OPINIÓN

Reforzar la Constitución para mejorar el clima (político y ambiental)

Tribunal Constitucional
Tribunal Constitucional

En vís­peras de la con­me­mo­ra­ción del 41º aniver­sario de la Constitución, Pedro Sánchez es­pera ob­tener un pro­ta­go­nismo total en la Cumbre del Clima COP25 que tiene lugar en Madrid en estos días, lo que eclip­sará la ce­le­bra­ción de la Carta Magna y la pre­sencia del rey Felipe en los actos co­rres­pon­dien­tes. Todo con­cuerda con la línea que ha to­mado el ac­tual par­tido so­cia­lista de Sánchez para cam­biar, pa­sito a pa­sito, ra­di­cal­mente la Constitución acor­dada en la transición po­lí­tica, en­filar de ma­nera de­ci­dida hacia un mo­delo fe­deral y poner en tela de juicio la Monarquía par­la­men­taria de 1978.

Este objetivo cuenta con la ayuda cómplice de los partidos catalanes secesionistas, los nacionalistas vascos (PNV y Bildu) y la colaboración imprescindible de Podemos. Se plasmará en el gobierno de coalición Sanchestein que se está negociando entre esas fuerzas políticas y el silencio de la oposición.

Las ambiciones de Sánchez son desmedidas y ha dado alguna muestra de ellas en los últimos tiempos. Por ejemplo, humilló al Rey al no comunicarle previamente el acuerdo con Podemos, anunciado de forma sorpresiva al día siguiente de las elecciones. Felipe VI se encontraba en visita oficial en Cuba. Sánchez también ha propuesto que el monarca viaje a Argentina a la toma de posesión del nuevo presidente. El Rey se ha negado porque se está en plenas negociaciones para la investidura.

A estas alturas ya no cabe la más mínima duda de que no hubo confusión ni error cuando en la recepción del 12 de octubre Sánchez se colocó al costado de los reyes para recibir también él y su mujer el saludo de las más altas autoridades del estado. Se ponían ambos así a la misma altura que los anfitriones reales, saltándose el protocolo y contra la lógica política de una democracia parlamentaria.

Al mismo tiempo, en algunas autonomías socialistas se va avanzando en la desaparición del Estado. Así, en la comunidad autónoma de Baleares, la presidenta socialista Francina Armengol prosigue su marcha triunfal hacia la catalanización del archipiélago. La última medida ha sido la aprobación mediante decreto de una oficina que velará por la supremacía del idioma catalán en las administraciones públicas y también en el trato particular con los ciudadanos. La oficina podrá actuar de oficio.

En el País Vasco, Sánchez ha prometido a los nacionalistas que eliminará los controles financieros sobre las instituciones hasta ahora autonómicas a cambio de que apoyen la investidura. Con esa medida se facilita la creación de estructuras de estado independiente, al igual que se hizo en Cataluña en tiempos de Artur Mas, preludio de la fallida declaración de independencia.

Sin embargo, en determinados ámbitos del partido socialista se han levantado voces que han alertado en contra del proceso de formación de gobierno de coalición con Podemos y de la negociación con los secesionistas para ganar su abstención. Han puesto de relieve que durante la pasada campaña electoral Sánchez prometió hacer lo contrario de lo que ahora está llevando a cabo. Dijo que un gobierno con Pablo Iglesias le quitaba el sueño; y expresamente condenó cualquier entendimiento con ERC.

En este ambiente político sórdido y enrarecido de Madrid tendrá lugar la cumbre del cambio climático en el que se mueven como pez en agua no contaminada esas fuerzas políticas y sociales que pretenden poner fin al régimen constitucional vigente y, en el terreno climático, recetar medidas radicales. La lucha en este campo, como aconseja el economista y experto en estos problemas Santiago Calvo, pasa por alejarse de las recetas demagógicas disparatadas de los populismos de izquierda y el negacionismo de los de derecha.

Es decir, que es necesario adoptar medidas basadas en las pruebas existentes y no en el activismo, como el que predican Greta, la niña de 16 años que se ha hecho famosa por los titulares de prensa, o la ministra para la Transición Climática, Teresa Ribera. Porque el activismo, precisa Santiago Calvo, polariza la sociedad e impide el razonamiento cabal y crítico.

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