Cumbre del clima

Los chalecos amarillos de la COP25: voluntarios por el clima

Chalecos amarillos en la COP25.
Chalecos amarillos en la COP25.

Que la COP25 se celebraría en Madrid es algo que a finales del mes de octubre no entraba ni remotamente en los planes de nadie. Ni de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, ni de los 195 países adheridos, ni del gobierno de Chile, ni, ni muchísimo menos, del gobierno español, los ciudadanos, las entidades sociales, las empresas, etc. de este país. De nadie en absoluto, vamos.

Y prepararlo todo para que estuviera dispuesto en un mes, ha sido todo un reto. El tiempo transcurrido entre la aceptación de la ONU de la propuesta de España, –tras la renuncia de Chile- de acoger la cumbre en las mismas fechas y con la misma duración previstas, ha pasado volando y entre más dudas que certezas. Pero una COP no es cualquier cosa y es importante que no se pierda ninguna edición. Solo había una cosa cierta: que el 2 de diciembre empezaba sí o sí.

Y lo ha hecho con todo listo y a punto. Sin faltar detalle en cada uno de los pabellones de IFEMA donde, durante dos semanas, delegaciones oficiales de 195 países, van a continuar negociando y decidiendo qué se va a hacer en los próximos años para que el clima de la Tierra no cambie tanto como para hacer imposible la vida de quienes aquí estamos.

Administraciones, organizaciones de la sociedad civil, responsables de los montajes de los pabellones, oficinas y stands, etc. que albergan los siete pabellones en los que transcurre el evento… todo el mundo ha respondido al unísono para que a la hora de abrir las puertas todo el mundo, cada uno es su cometido, pudiera comenzar a trabajar sin más.

Eso sí, no todos son profesionales. Cada día hay un gran grupo de personas, de diferentes edades, aspectos, hombres y mujeres, pero todos llevan el mismo chaleco amarillo con una banda rosa y otra gris: el de Voluntarios por Madrid.

Laura Cañete, coordinadora de los Voluntarios por Madrid en la COP25, explica que «cada día están 200 personas, 100 por la mañana y 100 por la tarde. Las tareas que se les encomiendan consisten básicamente en apoyo a la organización, ser la cara amable del visitante de este pabellón, informarles, orientarles sobre dónde se celebran las actividades… lo que nos pide la organización de la Cumbre».

Algunos son ya veteranos, porque «hay muchos que están fidelizados en Voluntarios por Madrid y participan en muchas cosas. Pero también hay mucha gente que se ha ofrecido especialmente por la COP, incluso hemos notado que han venido personas de fuera de España y que han sido voluntarios en otras COP europeas. Y hay también un grupo importante de gente joven que está muy sensibilizada con el tema del clima. Así que los perfiles son muy diferentes y tienen un espíritu fenomenal entre ellos».

Cuando se supo que la COP sería en Madrid, la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, se puso en contacto de inmediato con el alcalde de Madrid y con la presidenta de la Comunidad. La colaboración entre las tres administraciones tenía que estar perfectamente organizada, como así ha sido. Y uno de los resultados más inmediatos fue el ofrecimiento por parte del ayuntamiento de Madrid, de la colaboración de los voluntarios. «Se abrió una plataforma en la web del ministerio, y la gente se apuntó rapidísimo. Incluso tuvimos que parar porque ya estaba más que cubierto el cupo. De hecho, como hay tantos solo podemos dar un turno de colaboración en el evento para que puedan pasar por aquí el mayor número posible. Es muy raro que puedan participar mas de un día». Ellos se reparten por la zona Verde, dedicada a la participación social y a la que puede acceder el público general mediante inscripción.

Cada jornada, al empezar cada turno, Cañete los reúne a todos y les cuenta en qué consisten sus tareas y las cuestiones específicas de la jornada. «Vamos viendo qué necesidades hay y encajando las labores que pueden hacer los voluntarios. Completamente con un espíritu working progress». Se reparten por la zona Verde, dedicada a la participación social y a la que puede acceder el público general mediante inscripción.

A partir de esa reunión, los voluntarios se dispersan por el pabellón, en el que están previstas unas 500 actividades en estas dos semanas y donde son perfectamente visibles por cualquiera que los pueda necesitar.

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