OPINIÓN

El menospreciado papel del Rey en la actual crisis

Se hace ne­ce­sario cam­biar la ley elec­to­ral, aunque no ne­ce­sa­ria­mente para in­tro­ducir el sis­tema ma­yo­ri­tario

El Rey Felipe VI.
El Rey Felipe VI.

El Rey ha re­ci­bido al­guna crí­tica suave por haber en­car­gado a Sánchez que forme go­bierno, aunque no tiene ase­gu­rada aún la ma­yoría ne­ce­saria en el Congreso de los Diputados. Lo cierto es que la Constitución no es­ti­pula nada sobre este asunto y el mo­narca no puede de­cidir por sí en este tema, que de­pende de la de­ci­sión que adopte la pre­si­denta de la cá­mara (artículo 99- 1).

Esto formaría parte del poder arbitral que la Constitución le otorga en el artículo 56-1: el Rey “arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones”. Pero no puede ejercerlo en la práctica en la actual situación límite, porque los políticos se lo impiden. Y cuando lo ejerció hace dos años en su discurso para poner la línea roja ante el independentismo casi nadie se enfrentó a las infundadas críticas de éstos.

En este aspecto cabe formular una comparación con lo que sucede en el Reino Unido de Gran Bretaña, la democracia decana de los tiempos modernos. Allí ha tenido lugar una elección el pasado jueves, y ya el candidato triunfante se dispone a formar gobierno de manera inmediata sin necesidad de esperar el largo periplo protocolario que establece nuestro texto fundamental.

Es cierto que el sistema mayoritario británico favorece casi siempre la formación de mayorías claras y, en cualquier caso cuando es necesario, de las urnas salen combinaciones de dos partidos que históricamente no han encontrado dificultades para formar coaliciones de gobierno o apoyos parlamentarios.

La primera conclusión que se obtiene para España es que se hace necesario cambiar la ley electoral, aunque no necesariamente para introducir el sistema mayoritario; pero sí otro que refleje realmente y con más proporcionalidad los votos depositados en las urnas. Es decir, que un voto valga lo mismo en todas las provincias.

También se hace imprescindible agilizar los preceptos constitucionales (sobre todo el artículo 99) que regulan la formación de gobierno para que no haya plazos y requisitos tan disparatados. Éstos podían ser necesarios hace 40 años por la nula práctica democrática tras la dictadura, pero ahora ya existe una casuística extensa y los ciudadanos han adquirido una buena experiencia ejerciendo el derecho al sufragio.

Pero aparte de los usos constitucionales de cada país, el saber hacer de Gran Bretaña es una estrella segura en el firmamento político para orientarse en cómo conducir los asuntos de la política. Aun a sabiendas que la mayor parte de la clase política en España no está por la labor.

Para seguir este camino, es imprescindible ver la tercera temporada de la serie ‘The Crown’, una historia dramatizada de la casa de Windsor, que su creador Peter Morgan ha convertido en un manual imprescindible del que podríamos extraer excelentes conclusiones. No pretende ser un relato objetivo y real al cien por cien, pero a través de la interpretación subjetiva del autor refleja el papel medular que la corona desempeña en ese país.

El material televisivo no oculta los principales defectos personales y las conductas más discutibles de los Windsor, pero éstos siempre salen fortalecidos de los fracasos y con la lección bien aprendida. Gracias muchas veces a los consejos oportunos de primeros ministros como Churchill y Harold Wilson. O como sucedió con la catástrofe en 1966 en un pueblo de Gales donde murieron 116 niños. La reina tardó en reaccionar, pero pasados unos días actuó acorde con sus responsabilidades.

Es paradigmático el aprendizaje de tres meses de Carlos antes de acceder a la dignidad de Príncipe de Gales. Para ello tuvo que convivir en el domicilio de un nacionalista radical galés que le escrutaba con grandes reticencias y un cierto desprecio. Al finalizar el periodo, ambos comprendieron mejor el papel de cada uno y hasta nació una cierta simpatía mutua. Algo impensable si aquí pensamos en Junqueras o Puigdemont.

Y en la penúltima escena de la temporada, Peter Morgan pone en boca de la princesa Margarita un extenso párrafo dirigido a su hermana la reina, que está ante ella, de cómo debe comportarse para garantizar que la Monarquía y la Constitución inglesa (no escrita) funcionen. Termina con este diálogo: “Tu deber es mantenerlo todo en pie”. ¿Y debo hacerlo sola?, le contesta Isabel II. “Sólo hay una reina”, sentencia Margarita.

Artículos relacionados