Orange Bank reta a la banca es­pañola con fuego real de marca y clientes

La mayor parte de los bancos afrontan la competencia 'online' con la guardia baja

Hasta ahora, las me­jores ofertas al­ter­na­tivas te­nían una ca­pa­cidad de pe­gada li­mi­tada

Orange Bank.
Orange Bank.

El ate­rri­zaje de Orange Bank en el mer­cado es­pañol no ha de­jado in­di­fe­rente a nadie en en el sector fi­nan­ciero na­cio­nal. La banca do­més­tica tra­di­cional re­co­noce al nuevo actor como un com­pe­tidor muy po­tente, que viene ava­lado por una gran marca y más de 15 mi­llones de clientes en suelo es­pañol que le dan una gran po­tencia de fuego. Nada que ver con otros pro­yectos muy agre­sivos pero sin la pe­gada co­mer­cial de la que sí dis­pone Orange Bank.

"Hasta ahora la gran banca española había visto la irrupción de los neobancos con una mezcla de escepticismo y resquemor. Muchos de ellos lo están haciendo muy bien, pero sus marcas son en términos generales muy desconocidas todavía para el gran público. Crecen, pero el ritmo no es suficiente para asustar a los gigantes nacionales, cuyas poderosísimas redes comerciales pueden con casi todo", señalan en una gran consultora nacional.

Marcas como N26, Revolut, el andorrano MyInvestor (Andbank) o Pibank (de Banco Pichincha), entre otras, no han dejado de aumentar su presencia en suelo español haciendo valer su perfil de 'fintech' muy ágiles, diseñadas para ser gestionadas desde el teléfono móvil y con una estructura de costes muy competiva. Frente a estas entidades, la banca española compite con modelos muy potentes como los de Openbank (Banco Santander) o imaginBank (CaixaBank).

Pero la llegada de Orange, que abre fuego con una cuenta al 1% TAE que entra directamente en el podio de las mejores del mercado español, es percibida como un reto de grandes dimensiones, por más que su modelo esté todavía por testar en suelo internacional (en Francia tiene 344.000 cuentas abiertas y 122.000 créditos personales concedidos, cifras altas pero no extraordinarias dos años después de su lanzamiento) y que su oferta se circunscriba a los clientes de la operadora telefónica.

En realidad, Orange Bank es un adelanto de lo que viene, un primera prueba de fuerza para la banca española, que como todo el sector a nivel internacional sabe que el desembarco de los temidos 'gafas' (Google, Amazon y Facebook) en el negocio de los servicios financieros es sólo cuestión de tiempo. El proyecto de la criptomeda Libra por parte de Facebook ha provocado una virulenta reacción de bancos y de supervisores, mientras el sector vigila los acuerdos de Google con Citi lanzar cuentas corrientes a partir del año que viene.

Los modelos disruptivos de los nuevos actores son una amenaza real para la banca justo cuando más cuestionados están los ingresos y la rentabilidad por el actual escenario de tipos. Con los márgenes cayendo, la gran cuestión es cuándo el sector financiero recuperará el pulmón necesario para hacer frente a una competencia hoy en mantillas pero que, a la vista de los proyectos en marcha, puede ganar mucha velocidad en un corto espacio de tiempo. La larga etapa de tipos de interés bajos que se mantendrá durante al menos dos años dispara la incertidumbre.

"¿Por qué entidades que ahora son los segundos bancos de mucha gente no van a querer ser los primeros en cuestión de unos años. Hay neobancos que ya están ofreciendo servicios integrales de hipotecas, tarjetas, préstamos personales o cuentas y depósitos remunerados. Y Orange Bank viene con la idea de ampliar el negocio de cuentas y préstamos a otros como los fondos de inversión o de pensiones y de hacer universal la oferta, ahora restringida a clientes.Estos competidores irán dando pasos y arañando cuota a la banca tradicional", señalan fuentes del sector.

Mientras la amenaza 'online' se concreta -en España, un transatlántico como Telefónica ofrece préstamos rápidos de hasta 4.000 euros a clientes a través de Movistar Money- todavía en pequeñas dosis pero sin descanso, la banca tradicional sigue volcada en el objetivo de reducir costes y eliminar activos tóxicos para sanear las cuentas y aguantar el duro tirón que impone la política monetaria. Dos velocidades distintas y una nueva realidad en la que los nuevos actores son cada vez más, y más potentes.

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