El fun­dador del banco na­ranja en España cede las riendas al ho­landés Roel Huisman

González-Bueno abandona ING en plena crisis de identidad

Ejecutivo errante de la banca es­pañola, cierra su ené­sima tra­vesía des­pués de Novogalicia y Gulf Bank of Kuwait

Oficina de ING
Oficina de ING

Enésimo cambio en la cú­pula de ING España que este año cumple dos dé­cadas desde su crea­ción. César González-Bueno, hasta me­diados de no­viembre aún con­se­jero de­le­gado tam­bién para el ne­gocio en Portugal, vol­verá a aban­donar las má­ximas fun­ciones eje­cu­tivas que pa­sarán a manos del ho­landés Roel Huisman. González-Bueno ya dejó el banco na­ranja en 2011, para con­ver­tirse en CEO de Novagalicia Banco (NCG), ahora Abanca. El cambio se pro­duce en plena rein­ven­ción del ne­gocio de ING con una apuesta por el ac­tivo y no tanto por el pa­sivo.

Tan sólo dos años y medio después de su reincorporación al banco que forjó en España sin sucursales y con la cuenta de alta remuneración como gancho comercial, César González-Bueno ya tiene los días contados como consejero delegado de ING España y Portugal, aunque seguirá ligado al grupo como presidente del Consejo Asesor.

Roel Huisman, un holandés sin conocimiento alguno del castellano según diversas fuentes, asumirá el cargo de consejero delegado el próximo 18 de noviembre, en plena transformación del negocio del banca naranja que, en los últimos tiempos y ante los bajo tipos de interés, ha virado más hacia los productos de activo (hipotecas, créditos al consumo...) y ha enterrado por completo los depósitos de alta remuneración.

ING Direct se convirtió a finales del siglo pasado en la peor pesadilla para el conjunto de la banca española con los extratipos que aplicaba a su conocido como depósito naranja. De la mano de César González-Bueno, el banco sin sucursales atrajo buena parte de los ahorros de los clientes de sus entidades competidoras ante la rentabilidad que ofrecía con su depósito.

Sin embargo, con el paso de los años el negocio del pasivo dejó ser lo suficientemente rentable y atractivo para mantenerse en el mercado español. La diversificación se abrió a productos de inversión y, posteriormente, el banco naranja se enfocó en la financiación, tanto con créditos al consumo como con hipotecas. González-Bueno apostaba hace unos meses por crecer en el negocio hipotecario, muy complejo en un banco con poca presencia física.

La guerra de las comisiones en los cajeros automáticos también supuso un nuevo contratiempo para ING Direct, que carece del número suficiente de estos dispositivos. Para ello, tuvo que buscar alianzas con algunos bancos, como era el caso del Popular y que se dinamitaron con su intervención y adjudicación al Santander.

Ya para entonces, la notoriedad pública de ING Direct se había disipado, tanto por la cancelación de las grandes campañas publicitarias con las que regaban a un buen número de medios de comunicación, como por el perfil bajo de sus responsables, acuciados por algunos escándalos de blanqueo de capitales.

Cambios constantes

La segunda retirada de César González-Bueno de las máximas funciones ejecutivas de ING en España y Portugal se enmarca en un escenario de poca estabilidad en la cúpula del banco en España. Tras su salida en 2011, el peso recayó en un principio en la directora general Carina Szpilka, que dejaría el grupo en 2013 para tener un cargo de consejera en el Novagalicia Banco que gestionaba el propio González-Bueno.

Peter Staal asumió el cargo de consejero delegado en 2012 de ING Direct España y Portugal, hasta que el regreso del ejecutivo errante de la banca española se produjo en marzo de 2017.

Estos bandazos en la gestión del banco han sido paralelos a las distintas estrategias de negocio que se han abordado en los últimos años. ING ya no es el banco disruptivo que era en 1999, cuando llegó a España, ya que la banca online es algo más que común en la mayoría de las entidades.

Según los últimos balances de la Asociación Española de Banca (AEB), ING tenía cerca de 36.900 millones de euros en depósitos de la clientela y casi 25.000 millones en préstamos. El beneficio neto en 2018 fue de 163 millones, mientras que el de antes de impuestos y de extraordinarios (que no desglosa la entidad) ascendía hasta los 214 millones de euros.

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