ANÁLISIS

Los lapsus de Pedro Sánchez inundan su discurso electoral

Crecen las voces que piden una gran coa­li­ción, o un pacto de le­gis­la­tura, entre el PSOE y el PP

Elecciones
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Dado que las en­cuestas dan una vic­toria mi­no­ri­taria al par­tido so­cia­lista, la de­manda para la for­ma­ción de una gran coa­li­ción post­elec­toral se di­rige sobre todo al pre­si­dente en fun­cio­nes, Pedro Sánchez. Todavía re­suena en el ám­bito po­lí­tico su frase de “No es no” de enero de 2016, cuando negó la po­si­bi­lidad de cons­ti­tuir un go­bierno de gran coa­li­ción, pre­si­dido por Mariano Rajoy, lo que hu­biera su­puesto en­tonces el fin del blo­queo po­lí­tico. También aban­donó su es­caño en oc­tubre de 2016 para no abs­te­nerse y fa­ci­litar un eje­cu­tivo del PP.

La trayectoria seguida por Sánchez ha levantado dudas entre los barones de su partido. Hay lapsus de palabra que traicionan emocionalmente a la persona que los tiene. Por ejemplo, el que protagonizó el presidente socialista extremeño, Guillermo Fernández Vara, cuando profetizó a los cuatro vientos que “el próximo inquilino de la Moncloa “será Felipe González… ¡Pedro Sánchez!”, rectificó de inmediato ante el estupor de este último y de los asistentes al mitin.

Un despiste un tanto sospechoso si recordamos que González dejó la Moncloa hace 23 años. Y tampoco parece un lapsus, sino desconocimiento, el error que tuvo Sánchez en esa región al denominar “jamón serrano” al ibérico que se produce en Extremadura. Lo peor de todo es que, al contrario que Vara, no quiso rectificar más tarde.

Desde que el actual presidente español llegó a la Moncloa no ha sido capaz de gobernar en plenitud de funciones, bien porque el gobierno salido de la moción de censura en junio de 2018 era un ejecutivo muy débil, bien porque en las elecciones de abril no obtuvo en realidad ninguna victoria, en contra de lo que él mismo y su partido habían proclamado con grandes alharacas.

Como se ha visto en estos meses, 213 diputados no han bastado para formar un gobierno estable. La debilidad de Sánchez hizo que pactara la moción de censura con los independentistas con todas las cesiones políticas que ha tenido que dar, aunque no se hicieran públicas. Ahora ha permitido que el partido socialista de Navarra se haya entendido con los nacionalistas, Bildu y Podemos para formar el gobierno foral en Navarra.

El nuevo ejecutivo socialista está permitiendo que continúe la labor del anterior gobierno foral, que estaba presidido por una filonacionalista vasca, cuyo principal objetivo era dar los pasos necesarios para la integración de la comunidad foral en el País Vasco en un futuro no lejano. Esta situación debilita claramente al Estado y pone en riesgo a medio plazo la fortaleza de la Constitución de 1978.

Por si fuera poco, el gobierno socialista asturiano se prepara para declarar la cooficialidad de lo que pomposamente se denomina en los círculos protonacionalistas la lengua asturiana. No existe un idioma como tal, sino giros lingüísticos y vocablos, que varían según los valles. Esa suma de giros ultralocales se han promovido en la televisión autonómica en los últimos años para conseguir la formación de un idioma asturiano. E incluso se quiere incluir en la cooficialidad el dialecto astur-galaico que se habla en la no muy poblada zona limítrofe con la comunidad vecina.

Una semilla nacionalista más, sembrada en donde no había ningún problema de ese tipo, y en la que el idioma materno de todos es el español. Precisamente en la región que se considera “la cuna de España”.

Estas contradicciones de Sánchez han provocado que Felipe González haya revelado públicamente, con un punto de ironía, que le cuesta entender a su tribu socialista y que se siente un Churchill por comparación con la actual clase política.

La declaración tuvo lugar en un acto inusual en 40 años de democracia, que reunió a los expresidentes Felipe González (PSOE) y Mariano Rajoy (PP) para exponer la necesidad de que tras las inminentes elecciones se forme un gobierno estable. Objetivo para el que los dos partidos deben entenderse sin excusas. Porque tampoco los partidos de centro derecha han puesto las cosas fáciles aportando su disponibilidad para encontrar soluciones al bloqueo político.

Una difusa situación que se produce en vísperas de la publicación de la sentencia del Tribunal Supremo que impartirá justicia a los presos golpistas catalanes, y que traerá muchas complicaciones políticas y de orden público. En un momento en que se duda de que estén a los mandos las personas idóneas para hacer frente a estos graves desafíos.

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