El “mago” de las Finanzas Mario Centeno fue la mejor baza elec­toral de los so­cia­listas

España funciona como antídoto para afianzar la estabilidad política y social portuguesa

Los so­cia­listas lusos se­guirán go­ber­nando en so­li­tario con el apoyo de un solo par­tido y no tres como antes

Antonio Costa
Antonio Costa

Los re­sul­tados elec­to­rales en Portugal no dejan lugar a es­pe­cu­la­cio­nes. Los ciu­da­danos lusos se han acos­tado este do­mingo con una nueva di­la­tada vic­toria del Partido Socialista (PS) de António Costa, que aunque no ha al­can­zado la ma­yoría ab­so­luta que hace un par de se­manas se anun­ciaba como pro­ba­ble, tiene ga­ran­ti­zado se­guir go­ber­nando en so­li­ta­rio. Eso si, con el apoyo de apenas uno de los par­tidos de los tres de la iz­quierda más ra­dical que antes sus­ten­taban su go­bierno en so­li­ta­rio.

Según los últimos recuentos, el PS ha conseguido el 36,6% de los votos y 106 escaños (veinte más que los 86 en 2015), seguido del PSD, con 28% y 77 escaños; Bloco de Esquerda, 9,7% y 19 escaños (igual que en 2015); PC, 6,7% y 12 (cinco menos); CDS, 4,2% y 5 escaños; PAN, 3,3% y 4 diputados (gana 3), y las nuevas entradas de Iniciativa Liberal, Chega y Livre, con un diputado cada uno. En las anteriores elecciones PSD y CDS fueron juntos y obtuvieron 107 escaños por los 82 que han obtenido este domingo.

En un Parlamento de 230 diputados como es el portugués, los socialistas solo necesitarían los votos del Bloco de Esquerda (BE) o del Partido Comunista (PC) para contar con 116 diputados. Es decir, le sobraría con el apoyo de solo uno de ellos.

Gobernar en solitario

Gobernador en solitario con apoyo de tres partidos de la izquierda más radical, es lo que ha hecho Costa durante los últimos 4 años, gracias a la estrategia de la “geringonça” (“chapuza” en portugués). O sea, con el simple apoyo parlamentario del Bloco de Esquerda (BE), del PCP y de los Verdes, que al contrario de Podemos en España, están menos interesados en un gobierno de coalición que en mantener sus respectivas cuotas de poder y de influencia política.

De hecho, durante la campana electoral António Costa evitó hablar de “mayoría absoluta”. Lo más lejos que alcanzó fue advertir que el PS no podría gobernar con las manos atadas, o sea que necesita una “vitoria clara” para no tener que sufrir la misma trampa española del bloqueo político-institucional, con un PSOE frágil y un Unidas Podemos intransigente.

Sin embargo, aunque el BE sea la versión lusa del partido de Pablo Iglesias, a nadie escapa que su radio de acción es muy distinto, además de tener un cuadro ideológico más homogéneo, sin populismos de izquierdas ni de derechas. Portugal no sufre, como España, los mismos problemas de identidad nacional, de amenazas separatistas ni la crispación política española.

Chapuza nacional

Después de 4 años de “geringonça”, los analistas portugueses hablan ahora de una ola “Mee Too Social Demócrata”, fomentada por el “mago” de las Finanzas, Mario Centeno, que bate récords de popularidad y al cual se atribuye todo el mérito del saneamiento de las cuentas públicas, recuperación del PIB, creación de empleo, mejora de los salarios y pensiones, etc...

Un cambio radical, tras la durísima cura de austeridad impuesta por el anterior gobierno social-demócrata dirigido por Passos Coelho, que desde el primer día estuvo bajo el férreo control de la “troika” FMI/BCE/UE, a cambio de una ayuda de la UE de 78.000 millones de euros, como consecuencia de la crisis y de la megalomanía del anterior gobierno socialista de José Sócrates.

De chapuza a milagro

Para afianzar el tan proclamado “milagro”, lo primero que hizo Centeno fue poner como máxima prioridad el saneamiento de las cuentas públicas, cuyo déficit de un 5% del PIB entre 2012 y 2014 pasó al 0,4% en 2018, y al 0,2% previsto para este año, sin descartarse, en absoluto, la posibilidad que el país alcance ya el objetivo del “déficit cero" en 2020.

Lo cierto es que todo salió bien a Centeno: la “geringonça” no fue obstáculo para que los inversores internacionales, empezando por los españoles, apostaran en Portugal (inmobiliario, seguros, banca, distribución…); el “boom” turístico sigue imparable; las exportaciones de bienes y servicios crecen a un ritmo del 13,7%; y prácticamente solo se respira optimismo.

La evolución de la tasa de paro es buena prueba de ello. En los momentos más agudos de la crisis, tras la intervención de la “troika” y con Passos Coelho como primer ministro, el paro casi alcanzó el 15%, frente al 6,5% actual. Además de la emigración (500.000 portugueses dejaron el país entre 2010 y 2015), los últimos cuatrp años la economía lusa generó 350.000 empleos.

Todo sobre ruedas

Lo cierto es que nadie habla de crisis. Como buen prestigitador Mario Centeno sacó a la luz del día un nuevo indicador económico que da cuenta de lo bien que va la economía nacional: la renta nacional bruta de la población residente, que según sus cuentas, sacando provecho de la pérdida de población, creció un 4,4% en 2016, un 5,3% en 2017 y un 4,4% en 2018.

El “Ronaldo de la Finanzas” hizo también une revisión a la alza del crecimiento del PIB, que pasó así del 1,9% al 2% en 2016, del 2,8% al 3,5% en 2017, del 2,1% al 2,4% en 2018, y del 1,9% al 2,1% en el primer semestre 2019. El objetivo Centeno, con tasas de inversión del 11,5% en 2017 y del 5,8% en 2018, es que Portugal crezca a un ritmo superior al de España.

Fue con cuenta gotas que Portugal pasó pagina de la austeridad. Así, pese a mantener un férreo control sobre el gasto público (la Administración lusa solo puede utilizar parte del gasto presupuestado), “descongeló” el salario de los funcionarios (en menos una década perdieron un 10% del poder de compra), y, en dos años, la pensión mínima pasó de 485 a 600 euros.

La reacción de los mercados no pudo ser más positiva. Para las agencias de “rating” Fitch, Moody’s y S&P, la deuda lusa, cuyo ratio del 120% del PIB siegue siendo la tercera más alta de la UE (Italia tiene un 134% de deuda y Grecia un 175%), está ahora dos niveles por encima del nivel de “basura”, como inversión de calidad, y con unas perspectivas (“outlook”) positivas.

De ahí, que el precio de la deuda lusa esté hoy prácticamente al nivel de la española: con la preciosa contribución del Banco Central Europeo, con repercusiones iguales de positivas en todos los países europeos, la última emisión de deuda a 10 años bajó y fue colocada al nivel histórico del 0,264%, y en plazos más cortos, ya llega al mercado a tasas de interés negativas.

Lado oscuro

Pero, el “milagro” de Centeno ofrece también un lado oscuro: creciente deserticización de las zonas del interior, falta de medios logísticas para combatir el drama anual de los incendios, incremento brutal de los alquileres (el alojamiento social solo representa un 2% del total), la situación lamentable de la Salud pública (solo recibe un 4,3% del PIB), la inexistente red ferroviaria, etc...

Así, pese a la evolución positiva de la situación financiera del país y de los datos macro económicos, Portugal sigue muy alejado de los niveles de referencia europeos: el salario mínimo nacional no supera los 600 euros, y una tercera parte del empleo creado durante los últimos anos corresponde a contratos basura (65% de los jóvenes), y con salarios medios de 700 euros.

De ahí, la cadena de conflictos sociales que día tras día se dan prácticamente en todos los sectores de la economía y de la población: médicos, enfermeros, profesores, funcionarios de justicia, agentes de las fuerzas de seguridad, etc., sin olvidar los transportistas de materias peligrosas, cuyas huelgas generales dejaron parte de la red de gasolineras sin suministros.

Optimismo general

Sin embargo, lo que más se respira en el país es un clima si no de optimismo general, por lo menos de relativa satisfacción por el trabajo realizado los últimos años por el gobierno de António Costa, cuya mejor coartada para mantenerse en el poder, aunque sea sin mayoría absoluta, fue sin duda la popularidad de su “mago” de las Finanzas, y la incapacidad política de la oposición: la derecha representada por el PSD (social demócrata) y el CDS (demócrata cristiano).

Hasta es posible que el PS no esté condenado a seguir con la estrategia de la “geringonça”: de confirmarse las últimas previsiones en las elecciones, para no tener que rendir cuentas al BE (podría caer en la tentación de seguir la misma estrategia de desgaste de Podemos), solo necesitaría el apoyo de los comunistas y de los verdes, sin descartar, también, la posibilidad de un acercamiento a Rui Rio, que este domingo solo espera un resultado suficiente para seguir dirigiendo el PSD.

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