La en­tidad bil­baína se vería obli­gada con Bankia para un la­vado de imagen por el caso FG-Villarejo

Solo una fusión con BBVA de actor parece plausible para 2020

Los bancos pe­queños se re­sisten pero Liberbank se man­tiene en la diana de mu­chos

Jose Ignacio Goirigolzarri, presidente de Bankia
Jose Ignacio Goirigolzarri, presidente de Bankia

El sector ban­cario es­pañol des­pide 2019 sin las tan de­man­dadas fu­siones por parte de los su­per­vi­so­res, tanto desde el Banco de España como desde el Banco Central Europeo (BCE). Tras la frus­trada ope­ra­ción entre Unicaja y Liberbank, ésta úl­tima se man­tiene en el radar de mu­chas en­ti­dades para al­guna ope­ra­ción cor­po­ra­tiva. Las dudas sobre la pri­va­ti­za­ción de Bankia con un Gobierno en fun­ciones po­dría llevar al banco na­cio­na­li­zado a un abrazo deseado con el BBVA, ne­ce­si­tado de re­com­po­nerse tras el enorme im­pacto del caso FG-Villarejo y la pe­nosa he­rencia re­ci­bida del ex pre­si­dente impu­tado.

Tal vez no sea el gran deseo para el nuevo año nuevo que se avecina para la mayoría de los máximos responsables de la banca española. Sin embargo, una nueva ronda de fusiones se puede imponer como un deber obligatorio para determinadas entidades, aunque desde hace tiempo hayan hecho oídos sordos a las requisitorias de los organismos supervisores.

La baja rentabilidad del conjunto del sector, el horizonte ampliado de tipos de interés en terreno negativo y la necesidad de una mejora de la eficiencia son tres condicionantes que pesan sobre todos los bancos para poder mantenerse firmes y no sólo en solitario, sino con alguna operación corporativa.

La prolongada negociación de fusión entre Unicaja y Liberbank encallaba en la primera mitad de 2019, aunque con la irrupción como un pretendiente más para la segunda entidad por parte de la Abanca presidida por Juan Carlos Escotet. Si el envite presentado en su momento no prosperó, con las reticencias de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el órdago definitivo podría lanzarse.

Cualquier movimiento entre los bancos pequeños podría desencadenar réplicas en las entidades que se quedaran al margen de la potencial fusión con Liberbank. Por un lado, Ibercaja encara el último ejercicio de su plan estratégico y su objetivo de convertirse en un banco cotizado a finales de 2020.

Si Liberbank no se integrara al final con Unicaja, Ibercaja podría tener un atajo con la entidad malagueña que ya cotiza en Bolsa sin tener que someterse a unos mercados más que volátiles en los últimos tiempos, sobre todo en lo que concierne a los bancos cotizados.

Doble solución

Las miradas ante potenciales fusiones van más allá del mapa de los pequeños bancos procedentes de las antiguas cajas de ahorros. El grupo nacionalizado Bankia, creado en torno a Caja Madrid y con la añadidura venenosa de Bancaja casi en el último minuto, es una de las asignatura que deberían resolverse a pesar de la incertidumbre política con la que se despide a 2019.

El Estado, mediante el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), controla más del 60% en la entidad presidida por José Ignacio Goirigolzarri, en el punto de mira de Unidas Podemos, la formación de Pablo Iglesias, para convertirla en lo que desde esta formación política considera "banca pública". Un concepto rechazado en varias ocasiones por el propio Goirigolzarri.

Por otro lado, la cuestionada situación del BBVA, bajo la presidencia de Carlos Torres desde hace casi un año, sitúa al segundo grupo bancario del país bajo la lupa escrutadora de la Justicia y de los supervisores por el impacto del caso FG-Villarejo. Su fusión con Bankia podría servir como un lavado de imagen.

Esta operación, como la potencial fusión con el Sabadell presidido por José Oliu, se baraja desde hace meses, cuando el presidente de Bankia reconoció el encaje que tendría con el BBVA, la entidad en la que llegó a ser hasta consejero delegado incluso durante algún tiempo bajo la presidencia en solitario del investigado Francisco González (FG).

Las conjeturas sobre la revancha del clan de Neguri, dominante en el antiguo BBVA, apuntan a esa fusión para acabar con Carlos Torres, el delfín de FG, como presidente y la designación de Goirigolzarri al frente de la entidad resultante. Eso sí, el antiguo consejero delegado del BBVA puede considerarse cercano a dicho clan, aunque él no pertenezca de pleno derecho a ser un miembro de 'los neguris'.

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