no idóneo", y en el que hace ya varios años un directivo bancario intentó esbozar un perfil "ético, profesional y político" del actual presidente de honor del BBVA, sin que tuviera mayores consecuencias, para desgracia del interés general y, en particular, de la propia entidad bancaria.

Precisamente, la errática evolución del BBVA en los últimos 20 años, bajo la batuta personalísima de FG, ha demostrado el acierto del análisis y de las innegables consecuencias adversas que ha tenido para sus accionistas y clientes. Y, sobre todo, de las que pueda tener en el futuro por los admitidos encargos del banco bilbaíno al ex comisario José Villarejo para espiar, sin respetar los comportamientos éticos esperados de una respetable entidad, a competidores, políticos, funcionarios y periodistas denominados "hostiles" a los intereses del que fuera durante casi 20 años presidente de la ahora tercera entidad financiera de este país.

Redactado probablemente hace ya casi dos décadas por un alto cargo interno del banco, com la intención de advertir sobre la decisión de José María Aznar de nombrarle presidente de Argentina (que junto al BBV luego conformó el actual BBVA), el documento es una especie de carta astral de lo que podría llegar a ser (ya ha sido) la gestión del "ciudadano argentino" (dicho esto sin ánimo peyorativo para los admirados ciudadanos del país latinoamericano), nacido en Chantada, Lugo.

La primera reflexión que arroja su lectura es que hubiese sido todo un acierto para este país haberlo publicado, en las fechas de su redacción, en cualquier medio de alcance nacional para que este país se hubiese ahorrado la presencia como banquero de un hombre que, ya entonces, tanto por su personalidad particular como por sus anteriores actuaciones, generaba tanta desconfianza como ausencia de empatía en las personas que le conocían de cerca o trabajaban con él.

Hecho distribuir ahora por un consejero del actual BBVA, que trata de demostrar que el nuevo presidente Carlos Torres se equivoca no adoptando medidas de inmediato para suspender o expulsar a FG como presidente de honor del banco, tal como propone el BCE y miembros del Banco de España, el documento se las trae. Ya en su primer folio recuerda que FG no debería haber sido nombrado por Aznar presidente de Argentaria por existir sospechas suficientes de no ser la persona idónea para el cargo por, según cita textual, "haber realizado su actividad profesional" rodeado de irregularidades que contravenían la normativa de "honorabilidad demostrable" exigida para ejercer la muy loable profesión de banquero por el Banco de España.

Aporta cuatro razones:

  1. Intervenciones irregulares como agente de Cambio y Bolsa, "fácilmente comprobables".

  2. Ocultación a la CNMV y a sus auditores de graves pérdidas en FG Inversiones en el proceso de venta de la sociedad bursátil a Merrill Lynch. (Esas irregularidades eran precisamente detalladas en los documentos desaparecidos en el misterioso incendio del Edificio Windsor hace 20 años).

  3. Contratación como su abogado personal de Juan Fernández Armesto cuando Merrill Lynch denunció estos hechos a la CNMV. (Fernández Armesto fue nombrado después presidente del órgano supervisor por José María Aznar, bajo cuyo mandato desapareció la hoja de registro de la denuncia).

  4. "Ayudó a Mario Conde en operaciones financieras", luego investigadas por el Banco de España. (Y más tarde juzgadas por la Audiencia Nacional bajo la batuta del juez García Castellón, que ahora investiga también las operaciones de espionaje del ex comisario Villarejo bajo encargo del BBVA).

El segundo folio del escrito es aun más grave. Asegura que, una vez designado presidente de Argentaria por Aznar, lejos de corregirse, su actuación siguiente fue "coherente, desde el primer día con su trayectoria" (...); es decir, fue "carente de cultura empresarial", como demuestra el hecho de que forzara a "la totalidad de los consejeros (de Argentaria) a que firmaran cartas de dimisión con la fecha en blanco", aún siendo Argentaria un banco ya privatizado. Entre estos consejeros se encontraban personalidades como Óscar Fanjul, Cándido Velázquez, Andreu Mas y Miguel Muñiz, de trayectoria profesional y personal intachable.

En apenas 29 meses como presidente tuvo tres consejeros delegados y despidió al primero, el desaparecido Francisco Gómez Roldán, "para evitar cualquier testimonio interno de la negociación" de la integración con BBVA, para la cual e ignorando las prácticas habituales no contrató a ningún banco externo, aunque sí pidió asesoramiento a Merrill Lynch, la entidad que precisamente había adquirido su sociedad bursátil FG Inversiones por 3.800 millones de pesetas, luego rebajados una vez descontadas las operaciones en derivadas que se presumían inventadas, inexistentes o fallidas.

El documento se extiende en una detallada descripción de los los servicios políticos prestados al Gobierno de Aznar por el BBVA de FG, la eliminación por acusaciones luego juzgadas y desestimadas por el Supremo para el despido de los miembros no afines del consejo del BBVA (entre los que se encontraban empresarios como los Entrecanales, Lladó, Arango, Uriarte y el grupo de familiares históricos vascos relacionados como los fundadores del Banco Bilbao y Banco de Vizcaya), basadas en una denuncia sorprendente al Banco de España sobre la existencia de cuentas secretas en la Isla de Jersey, de la se sembró la sospecha de que servían para el pago de la extorsión de ETA.

En sus puntos finales, el documento habla de los errores de la gestión de FG al frente del banco, entre ellos su negativa a firmar la toma de control del mexicano Bancomer por parte del BBVA, bajo el argumento ilusorio de que jamás sería rentable, a pesar de que durante años ha sido y continúa siendo la vaca lechera de los beneficios del BBVA. A la vez, detalla como FG "sentó" las bases para conseguir que el BBVA, entonces primer banco de España por encima del Santander, sea hoy, en su retirada forzada por los reguladores del BCE, la tercera entidad financiera, por detrás del propio Santander y de CaixaBank, valiendo en Bolsa menos de la mitad que la entidad que preside Ana Botín, y con unos beneficios que apenas rozan el 50% de la entidad cántabra.

Detalle aparte merecen, y que se especificarán en posteriores artículos, sus batallas personales con las comisiones de nombramientos y retribuciones, auditoría y de riesgos de la entidad, que forzaron la salida desairada de varios de sus miembros, entre ellos Gregorio Marañón y José Luis Caínzos, vicepresidente del propio BBVA, y posteriormente de dos de sus CEOs, como José Ignacio Goirigolzarri y su sucesor, Ángel Cano.

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