Sin re­cu­pe­rarse de la úl­tima cri­sis, se dis­pone a afrontar una nueva des­ace­le­ra­ción mun­dial

La economía española, sola frente al peligro de un eventual Gobierno gastador

La deuda de casi el 100% del PIB di­fi­culta el papel del Estado como mo­de­rador en tiempos ad­versos

Deuda pública
Deuda pública

La eco­nomía es­pañola sigue sin re­cu­perar el mo­mento de forma que tenía cuando se pro­dujo el pin­chazo de la bur­buja in­mo­bi­liaria en 2007, al que si­guió la in­fernal la crisis tras la quiebra de Lehman Brothers. Doce años des­pués, la deuda se en­cuentra a las puertas del 100%, un freno para las op­ciones del Estado para em­pujar la eco­no­mía, hay un mi­llón de pa­rados más, el dé­ficit pú­blico se ha cro­ni­fi­cado y nues­tras em­presas son menos ren­ta­bles. Indicadores muy preo­cu­pantes res­pecto al fu­turo y más ante el reto de un go­bierno po­ten­cial­mente gas­ta­dor.

Todo el mundo aguarda la crisis con temor. Nadie se atreve a decirlo, pero se palpa el miedo en la ciudadanía. Porque conocen lo que va a venir. El pánico al desempleo provocará una contracción del consumo, en un momento en que el proteccionismo descuelga sus tentáculos en todo el mundo. A los efectos nefastos de los aranceles habrá que añadir los del Brexit. El sector exportador va a sufrir mucho.

A todo ello se añade un pequeño detalle, que las empresas españolas son menos rentables que en los momentos previos a la última crisis. Así lo desvelaba recientemente el Banco de España. El rendimiento medio en el entorno del 15% antes de la crisis se ha reducido en cinco puntos, hasta la zona del 10%.

Más madera

Llueve sobre mojado. Aún no se ha manifestado la crisis en toda su virulencia, cuando la Unión Europea asegura que el Gobierno deberá hacer un ajuste de 6.600 millones de euros para mantener la senda de la estabilidad presupuestaria.

Lo más triste de la situación actual es que esta borrasca económica larvada se va a producir cuando aún no se han restañado las heridas de la crisis de hace doce años. No se trata de un hecho aislado, la mayoría de los países no ha tenido ningún interés en realizar las reformas que se necesitaban y se han limitado a vivir de la política de tipos bajos aplicada por los bancos centrales. Así lo ha denunciado Mervin King, el que fuera gobernador del Banco de Inglaterra, en un pronunciamiento en el seno del Fondo Monetario Internacional (FMI).

La situación del mercado laboral resulta absolutamente dramática: hay un millón de parados más que hace doce años. Se ha expulsado o “torturado” laboralmente a los mayores de 45 años y, lo que es peor, el deficiente funcionamiento del circuito de empleo en España ha obligado a 2,5 millones de españoles a marcharse al extranjero para encontrar un trabajo digno. ¡Qué lástima de economía!

La situación es grave y muchos ciudadanos prefieren mirar hacia otro lado (una actitud que jamás se había visto en España hasta la última crisis) que reconocer cómo ha cambiado el país. La población en riesgo de pobreza roza ya los diez millones de personas, lo que supone el 21,5% del total. Son casi 1,2 millones más que en 2007, que maneja una renta anual de 8.871 euros.

Al límite

¿Se puede vivir con 740 euros al mes? La anterior tormenta económica había expulsado del mercado a muchos trabajadores que están viviendo del “auxilio” de los 420 euros al mes. Las cifras del paro provocan vértigo, al situarse en los 3,2 millones de personas, frente a los 2,129 millones que había en 2007. El desempleo había caído en aquél año hasta el 7,9%, pero ahora se encuentra al 13,8%.

Menos mal que entre tanto dato malo, siempre se encuentra uno positivo. La renta per cápita actual es de 25.730 euros anuales, lo que implica que ha crecido un 7,65%, frente a los 23.900 de hace doce años.

En medio de este maelstrom económico, el Estado, el actor económico encargado de empujar la economía en un momento de crisis, se encuentra completamente amordazado. En 2007 la deuda se encontraba en un virtuoso 35,8% del PIB, mientras existía un superávit presupuestario del 1,89%. Hoy, el endeudamiento público se ha disparado hasta el 97.90%, mientras existe un déficit público del 2,54%.

Un pobre bagaje ante la que se viene encima. Mientras tanto, quienes deben poner paños calientes sobre tanto desaguisado, siguen enzarzados en una batalla megalómana de poltroneros, arribistas y trileros. Y en el horizonte, un eventual Gobierno cuyo mayor objetivo es el gasto público.

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