OPINIÓN

Quim Torra, del banquillo a las elecciones anticipadas

Si el pre­si­dente ca­talán es in­ha­bi­li­tado por el TSJC, no habrá otra sa­lida que elec­ciones an­ti­ci­padas en Cataluña

Torra sale de la Audiencia.
Torra sale de la Audiencia.

La au­diencia del lunes 18 de no­viembre ce­le­brada en TSJC (Tribunal Superior de Justicia de Catalunya), dejó listo para sen­tencia la even­tual in­ha­bi­li­ta­ción y multa al pre­si­dent de la Generalitat, Quim Torra, por haber des­obe­de­cido a la JEC (Junta Electoral Central) que le or­denó re­tirar las pan­cartas sobre los 'presos po­lí­ti­cos', du­rante la cam­paña elec­toral del pa­sado mes de abril.

Torra se autoinculpó, al no reconocer la potestad de la JEC, por ser un órgano de rango inferior a la presidencia de la Generalitat. Caso de ser condenado podría ser sustituido por el vicepresident, Pere Aragonés, que en el plazo de diez días convocaría elecciones anticipadas en Cataluña.

Con o sin condena –el abogado de la defensa, Gonzalo Boyé, el mismo que defiende al Carles Puigdemont ante la Justicia de Bélgica de la Eurorden de extradición, ya ha anunciado que recurrirá al Tribunal Supremo y al Tribunal de la Unión Europea– todo va camino de la convocatoria electoral en Cataluña.

Pero el calendario preelectoral está condicionado por varios factores. El primero pasa por la postura de los partidos independistas (ERC, JxCAT y CUP) ante la formación del gobierno liderado por el presidente en funciones, Pedro Sánchez.

Postura común independentista

De momento hay diálogo para presentar una postura común en el Congreso, donde los 23 diputados pro independentistas, uno más que en el anterior parlamento. La posición es de “no” a la investidura de Sánchez.

Un “no” de salida, que podría resquebrajarse por el pragmatismo de ERC, que guiado desde la cárcel de Lladoners por su líder Oriol Junqueras, debe elegir desde su punto de vista entre lo malo o lo peor.

Los republicanos pueden acabar inclinándose por la abstención, lo que daría la presidencia a Pedro Sánchez, en una segunda votación. Intentan, sin embargo, conseguir garantías firmadas de que haya diálogo sobre el problema catalán. De momento reina la más absoluta discreción.

Si ERC pacta, de alguna forma, con el PSOE – cosa que no harán ni JxCat, ni por descontado la CUP – será un precio a pagar, con toda probabilidad, cara a una nueva cita electoral en Cataluña, que podría llegar en primavera del próximo año.

JxCat, teledirigido desde Waterloo por Carles Puigdemont, aguantó mejor de lo previsto la última cita electoral de las generalas del pasado 10-N, e incluso ganó un diputado con siete escaños, mientras ERC perdía dos, quedando con trece, que posiblemente fueron a parar a los dos ganados por la CUP que se estrenará en Madrid.

Otra incógnita que pesa en la escena política catalana, al margen de los problemas judiciales de Quim Torra, radica en la aprobación de los presupuestos de 2020, después de dos años de prórrogas. ERC podría contar con el apoyo de los Comunes (Podemos, en Cataluña), sobre todo si hay gobierno de coalición PSOE-Podemos, en España. Y, de rebote, también participaría el PSC, a quien le bastaría la abstención.

Cataluña, en definitiva, podría ir tras una nueva cita electoral hacia un segundo “tripartito” – como el que lideró el socialista Pascual Maragall, con ERC e Iniciativa Verds (hoy Comunes) – dejando en la oposición al partido hoy por hoy más radical en las tesis pro independentistas, que sería JxCat, de Puigdemont, junto a la CUP.

Y, entretanto, Quim Torra quedaría para el recuerdo, tras haber llegado a la presidencia de rebote al no aceptar el gobierno central las candidaturas de Jordi Sánchez y Jordi Turull, que ya estaban en prisión preventiva, tras los resultados de la última cita electoral en las autonómicas catalanas, del 21 de diciembre de 2017.

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