OPINIÓN

Sánchez y Torra, de socios a rivales forzados por el guión

El pre­si­dent está muy lejos de ser un hombre de paz y un de­mó­crata

Quim Torra.
Quim Torra.

La se­mana trá­gica de ‘baja in­ten­si­dad’ (por com­pa­ra­ción con la de 1909) no ha arro­jado hasta ahora víc­timas mor­ta­les, que es lo que buscan los in­de­pen­den­tistas ra­di­cales para tener már­tires por la causa. Pero sí que es más que pro­bable que deje ‘muertos’ po­lí­ti­cos: Sánchez y Torra o, al me­nos, de­bería ha­berlos antes o des­pués, tal como se han desa­rro­llado los vio­len­tí­simos acon­te­ci­mien­tos. Han sido so­cios desde la mo­ción de cen­sura y ahora se ven obli­gados a ser ri­va­les.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha observado los sucesos de manera impasible (tal vez lo mismo que hubiera hecho Rajoy) y no ha tomado medidas para evitar en lo posible los daños que los manifestantes incendiarios han provocado en su propia ciudad, la que se supone que sería capital de su fantasmal república.

Tampoco ha dado esperanza y apoyo moral para encarar la grave situación a la inmensa mayoría de los ciudadanos catalanes contrarios a la secesión que desean que la violencia (y las tensiones políticas) se acaben de una vez. Ha tardado una semana en viajar a Barcelona para hacerse la foto con los policías. No obstante, la sucesión de Sánchez tanto en Moncloa como en Ferraz sería en este momento un problema añadido.

Torra, jefe de la movida

Respecto a Torra, el presidente de la Generalitat, no es descabellado pensar que es el ‘jefe de la movida’ desde la penumbra del palacio de Sant Jaume, aunque precisamente sea el responsable de la policía autonómica y, por lo tanto, deba lealtad al Estado al que representa en Cataluña.

En contra de como él mismo se define, Torra está muy lejos de ser un hombre de paz y un demócrata. Una persona de paz no jalea por las mañanas a los independentistas y por la noche no condena -o lo hace de manera muy tibia- los violentos hechos de la semana pasada. Como ha afirmado el independentista moderado Santi Vila: “Torra es más un activista” que otra cosa.

Para echar más leña al fuego, Torra ha anunciado que después del 10-N iniciará los pasos administrativos legales para que los políticos presos se acojan a los beneficios penales que les permitirán salir a la calle unas horas al día hasta que puedan obtener la libertad plena. La sentencia del Supremo no estipuló que los acusados tendrían que cumplir al menos la mitad de la pena para estar en condiciones de acogerse a ellos, según pedía la Fiscalía.

Un demócrata no ignora y desprecia, como él hace, a la inmensa mayoría silenciosa de los ciudadanos catalanes que no quieren violencia y que históricamente han estado sometidos a la explotación económica más. En la actualidad, esas personas sufren la imposición de un modo de vida y de unas condiciones sociales de una manera que violentan las suyas y cercenan los más elementales derechos de la persona.

El 10-N será el momento adecuado para purgar responsabilidades políticas. Las encuestas dan una subida al bloque de la derecha y un estancamiento a los socialistas. Lo lógico sería un ejecutivo socialista (van en cabeza de los sondeos) apoyado de una u otra forma por algún partido del centro derecha. Pero Sánchez podría formar gobierno con una mayoría semejante a la que dio a Sánchez la Moncloa en la moción de censura: Podemos, ERC y nacionalistas vascos. Sería una apuesta muy arriesgada.

El presidente pretende arrancar votos a Podemos con la exhumación del dictador Franco, un asunto que a muy pocos importa. Pablo Iglesias y sus seguidores se han mantenido en una posición casi silenciosa durante los disturbios, lo que es una señal de la complejidad de la situación. Clama al cielo que la alcaldesa de Barcelona Colau no haya adoptado una posición pública y clara sobre los acontecimientos.

Distanciamiento independentista

En el campo independentista existe un nítido distanciamiento entre los republicanos del preso Junqueras y los seguidores de Torra y Puigdemont. A los primeros les interesa forzar la dimisión del president para convocar elecciones autonómicas en las que aquéllos parten como favoritos.

Quedan tres semanas hasta acudir a las urnas en las que podría haber imprevistos -un cisne negro- que cambie de manera radical la situación. Entre tanto, Sánchez y Torra, que tanto parecían entenderse en el famoso paseo por la Moncloa tras la moción de censura, buscan ahora la manera de salir del laberinto escenificando una ruptura.

Artículos relacionados