Sin los cre­cientes in­gresos por co­mi­sio­nes, el sector es­taría en pér­didas

La banca es incapaz de reducir los costes al mismo ritmo que el margen de intereses

Sólo un tercio de las co­mi­siones pro­ceden de ser­vi­cios es­tric­ta­mente ban­ca­rios

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Bancos en el mundo.

A pesar de los be­ne­fi­cios mul­ti­mi­llo­na­rios de la gran banca, la cuenta de re­sul­tados del sector fi­nan­ciero pre­senta al­gunas do­len­cias cró­ni­cas, como la caída a plomo del margen de in­tere­ses, sin un re­corte equi­va­lente en los costes ge­ne­ra­les, y que úni­ca­mente es com­pen­sada por las co­mi­siones y la re­duc­ción de las pér­didas por cré­ditos fa­lli­dos. Así se des­prende de los datos ex­traídos por el Banco de España de los es­tados de su­per­vi­sión que mues­tran algo más: sin las co­mi­sio­nes, el sector es­taría en pér­di­das.

Hay datos que en sí mismos son demoledores. En los últimos cinco años, desde 2014 hasta ahora, lo que cobran los bancos por intereses de los préstamos que dan a sus clientes ha caído desde los 54.734 millones anuales de 2014 a los 32.647 millones de 2018. Y en 2019 la tendencia se mantiene, ya que en la primera mitad del año la cifra se ha quedado en 16.545 millones, lo que augura un total para el conjunto del año que puede acercarse como mucho a los 33.000 millones.

La culpa de todo esto la tienen los bajos tipos de interés impuestos por el Banco Central Europeo (BCE) para salvar a Europa de la crisis y evitar problemas de recesión. Pero también tiene una cara buena. Lo que la banca española en su conjunto pagó en 2014 por los depósitos de dinero que les entregaban sus clientes ascendió a 27.613 millones de euros. En 2018 la cifra se quedó en 9.370 millones y en los primeros seis meses de 2019 esa partida de costes ha sido de 5.003 millones.

**Menos margen La diferencia entre los ingresos y los costes, el denominado margen de intereses, al que los directivos de los bancos achacan la mayor parte de los males del sector, ha pasado de 27.118 a 23.277 millones entre 2014 y 2018. La caída, pues, ha sido de algo menos de 4.000 millones de euros, pero que representa una cuarta parte del beneficio conjunto del sector de 2018, que ascendió a 12.356 millones. La pregunta es por qué el sector no ha sido capaz de reducir los costes generales en la misma proporción y entonces no habría problema.

La respuesta a esta cuestión está en los datos. El capítulo de gastos de explotación del sector ha pasado de 26.116 a 25.990 millones entre 2014 y 2018. En los seis primeros meses de 2019 asciende a 13.089, lo que le coloca en línea con los ejercicios anteriores para el conjunto del año. ¿Es imposible bajarlo más? Dentro de este capítulo, el coste de personal, con 13.648 millones en 2018 es uno de los apartados más importantes. Y ahí, los efectos de ahorro se notan a largo plazo, porque los ajustes de personal provocan gastos extraordinarios que los bancos tienen que contabilizar cuando se producen.

Así, la plantilla general de la banca española ha pasado de 202.961 empleados a finales de 2014 a 187.182 trabajadores en 2018. El descenso ha sido del 8% y, sin embargo, la partida de gastos de personal sólo ha caído en un 4,7%. La banca sigue anunciando expedientes de regulación de empleo (ERE) y ajustes de personal, pero el ahorro de verdad se notará cuando hayan pagado las indemnizaciones y dejen de contabilizar la parte del salario que les pagan a los empleados despedidos durante unos años.

Costes crecientes

El resto de los costes generales, que básicamente son de infraestructura organizativa (sucursales) y soporte informático para que los bancos funcionen, no sólo no ha bajado, sino que ha crecido. El número de oficinas abiertas al público ha pasado de 32.073 a 25.759 entre 2014 y 2018. Un descenso del 19,7% que, sin embargo, no ha evitado que los costes generales (excluidos los de personal) hayan crecido en el mismo período en 555 millones de euros, que suponen un incremento del 4,7%. Así pues, no parece que los cierres de sucursales surtan el efecto deseado de recortar los costes de infraestructura.

En definitiva, pues, lo que constatan los números globales del sector es que las entidades financieras no son capaces de modular los descensos de costes acorde con las caídas del margen de intereses. Y eso traslada el problema a otras partidas de la cuenta de resultados para seguir manteniendo un beneficio igual o superior al del año anterior. Las comisiones son una de las panaceas por la parte de los ingresos, mientras que el descenso de la morosidad lo es por el lado de los gastos.

Comisiones salvadoras

Veamos ahora otro de esos datos que llaman poderosamente la atención. Quitando de la lista el año 2017, que acabó con resultado contable negativo para el conjunto del sector por la crisis del Banco Popular, lo que sí se repite año tras año es que la cifra de comisiones netas (las cobradas menos las pagadas) percibidas por el sector financiero es superior a la cifra final de beneficio. Es decir, sin las comisiones, la banca estaría en pérdidas.

Y la tendencia continúa. En el primer semestre de 2019, las entidades financieras españolas han registrado un ingreso por comisiones netas de 6.038 millones de euros, superior a los 5.326 millones declarados como beneficio global del sector, según las cuentas del Banco de España.

Pero ahí no se acaban las sorpresas de los datos. De los 6.038 millones de comisiones netas registradas por la banca en el primer semestre de 2019, sólo el 34% corresponden a cobros estrictamente bancarios (servicios, cobros y pagos). Esto significa que dos tercios de las comisiones provienen de un negocio distinto del de dar créditos y administrar depósitos.

Las comercializaciones de productos no bancarios (como los seguros, por ejemplo), ya dejan más dinero que los servicios bancarios (el 35%) y otro 25% proviene del capítulo titulado genéricamente “otras”, que se corresponde básicamente con lo que la banca cobra por gestionar y custodiar fondos de inversión. El resto de las comisiones son por custodia y negociación de valores.

Y queda, por fin, el otro gran capítulo que está ayudando a los bancos a soportar el beneficio contable. La caída de la morosidad, sobre todo en los créditos hipotecarios fallidos que lastraron al sector en el inicio de la crisis, también tiene su influencia. De esta manera, los 3.140 millones de euros registrados como “pérdida por deterioro de activos financieros” ha pasado de 14.500 millones en 2014 a los 3.140 de 2018. En 2019 la cifra no parece que vaya a variar mucho, ya que hasta el 30 de junio iban acumulados 1.635 millones.

La partida de “pérdidas por deterioro del resto de activos”, entre los que se encuentran, por ejemplo, los inmuebles adjudicados por la quiebra de los promotores inmobiliarios, también se mantiene estable en los últimos años, en cifras de entre 2.000 y 3.000 millones de euros para el conjunto del sector, salvo en 2017 que superó los 9.000 millones por el saneamiento extraordinario de las cuentas del Popular.

En resumen, las cuentas de conjunto del sector bancario, sin atender a nombres concretos, pasan un momento complicado, pero con expectativas de mejora en el futuro. La dilución del impacto de los ajustes de personal reducirá los costes generales en el medio plazo y si la morosidad se mantiene a raya no habrá problema para que los bajos tipos de interés puedan seguir siendo compensados con otros ingresos como las comisiones.

Ahora se ha abierto el melón del debate sobre si cobrar o no a los clientes por mantener los depósitos en los bancos. Lo que el presidente de la patronal (AEB), José María Roldán llamó “contradios”, que no parece que, al menos a corto plazo, vaya a extenderse a los clientes domésticos.

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