Francisco González se negó al acuerdo con Bancomer cuando co­pre­sidía la en­tidad con Emilio Ybarra

A la aventura exterior del BBVA sólo le queda con lustre México

En China se dejó 1.000 mi­llo­nes, EEUU no pasa buenos mo­mentos y Turquía pierde lo in­de­cible

Francisco Gonzalez, ex presidente de honor del BBVA
Francisco Gonzalez, ex presidente de honor del BBVA

La aven­tura in­ter­na­cional del BBVA con Francisco González como pre­si­dente no pa­sará a la his­toria pre­ci­sa­mente como una his­toria de éxito. De China se fue con las orejas aga­chadas en 2017 de­ján­dose en el ca­mino algo más de 1.000 mi­llones de euros en pér­didas con­ta­bles. En EEUU acaba de anun­ciar un sa­nea­miento ex­tra­or­di­nario (el se­gundo) de 1.500 mi­llones de dó­lares y Turquía ha visto caer su valor por la de­pre­cia­ción de la mo­neda lo­cal. Sólo México, cuya ope­ra­ción el ex pre­si­dente impu­tado he­redó y hasta se negó a firmar ante Emilio Ybarra y Pedro Luis Uriarte, aguanta con algo de lus­tre.

El pasado miércoles, 18 de diciembre, BBVA remitía a la CNMV un comunicado en el que reconocía que va a tener que restar 1.500 millones de dólares (unos 1.350 millones de euros al cambio actual) de los beneficios de este año 2019, como consecuencia de un ajuste a la baja en el negocio de Compass, su filial en EEUU (ver Capitalmadrid de 19 de diciembre de 2019).

Este es el último episodio de una larga lista de ajustes a la baja en los resultados y en el valor de las inversiones internacionales puestas en marcha entre 2.000 y 2.018 por el ya expresidente del grupo bancario español, Francisco González.

El anuncio oficial de estos últimos días achaca la necesidad de revisar el resultado porque “de acuerdo con los datos disponibles y previsiones de resultados a 31 de diciembre de 2019, existe un potencial ajuste negativo en el valor del fondo de comercio por la inversión del Grupo BBVA en la unidad de negocio de Estados Unidos. Este ajuste se debe principalmente a la negativa evolución de tipos de interés, especialmente a partir de la segunda mitad de año, que unida a una ralentización de la economía hace que se espere una evolución de los resultados futuros por debajo de lo anteriormente estimado”.

Segundo saneamiento

Ojo al párrafo, porque ya en 2011, con un argumento enormemente parecido, siete años después de iniciar la aventura en EEUU, un comunicado de BBVA anunciaba una provisión extraordinaria que costaría 1.000 millones de euros contra los beneficios de ese año, porque ya en esas fechas el grupo hablaba de que “las últimas estimaciones de crecimiento económico para este país y el impacto del nuevo entorno regulatorio para el sector financiero han ralentizado el ritmo de crecimiento esperado de los resultados futuros”. La aventura de Compass comenzaba a dar algunos sustos.

Este proyecto personal de Francisco González, en el que el grupo BBVA ha invertido desde su inicio en 2004 más de 10.500 millones de euros, reporta en la actualidad el 10,5% del beneficio consolidado, según las cifras oficiales del banco a 30 de septiembre último, pero que este año se van a ver deterioradas por el ajuste anunciado ahora.

Es curioso también que haya sido el nuevo consejero delegado del grupo, Onur Genç, que llegó al cargo tras ser el primer ejecutivo de BBVA Compass y ‘country manager’ del grupo en EEUU hasta diciembre del pasado año, quien haya tenido que realizar el ajuste. La larga mano de la Securities and Exchange Commision (la temible SEC) campea detrás de la operación, según medios norteamericanos.

Turquía: luces y sombras

El mismo Onur Genç, de origen otomano, ha sido el que hace pocas semanas anunciaba una sorpresa positiva en el negocio turco del BBVA, a través de Garanti. Tras los convulsos movimientos políticos registrados en Turquía durante 2018, el grupo decidió revisar el plan estratégico de su filial otomana y le endosaron una previsión de beneficio consolidable para 2019 de 232 millones de euros, cifra que suponía una brutal caída del 59,2% respecto de los 569 millones de resultado atribuido de 2018.

Ahora, tras una estabilización política y una caída menos dramática de la actividad económica, la nueva previsión para 2019 es de 443 millones millones, “más del doble de la anterior”, según se esforzó en enfatizar Onur Genç, pero todavía por debajo de la registrada en 2018, y ello a pesar de que el final del verano del año pasado fue especialmente duro para la economía turca y para el valor de su moneda (la lira) que llegó a caer en varios meses más de un 40%.

La divisa se ha recuperado algo este año y el control de la inflación ha hecho que tampoco se dispare a los niveles anteriormente previstos el índice de morosidad.

El negocio turco, en el que BBVA tiene invertidos más de 7.000 millones de euros, y que sirvió de paño de lágrimas de Francisco González cuando tuvo que salir de China, aportó a las cuentas consolidadas del grupo un 8,3% del beneficio atribuido total en los nueve primeros meses del año, cifra menor al 9,8% del conjunto de 2018. Sin embargo, las tensiones en ese país no han acabado y muchos analistas siguen considerando esta posición internacional de BBVA como de riesgo más alto del normal.

China y México, polos opuestos

Lejos queda ya aquella última semana de junio de 2007, poco más de un año antes de las Olimpiadas de Pekín de 2008, cuando Francisco González quiso vestir de largo su aventura más exótica, con la celebración en China de un consejo de administración del banco. Pocas horas después, partió en un vuelo chárter privado hacia México, donde también tenía que asistir a reuniones de trabajo con los directivos de su filial en el país azteca.

Seguramente por aquel entonces, cuando la tensión entre González, y su entonces consejero delegado y segundo de a bordo del grupo, José Ignacio Goirigolzarri, comenzaban a ser evidentes, nadie esperaba que diez años después BBVA abandonaría de forma abrupta su aventura china.

Goirigolzarri salió del banco poco tiempo después, en 2009, y a partir de 2013 BBVA comenzó su abandono del negocio chino. Aquella aventura no le salió muy cara al grupo, comparada con las de EEUU y Turquía. Sólo invirtió 3.300 millones de euros, con los que Francisco González prometía entrar en un mercado en el que únicamente el crecimiento del negocio de préstamos para comprar coches dispararía las cifras de beneficios de la banca local. Al final, el banco español se deshizo de sus participaciones por un total de 4.600 millones de euros.

El mensaje estaba claro. En noviembre de 2017, cuando se consumó la salida, el banco puso el énfasis en los 1.300 millones de caja que había logrado tras su paso por China. Pero la caja no va a la cuenta de resultados. Sin embargo, las minusvalías por pérdida de valor de los activos sí lo hacen. Y de esta manera, los ajustes realizados por BBVA en el balance de sus participaciones en China durante el proceso de venta sumaron 2.243 millones de euros (dos minusvalías de 2.300 y 120 millones, más una plusvalía de 177 millones).

Si la cifra total de minusvalías se resta a los 3.300 millones de valor inicial de la participación en la banca china, el resultado es que BBVA se dejó en esta aventura 1.057 millones de euros de pérdidas contables, por mucha caja que sacara del negocio de entrar e irse en poco más de una década. Tampoco parece, pues, para tirar cohetes, el paso del grupo por el mercado bancario chino.

México y el avión privado

En México, el destino de aquel viaje relámpago de 2007 entre Pekín y el continente norteamericano, las cosas parecen diferentes. Como decía un primer ejecutivo de un banco español ya retirado, la compra de un banco por otro sólo tiene sentido si el que compra aporta algo y a cambio aumenta su beneficio. Y eso fue lo que pasó con la inversión mexicana de BBVA, que ya estaba iniciada por el tándem Ybarra-Pedro Luis Uriarte cuando Francisco González llegó a la presidencia del grupo recién iniciado el siglo.

El anterior BBV, como se llamaba el banco antes de fusionarse con Argentaria y pasar a llamarse BBVA, ya estaba presente en México cuando la banca de aquel país fue privatizada en la última década de los 90. Francisco González fue nombrado presidente de BBVA en enero de 2000 y ese mismo año se materializaron algunas operaciones, como la fusión BBV-Probursa (nótese que se llamaba BBV), que dieron paso al nuevo banco mexicano BBVA Bancomer.

Esa operación fue realizada del modo tradicional. Se trataba de entrar en un negocio bancario que había sufrido década y media de nacionalización, poco eficiente y muy poco extendido entre la población. Había que trasladar la bancarización y métodos de gestión modernos de pagos y cobros. Eso era lo que aportaba el comprador (BBVA) y ahora resulta que 18 años después México supone el 43,1% del beneficio atribuido del grupo.

Los viejos del lugar recuerdan la anécdota del viaje relámpago de vuelta de FG a Madrid una vez desplazado a la capital azteca para la firma. Cuentan que FG, ya con la idea de desprenderse de Ybarra y Uriarte por las cuentas de Jersey, se negaba a firmar el compromiso mexicano pero en lugar de decirlo claro, contrató un avión privado y se volvió apresuradamente a España vajo el argumento de responsabilidades urgentes en Madrid. Que casualidad...

En el BBVA de después y a la vista de lo ocurrido con China, Turquía, Brasil y ahora USA, no dejan de repetir una idea central: FG es gafe, un ex vendedor de ordenadores o simplemente, un torpe. José María Aznar, que lo aupó a la presidencia de Argentaria, debe sentirse orgulloso.

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