CONSUMO

Las con­sultas elec­to­rales y el go­bierno en fun­ciones pa­ra­lizan el bol­sillo desde fe­brero

Al consumo le entra el canguelo ante las previsiones de crisis

El Banco de España avisa que las fa­mi­lias llevan meses gas­tando menos de lo que ganan

Crédito
Crédito y consumo.

El con­sumo cons­ti­tuye el au­tén­tico Muro de Adriano de la eco­nomía es­pañola, de con­fir­marse la ra­len­ti­za­ción que se ha ini­ciado en la ac­ti­vidad pro­duc­tiva es­pañola. Afortunadamente el sector ex­por­tador no se re­siste tanto y menos lo hará si ter­mina la guerra co­mer­cial entre Estados Unidos y China y si la sa­lida del Reino Unido de la Unión Europea es menos trau­má­tica que lo que se an­ti­cipa. Pero Donald Trump pa­rece haber sus­ti­tuido a China por la Unión Europea en ma­teria co­mer­cial y las pre­vi­siones no son nada ha­la­güeñas.

La OCDE advirtió hace días de que el consumo privado en España podría caer a una banda entre el 1,3% y el 1,8% entre los años 2020 y 2021. Ello supone la certificación de la desaceleración de una economía que hace un par de años navegaba con alzas del 3%. La agencia de calificación de riesgo crediticio Standard & Poor´s ha avisado también de que el PIB crecerá este año un insuficiente 2%, un nivel en el que tradicionalmente no ha creado empleo.

El Banco de España se ha sumado a este desalentador panorama, con un informe en el que constata que hace meses que las familias españolas han modificado el rumbo de sus economías, reduciendo su consumo por debajo de los que ganan por motivos de precaución.

La autoridad monetaria española indica que el pasado año “el crecimiento de las rentas superó al del consumo, siendo especialmente destacable la moderación del dinamismo del gasto en bienes duraderos y servicios”.

El Banco de España achaca esta situación a dos factores. “Probablemente, ello refleja la absorción progresiva de la demanda de bienes duraderos acumulada durante la crisis, junto con la percepción por parte de los hogares de un mayor grado de incertidumbre en torno a las perspectivas económicas”.

El supervisor bancario advierte también sobre un cambio de tendencia: “los patrones de consumo parecen ser algo distintos a los de los años previos de la expansión”. Nuevos factores amenazan a las familias con profundizar su cautela. Entre estos se encuentran los últimos datos sobre el paro, con una cota mítica de 3,2 millones de desempleados que se ha convertido en el “Tourmalet” del mercado de trabajo.

Sin expectativas para nadie

No hay que olvidar las dificultades que existen para que determinados colectivos jueguen un papel eficaz para construir ese Muro de Adriano, que debería suponer el consumo de cara a afrontar la crisis. Entre estos colectivos se encuentran los mal pagados jóvenes que se han quedado en España y no han tenido la suerte laboral de buscar otros mercados extranjeros más eficientes y los mayores de 45 años ignorados, si no expulsados, por el Sistema.

Un esquema de consumo empobrecido en el que, de forma transversal a estos colectivos, se ha hecho fuerte el fenómeno low cost, de compra a través de internet de todo tipo de bienes. Un modo de consumo en el que ha tomado parte incluso el ejército de empleados sanos, los que cuentan entre 25 y 45 años. Cuando allá por 2015 se produjo el empujón de la economía, este colectivo fue el principal impulsor de la economía, cuando se constató el final de la fase de destrucción de empleo.

La situación del país resulta cada vez más delicada. Las dificultades para la formación de Gobierno complican la situación, con innumerables actuaciones necesarias que no se han llevado a cabo todavía, por los egos de algunos y la incapacidad de otros. El país lleva desde febrero en una situación de inestabilidad muy negativa para la inversión extranjera.

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