ANÁLISIS

Frankenstein se llama Oriol

Las fan­ta­sías de­mos­có­picas de Sánchez ali­men­tadas por Jose Feliz Tezanos se han con­ver­tido en una pe­sa­dilla

Carles Puigdelmont
Oriol Junqueras, ERC.

Pedro Sánchez pro­mete un go­bierno pro­gre­sista sí o sí. Y lo hace desde el borde del acan­ti­lado de sus 120 dispu­tados, tres menos de cuando con­vocó elec­ciones para acabar con el blo­queo por la iz­quierda y la de­re­cha. Sus fan­ta­sías de­mos­có­picas ali­men­tadas por Jose Feliz Tezanos se han con­ver­tido en una pe­sa­di­lla. En el len­guaje san­chista un go­bierno pro­gre­sista in­cluye siempre a Unidas Podemos, pero el precio de la coa­li­ción esta vez será mas alto. Cosas del mer­cado elec­to­ral. En tiempos de es­casez los votos suben de pre­cio.

Pero ni aún así se alcanza una mayoría de Gobierno. Se podría, aunque es difícil, un bloque para la investidura, contando con las abstenciones necesarias. Pero para aprobar unos nuevos presupuestos, algo absolutamente imprescindible, se necesita esa mayoría parlamentaria, que como dijo el añorado Rubalcaba, sería una mayoría Frankenstein. Y este momento Frankenstein se llama Oriol Junqueras, condenado y preso por sedición.

Sánchez ha devorado al Partido Socialista Obrero Español y no parecen existir contrapesos partidarios a su personal liderazgo. La trayectoria de Sánchez, desde su llegada a la secretaría general, ha sido un camino de sobresaltos y huidas hacia adelante, en busca de una estabilidad que no llega. El problema es que ha contagiado su errático rumbo a la sociedad española, escindida hoy en, al menos, tres bloques que se detestan. Derecha, Izquierda, y nacionalistas más o menos independentistas.

La centrifugación que la política española está registrado en los últimos años se refleja en un ese Parlamento en le que crecen los partidos regionalistas/nacionalistas y donde Teruel y Melilla son las últimas adquisiciones para hacer compañía al inefable partido cántabro. Es una dinámica que puede arrastrar al Estado den las Autonomías a su implosión.

Con la situación de Cataluña lejos de estar controlada y con un peso probablemente decisivo de las fuerzas secesionistas en el Parlamento, el panorama político y social es incierto. Las voces mas radicales se van hacer oír enseguida. Bildu con grupo parlamentario, la CUP con dos escaños. A todo ello, hay que apuntar las más que probables elecciones en Cataluña en los próximo meses, que gravitarán sobre la formación de esa mayoría progresista/ sanchista en Madrid. Un rompecabezas complejo y , tal vez, explosivo.

El hundimiento de Ciudadanos, pese a estar anunciado, se convirtió anoche en el símbolo de una situación: cuando el centro se hunde crecen los extremos. El triunfo de Vox, indiscutible, empaña la subida del PP, que queda a la espera, como siempre. A Sánchez le toca iniciar esta nueva etapa, más obscura y complicada que nunca. Sánchez está al borde del acantilado y puede despeñarse si se vuelve a equivocar. España, también.

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