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Una de ellas ha rea­li­zado en se­gundos una tarea que a un or­de­nador con­ven­cional le lle­varía miles de años

Confirmada la supremacía de las computadoras cuánticas

La prueba ha sido lle­vada a cabo por Google y pu­bli­cada por la re­vista 'Nature'

"menos ladrillo y más ordenadores"
Más ordenadores.

"Un hito com­pa­rable a los pri­meros vuelos de los her­manos Wright". Éste es el símil que tra­zaba William Oliver, in­ves­ti­gador del MIT de Massachusetts (EEUU), sobre el test que ha de­mos­trado la in­mensa su­pe­rio­ridad de los or­de­na­dores cuán­ticos res­pecto a los con­ven­cio­na­les: des­pa­char en 200 se­gundos un cálculo que una compu­tadora bi­naria tar­daría 10.000 años en re­sol­ver.

La prueba, a la que la revista 'Nature' ha dedicado un artículo, ha contado con la colaboración de trece entidades científicas alemanas y estadounidenses, entre ellas la NASA.

El experimento fue llevado a cabo sobre una computadora de nueva generación llamada Sycamore, desarrollada por Google. Consistió en una compleja tarea de generación de números aleatorios que el ingenio resolvió en tres minutos y 20 segundos.

Sycamore puso en funcionamiento 53 qubits superconductores (bits cuánticos) para pasar el examen. Sus resultados fueron confrontados con los del superordenador binario más potente del planeta, el Summit, instalado en Oak Ridge (Tennesee, EEUU) y capaz de realizar 200 billones de operaciones por segundo. Según los cálculos de la compañía, el Summit habría tardado 10.000 años en terminar el mismo trabajo.

La supremacía cuántica, contrastada

La colosal diferencia entre un procesador convencional y uno cuántico radica en un factor cualitativo, no cuantitativo. Mientras que el primero opera con instrucciones básicas basadas en el lenguaje binario de unos y ceros, para el segundo un mismo signo puede ser un uno y un cero al mismo tiempo.

Los qubits, los bits cuánticos, se encuentran en una superposición de estados que desafía las reglas de la mecánica clásica, lo que permite que tengan una capacidad fabulosamente superior.

El experimento realizado sobre Sycamore supone la contrastación empírica de esta desproporción; lo que se denomina supremacía cuántica. Sin embargo, pese al superior nivel al que operan estos ingenios, su aplicación práctica todavía está lejos.

Eso sí, una vez pulida esta tecnología, las posibilidades son infinitas. Según los expertos, en las próximas décadas el inabarcable poderío de los qubits promete revolucionar ámbitos del conocimiento humano tan dispares como la salud, las finanzas o la física.

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