ANÁLISIS

La banca cuestiona el legado final de Mario Draghi

Considerado in­sus­ti­tui­ble, deja el BCE in­merso en una pro­funda di­vi­sión

Mario Draghi
Mario Draghi

Esta se­mana, el pró­ximo jueves 24 de oc­tu­bre, Mario Draghi, el ban­quero que ha sal­vado el euro y la Unión Económica y Monetaria, pre­si­dirá por úl­tima vez el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo. Pese a que nadie cues­tiona que su ac­tua­ción ha sal­vado el euro y en cierta me­dida a la propia Unión Europea, sobre todo en lo que afecta a la di­men­sión de la Unión Económica y Monetaria, en las úl­timas se­manas ha lo­grado agu­dizar las crí­ticas en contra de sus más re­cientes de­ci­sio­nes.

En especial la vuelta a la compra de activos públicos y privados. La crítica procede tanto de los banqueros centrales como de los bancos privados.

En concreto, a los seis exbanqueros centrales que han criticado con dureza el nuevo paquete de estímulos aprobado por el Banco Central Europeo en su reunión de setiembre, se han sumado voces destacadas como la de la presidenta del Banco Santander, Ana Botín.

Hasta ahora eran más que conocidas las objeciones de los bancos centrales de Alemania, Holanda y Austria. Pero a ellas se han sumado nada menos que la del Gobernador del Banco de Francia, François Villeroy de Galhau, y la de la consejera del BCE, Sabine Lautenschläger, que ha anticipado dos años su renuncia como miembro del consejo. A ellos se han sumado en los últimos días otros seis exbanqueros centrales y los miembros del Comité de Política Monetaria del BCE. Mucha oposición para una despedida.

En una carta enviada a los medios de comunicación, estos seis exbanqueros alertan de que están observando con creciente preocupación las decisiones adoptadas por el BCE bajo la dirección de Mario Draghi porque, según ellos, la actual política monetaria está basada en un diagnóstico erróneo.

El documento lo firman los exmiembros del BCE Ottmar Issing y Juergen Stark, el exgobernador del banco central de Austria, Klaus Liebscher, el expresidente del Bundesbank Helmut Schlesinger, el exgobernador del banco central de Los Países Bajos, Nout Wellink, y el exsubgobernador del Banco de Francia, Hervé Hannoun.

Todos consideran que, tras tantos años de compras de activos, ahora ya no va a producir efecto positivo alguno el reinicio de las compras de deuda pública y privada.

Además de dudar sobre la política aplicada, señalan una preocupante sospecha de que detrás de las medidas subyace un intento de proteger a los gobiernos altamente endeudados de una subida de los tipos de interés, en clara alusión a España e Italia, país de origen de Draghi y donde no se descarta que pueda incorporarse a la política. Algo que ya hicieron otros gobernadores centrales que llegaron a la presidencia de la República, como fue el caso de Carlo Azeglio Ciampi.

De poco ha servido que haya salido en su defensa su predecesor, Jean Claude Trichet. En un artículo publicado el pasado 14 de octubre, en el ‘Financial Times’, titulado directamente 'Los críticos de Draghi están equivocados', dejaba claro que no está de acuerdo con la carta publicada la semana anterior por los mencionados seis exbanqueros criticando abiertamente a Draghi, cunado interpretaban que su política monetaria se basa en un diagnóstico "erróneo".

Trichet sugería cambiar la dirección de la crítica y centrarla en los políticos de los países que pueden aplicar una política fiscal más expansiva que facilite el crecimiento que ya no se puede lograr con los tipos bajos, como ha señalado hace unas semanas la presidenta del Santander.

Para Botín, la política de tipos bajos o negativos, además de dañar la rentabilidad de las entidades, no estimula la economía europea. Está claro que dañan la rentabilidad de la banca al reducir el precio de los créditos y no favorecen al conjunto de la economía ni de la estabilidad financiera. Como muestra del fracaso de esta política monetaria que falla en su transmisión a hogares y empresas, es que sigue sin crecer la demanda de crédito en Europa.

Los consumidores están ahorrando más en lugar de endeudarse, pese a los tipos ultra bajos, quizás porque las medidas transmiten una señal de debilidad económica que rebaja la confianza.

La primera conclusión es que el principal objetivo a conseguir es recuperar la confianza del consumidor, pero resulta imposible hacerlo cuando los índices de confianza empresariales están en mínimos desde el 2013.

Incluso los analistas más elogiosos con la importante labor desarrollada por el todavía presidente del BCE, Mario Draghi, en favor de la supervivencia del proyecto de Unión Europea, admiten que entre los errores más evidentes del banquero central europeo está que no ha escuchado.

Por no escuchar no lo ha hecho ni al Comité de Política Monetaria del emisor que aconsejaba no reanudar la compra de bonos. El Comité de Política Monetaria, que está compuesto por expertos tecnócratas que proceden en su mayoría de los 19 bancos centrales de la zona euro, había enviado una carta a Draghi y a otros miembros del consejo de gobierno varios días antes de la reunión, recomendándoles no reanudar las compras de bonos.

La recomendación del panel no es vinculante, pero hasta ahora, durante los ocho años de Mario Draghi solo en raras ocasiones se había opuesto a alguna de sus decisiones.

En esta ocasión, la decisión a la que se oponían era a que el BCE reanudara las compras de bonos, a un ritmo de 20.000 millones de euros por mes, lo que hará a partir del próximo 1 de noviembre.

Es otra clara muestra de la división interna en la que Draghi deja la entidad. Para analizar su legado completo habrá que esperar nuevas consecuencias en el futuro de Europa y de su economía. Complejo legado para Christine Lagarde, cuyo mandato comienza precisamente en el día que arranca la compra de bonos.

Los 300.000 accionistas del Popular que lo perdieron todo por la decisión del BCE de que se vendiera por un euro, solución que no se hizo con los bancos italianos, tampoco recordarán su gestión en este caso como la mejor.

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