China y Latinoamérica, pa­sando por el bri­tá­nico Atom Bank, es su he­rencia

FG lega a Torres tantas pifias que pueden suponer su sustitución al frente del BBVA

El úl­timo ajuste del fondo de co­mercio en EEUU cues­tiona su aven­tura en el país

FG y Carlos Torres
FG y Carlos Torres, atados y bien atados.

La he­rencia re­ci­bida por Carlos Torres como pre­si­dente del BBVA es algo más que en­ve­ne­nada, in­cluido el es­cán­dalo de los es­pio­najes en­car­gado al ex­co­mi­sario José Manuel Villarejo. La errá­tica po­lí­tica de ex­pan­sión in­ter­na­cional de su mentor y an­te­cesor en el cargo, Francisco González (FG), deja un ro­sario de fra­casos en todas la di­rec­ciones de los puntos car­di­nales que ahora se acre­cientan con el tercer ajuste del fondo de co­mercio de su fi­lial en Estados Unidos. El BCE vi­gila a Torres y, ojo, puede caer en el sa­nea­miento.

Francisco González se ha caracterizado como un mal estratega en la expansión internacional del BBVA. Incluso, cuando rechazaba apuestas estratégicas cerradas por la cúpula del BBV presidida por el ya fallecido Emilio Ybarra y su escudero Pedro Luis Uriarte, con el desembarco en México mediante Bancomer.

En el momento de ratificar esa compra, en los primeros compases de la fusión entre el BBV y la Argentaria de la que procedía por designación política FG, el que ha sido durante casi dos décadas presidente del BBVA, hasta sus escándalos por espionaje, ha visto cómo ese mercado se ha convertido en el que más contribuye al beneficio del grupo, en algunos momentos cercanos al 50%.

A poco de quedarse como presidente único del BBVA, tras descabalgar a Ybarra y todos los consejeros y directivos ligados a Neguri, González decidía en enero de 2003 su salida de Brasil, país al que el banco había llegado cinco años antes. Su presencia en dicho mercado era casi residual, mientras que el Santander tomaba la delantera con la adquisición de Banespa.

"Quien no está en Brasil, no está en Iberamérica", sentenciaba por aquel entonces el máximo responsable del Santander en aquella zona, Francisco Luzón, en una clara referencia al paso atrás dado por un BBVA que ya presidía en solitario FG.

Sus territorios de expansión pasaban por parajes más exóticos, y complicados para que los bancos españoles tomaran posiciones. En noviembre de 2006, el BBVA anunciaba su aterrizaje en China mediante la toma de participaciones, limitadas por la legislación, en CNBC, Citic Bank y CIFH, el holding radicado en Hong Kong.

La aventura asiática tampoco fue del agrado del que ha sido presidente del BBVA hasta hace un año y en febrero de 2017 ponía punto final con la venta de un pequeño porcentaje que aún mantenía en el CNBC.

Ya por aquel entonces, Francisco González se había volcado con su apuesta por Turquía y si filial en ese país, Garanti, en la que tomaba una participación mayoritaria en 2010. Desde entonces, y pese a reafirmarse la actual cúpula del banco en su compromiso (el actual consejero delegado del grupo, Onur Genç, es turco) la inestabilidad política y económica ha dado bastantes quebraderos de cabeza. De hecho, el cierre del tercer trimestre de este ejercicio, el negocio había menguado un 22%.

Avispero 'anglo-latino'

Una de las últimas grandes apuestas de FG fue Atom Bank a primeros de 2016. El primer banco digital del Reino Unido se creaba con una inversión inicial de 64 millones de euros por parte del BBVA y que ha ascendido, hasta el pasado mes de julio, hasta unos 200 millones de euros.

Por el momento, Atom Bank continúa en pérdidas, aunque el consejero delegado del BBVA, Onu Genç, confirmaba durante la presentación de los resultados del tercer trimestre "nuestro compromiso" con dicha entidad.

Las deserciones o permanencias en distintos países latinoamericanos también es un asunto que pesa en los últimos tiempos. El BBVA vendía el pasado mes de agosto su filial en Paraguay y un año antes también se deshacía de BBVA Chile, país en el que liderazgo financiero está en manos del Santander.

En cambio, el Santander dejaba Venezuela en 2009, ante el régimen aún de Hugo Chávez, por las presiones de nacionalizar la banca. BBVA, por su parte, se mantiene en este convulso país, aunque su llegada (1998) fue anterior a la presidencia de FG en solitario, y con unos beneficios que han menguado hasta unas pérdidas de 12 millones en el ejercicio de 2018. Hace cinco años, aún ganaba casi 370 millones.

El último ajuste del fondo de comercio de su filial en Estados Unidos, que restará 1.500 millones de dólares al beneficio del grupo, es la tercera que se produce. Ya en 2009 el saneamiento fue similar (1.600 millones) y la cantidad se disparó en 2011 hasta los 2.000 millones.

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