Las ad­qu­si­ciones au­men­taron casi 200.000 kilos el año pa­sado, hasta las 4.400 to­ne­ladas

Los bancos centrales alimentan la nueva fiebre del oro con compras masivas en el mercado

Los su­per­vi­sores ban­ca­rios im­pulsan las com­pras del metal pre­cioso a ni­veles des­co­no­cidos en 52 años

Oro
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El mundo se asoma al abismo de la cri­sis. Después de años de lucha para salir de la mayor re­ce­sión en los úl­timos cien años, las alarmas apuntan hacia un nuevo pe­riodo de su­fri­miento eco­nó­mico. El úl­timo pro­nun­cia­miento si­len­cioso ha ve­nido de la mano de los bancos cen­tra­les. Las au­to­ri­dades mo­ne­ta­rias mun­diales se han lan­zado a la ad­qui­si­ción de oro, el re­fugio in­versor por ex­ce­lencia en tiempos di­fí­ci­les. Sus com­pras de oro se si­tuaron en los ni­veles más altos de los úl­timos 52 años.

Los mercados llevan lanzando numerosos avisos en cuanto a la cercanía del final del ciclo alcista en las economías. En Estados Unidos, la locomotora del mundo, se han producido ya numerosos sustos tanto en el mercado bursátil, como en el de deuda. La Reserva Federal está dosificando cuidadosamente la elevación en el precio del dinero, mientras el Banco Central Europeo sigue sin mostrar una actitud decidida sobre cuándo volverá la senda de los tipos al alza.

En tanto, determinados bancos centrales en todo el globo están atesorando oro a manos llenas. Una carrera sin freno ni marcha atrás protagonizada por supervisores de países poderosos, como China, India, Rusia, o estados como Polonia, Turquía o Kazajistán.

El pasado año, los bancos centrales impulsaron las compras hasta las 4.345,1 toneladas de oro, frente a las 4.159,9 toneladas que habían adquirido en el ejercicio precedente. Eso supone un incremento del 4,45% respecto a 2017 o un nada despreciable aumento de 186.000 kilos más adquiridos. Pero no sólo eso. Desde el año 1967 no se había registrado un nivel tan elevado de compras del metal precioso.

El oro es el tradicional refugio en tiempos de crisis. En el momento en que caen los precios de las acciones en la bolsa o los de los títulos de deuda pública, con la correspondiente alza de los tipos de interés en los mercados secundarios, el oro emerge como único baluarte defensor de la capacidad adquisitiva del dinero.

Incertidumbre

Mientras Estados Unidos sigue enzarzado en una guerra arancelaria con una China debilitada en los últimos meses, mientras los mercados de valores han perdido el brillo de los últimos meses por el temor a lo que va a venir, el precio del oro se encarama por encima de los 1.300 dólares por onza troy (31,1 gramos).

“El mundo se enfrenta a la mayor incertidumbre geopolítica en muchas décadas y lo sorprendente es que mientras determinados bancos centrales orientales se han lanzado a amasar oro, los de los países occidentales parecen no enterarse de lo que está por venir”, comenta el ejecutivo de una sociedad financiera.

Mientras llega el momento del cambio de ciclo, mientras casi cada día saltan nuevas alarmas, estos bancos centrales atesoran en sus cámaras acorazadas más y más oro, el metal que mayor fidelidad ofrece al dinero. Y a la vez, reducen sus tenencias de dólares. ¿Se ha iniciado el camino hacia un cambio de patrón monetario?

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