Aunque no se puede ha­blar del fra­caso, la COP25 pa­sará a la his­toria sin pena ni gloria

La Cumbre del Clima pacta reducir emisiones pero aplaza un acuerdo sobre el carbono

La gran dis­tancia de la ne­go­cia­ción ha es­tado en los mer­cados de car­bono del Artículo 6

Acto de relevo en lap residencia del Clima.
Acto de relevo en lap residencia del Clima.

La cumbre del Clima COP25 ha lo­grado llegar a un acuerdo sobre la de­cla­ra­ción de Chile y Madrid donde se pide a los países que haya ma­yores es­fuerzos de re­bajar las emi­siones de CO2 a partir de 2020. El do­cu­mento sus­crito ma­ni­fiesta la “urgente ne­ce­si­dad” de que esos nuevos com­pro­misos de los países salven la brecha exis­tente en los ac­tuales res­pecto al ob­je­tivo de París. El ple­nario ha de­cido aplazar una de­ci­sión hasta Glasgow sobre los mer­cados de car­bono del Artículo 6.

Los 200 países asistentes a la COP25 de Madrid se comprometen a trabajar y profundizar en las respuestas a los daños irreversibles que provoca el cambio climático en los países más vulnerables en el marco del Mecanismo de Pérdidas y Daños. Han pactado igualmente un Plan de Género para dar respuesta al efecto desigual del cambio climático en las mujeres y niñas.

El intento de la presidencia de Chile en todo momento era que, pese al cierto fracaso, la cumbre no se cerrase sin ningún acuerdo medianamente vendible a la población mundial y a la parte científica. Al menos, ha logrado el compromiso de que los países salven la brecha respecto al objetivo de París, de evitar un aumento de temperatura superior a 1,5grados.

La decisión fue posible después de una intensa jornada de negociaciones durante todo el sábado y la noche del domingo y después de que la presidencia chilena de la COP nombrase a la ministra Teresa Ribera, facilitadora de tres puntos clave de la negociación: mayor ambición, Mecanismo de Pérdidas y Daños frente a los impactos de cambio climático y financiación.

Los miedos de Chile a un rotundo fracaso

El intento de la presidencia de Chile, que ha encabezado Carolina Schmidt, era que la COP no se quedase en simples intenciones y que no se llegase alcanzar compromisos más duros en el recorte de emisiones a partir de 2020. Más de 80 países han anunciado que presentarán compromisos de lucha contra el cambio climático más ambiciosos que los actuales al Acuerdo de París.

La Unión Europea y algunos países respaldaban esta idea pero no así los más duros de la negociación como China, India y Brasil. Los países más desarrollados han criticado también su falta de respaldo financiero para paliar los efectos de las catástrofes derivadas del cambio climático.

Los problemas del Artículo 6

La gran distancia de la negociación ha estado en los mercados de carbono del Artículo 6, con grandes derivaciones económicas entre los gobiernos y las empresas. Ante la imposibilidad de llegar a un pacto que todos los países lo cumplieran, este punto se ha dejado para la próxima cumbre de Glasgow (COP26).

Como adelantamos desde que arrancó la COP25 de Madrid, el punto de mayor fricción y por el cual se han estancado las negociaciones con los países duros -China, India, Brasil- es el temor a que pudiera darse lo que se conoce como doble contabilidad en la regulación de los mercados de carbono. Es decir, que una misma compra que sirve para el recorte de emisiones no se utilice a la vez en el país comprador y en el vendedor.

“Es uno de los puntos más controvertidos. Es enormemente técnico y enormemente importante también para poder saber que las toneladas de CO” que se están computando a las contribuciones nacionales o que se están vendiendo a los mercados internacionales responden a una realidad y no a una realidad contada dos veces”, señaló la ministra Ribera en una de sus declaraciones a la prensa.

Brasil, el país más exigente con el Artículo 6

Brasil ha sido uno de los países que más obstáculos ha puesto en este tema, pues consideraba que con el Acuerdo de París sale perjudicado respecto al Protocolo de Kioto. Los representantes brasileños han tratado de explotar el problema del mercado de los derechos de emisión, agarrándose siempre a que les ampara el Protocolo de Kioto y quiere que se tenga en cuenta ese aspecto. Es decir, que se le contabilicen los derechos que tiene acumulados.

Por su parte, la Unión Europea se ha mostrado en todo momento exigente en este punto y no estaba dispuesto a aceptar un pacto que no estableciese límites y normas para controlar que no se produjesen irregularidades y que hubiera países que se saltasen las normas, como Chin a e India.

Después de Brasil, China e India han sido los más duros, pues querían dilatar los compromisos fuertes a partir de 2023 y no ser más ambiciosos en las medidas a partir de 2020, tal y como se estableció en la cumbre de París de 2015.

Emisiones cero en 2050

Otro aspecto bastante escabroso ha sido el relativo a llegar a la neutralidad climática, al nivel cero emisiones en 2050, tal y como se ha comprometido la Unión Europea. La ministra Ribera se congratuló enormemente por la decisión que había adoptado la Comisión Europea de sacar adelante el Pacto Verde y el posterior respaldo por parte del Consejo Europeo de emisiones cero de CO2 para dentro de 30 años.

En palabras de la ministra, este compromiso comunitario -con las reticencias expresas de Polonia- puede actuar de presión sobre las grandes potencias y hacer que los países con un nivel tecnológico elevado vayan en la misma dirección.

El tercer punto de clave ha sido el relativo a los desastres naturales. Los países más pobres advierten que no pueden hacer frente a las catástrofes climáticas derivadas de las emisiones de CO2 lanzadas a la atmósfera por los países industrializados. Por esta razón, exigen compromisos financieros de los Estados para ayudar a hacer frente a estos desastres ecológicos

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