ANÁLISIS

Cómo Christine Lagarde corrige a Draghi y se convierte en el adalid de la estabilidad

La pre­si­denta del BCE apuesta por es­ti­mular la de­manda in­terna frente a las in­cer­ti­dum­bres glo­bales

Christine Lagarde
Christine Lagarde, BCE.

Los bancos han hecho llegar su men­saje a Christine Lagarde y la pre­si­denta del BCE ha res­pon­dido in­me­dia­ta­mente anun­ciando que la po­lí­tica mo­ne­taria del BCE va a ser so­me­tida a una re­vi­sión es­tra­té­gica, lo que viene a su­poner una im­por­tante en­mienda a la po­lí­tica del equipo an­te­rior co­man­dado por Mario Draghi y Luis de Guindos.

Lagarde sabía que los grandes financieros del mundo tenían puestos sus ojos en este su primer discurso económico como presidenta del BCE. Y no ha defraudado. Además de comprometerse a analizar los efectos negativos en la banca y en el crecimiento económico de los tipos negativos del Banco Central Europeo, ha apostado por estimular la demanda interna para afrontar las actuales incertidumbres mundiales y ante la eventualidad de nuevas crisis.

Lagarde también ha abierto con esta nueva intervención la puerta a que el Banco Central Europeo se inspire en las políticas de la Reserva Federal de Estados Unidos y se fije como otro objetivo prioritario de la institución que preside estimular el crecimiento económico y el empleo. La presidenta de la autoridad monetaria europea tendrá que buscar la fórmula para hacerlo, con el fin de que sus decisiones no superen el mandato constitucional del BCE cuyo objetivo prioritario es el control de los precios. Los mercados confían en sus posibilidades.

La banca de la Unión Económica y Monetaria, los Estados miembros de la eurozona y los propios miembros del consejo de Gobierno del Banco Central Europeo harán muy bien en estar atentos a los mensajes y decisiones Christine Lagarde. En su primera intervención como presidenta del banco emisor de la eurozona en el 29 Congreso del Banco Central Europeo ha dejado claro que no ha aceptado el cargo para ser una mandada o no hacer nada.

Más ideas propias

Está claro también que viene con ideas. Lo primero que ha hecho ha sido analizar el distinto resultado del crecimiento económico en una y otra zona, consecuencia de las distintas políticas aplicadas por la Reserva Federal de los Estados Unidos y del BCE. Las diferencias llaman a la reflexión.

En los últimos 10 años, los transcurridos desde la explosión de la crisis financiera y económica del 2007 muestran diferencias muy notables tanto en el comportamiento de los mercados como en el del crecimiento económico.

Por lo que respecta al ámbito de los distintos mercados, si nos centrarnos en España, mientras la bolsa española está todavía más de 40 % por debajo del máximo fijado por el Ibex en octubre del 2007, justo unos días antes de que el Banco Santander registrara más de 2.400 millones de plusvalías por la venta de la Banca Antonveneta, que llevaría a fijar el valor de la acción del banco cántabro en 13,98 euros.

Sirva el recuerdo de la cotización de aquellos días como reconocimiento a la consolidación que consiguió Emilio Botín del valor de la entidad. Cuando se hizo con la presidencia del Santander en 1986 la acción valía 43 pesetas, 0,26 euros. Cuando falleció el 11 de septiembre del 2015, con crisis incluida, la acción estaba en 7,65 euros. Es algo así como una revalorización del 2.900 %.

En cuanto al Dow Jones, ha experimentado una subida de más del 90 % de los máximos establecidos antes de la crisis, en este caso un mes más tarde de que lo fijara el Ibex, en noviembre del 2007.

Si nos fijamos en el crecimiento económico la diferencia del balance entre Europa y Estados Unidos también es abismal. La zona euro ha crecido un 14,5 % en diez años frente al 26 % que ha logrado crecer EEUU. Es decir, Europa ha logrado un crecimiento medio anual del 1,1 % frente al 2,1 % de Estados Unidos.

En el ámbito de la creación de empleo las diferencias si caben son todavía superiores. Mientras Estados Unidos ha generado 21,9 millones de nuevos puestos de trabajo en la eurozona esta cifra se reduce a 9,1.

De forma resumida cabe decir que la eurozona lo ha hecho la mitad de bien que Estados Unidos. Es el fracaso que parece haber estimulado a Christine Lagarde a pronunciar su ambicioso discurso en el que recuerda textualmente que “a lo largo de los diez últimos años, el crecimiento de la demanda interna ha sido inferior en casi 2 puntos en comparación con los diez años anteriores previos a la crisis, y también inferior a la de nuestros principales socios comerciales”.

Se puede leer en su primera intervención oficial como presidenta del BCE, a cuya lectura íntegra puede accederse desde esta página web: https://www.ecb.europa.eu/press/key/date/2019/html/ecb.sp191122~0c1f115db0.en.html

Son siete páginas de fácil lectura donde se pregunta lo que puede hacer el Banco Central Europeo y lo que pueden hacer los Estados miembros.

**Estabilidad de precios^^

Apunta que por lo que respecta a los Estados “la cuestión es saber lo que pueden hacer las políticas públicas para sostener nuestra demanda interna y nuestro potencial de crecimiento”.

En cuanto a los objetivos de la estabilidad de precios, mandato principal del BCE, sugiere abrir en un futuro próximo un debate para evaluar y modificar, si fuera necesario, este objetivo.

De momento ha sido solo un discurso. No ha dicho aquello que pronunció su predecesor para salvar el euro, de que “haremos todo lo que haya que hacer” a lo que añadió, “tenemos los medios”.

Su intervención, sin embargo logró que todos los bancos salvaran ese día su cotización, que podría ser el punto de inflexión que necesitan después de tantas advertencias lanzadas desde el propio BCE sobre la compleja situación del sector, que en nada le ha favorecido para que los inversores confiaran en su estabilidad futura.

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