ANÁLISIS COYUNTURA

Pretende con­vertir el con­sumo in­terno en el so­porte de la eco­nomía es­pañola

El cóctel de Sánchez para enfrentarse a la ralentización económica es explosivo

El mer­cado la­boral sur­gido de la re­ce­sión ha po­ten­ciado una de­manda de bajo precio que de­bi­lita el co­mercio

Consumo
Consumo

El Gobierno en fun­ciones del can­di­dato so­cia­lista Pedro Sánchez ha en­viado a Bruselas, como es pre­cep­tivo, el cuadro ma­cro­eco­nó­mico para 2020. Optimismo cau­te­loso pero muy poco rea­lista. Todo se basa en el em­puje de la de­manda in­terna. Pero los úl­timos re­gis­tros de la eco­nomía es­pañola mues­tran claros sín­tomas de des­ace­le­ra­ción. La crea­ción de em­pleo se ha de­te­nido de forma im­por­tante, mien­tras el Banco de España ha re­vi­sado a la baja la pre­vi­sión de cre­ci­miento para este año desde el 2,4% hasta el 2%.

Si a estas cifras le añadimos del miedo a la recesión en Estados Unidos, el brote de proteccionismo en el comercio mundial alentado por la pugna entre norteamericanos y chinos y la cercanía del Brexit, el cóctel es explosivo.

Los economistas han abierto su caja de pandora y han dado su solución milagrosa: el consumo interno deberá compensar la caída de actividad del sector exterior. Un relevo que no parece fácil si se tiene en cuenta la importancia de la denominada “economía low cost” dentro del sistema productivo español.

El auge de los establecimientos de bajo coste y de un comercio electrónico a precios mucho más asequibles se ha ido integrando en la economía española. ¿En alguna ocasión han podido abrirse camino en una tienda de Primark sin sentir un mínimo de claustrofobia por la cantidad de personas que había? ¿Saben que el día de la inauguración de la tienda de Aliexpress en Madrid había 3.000 personas luchando codo con codo por hacerse con las ofertas? La crisis ha generalizado prácticas de venta como el día sin IVA, que ahora utilizan todas las cadenas de distribución que se precien.

Es tal la marea low cost que en las últimas semanas ha surgido el rumor de que una gran cadena de almacenes va a optar por convertir una serie de centros deficitarios en establecimientos de bajo precio. La alternativa, el cierre de las tiendas, no se contempla de momento por la mala imagen que crearía.

España ha caído en manos del low cost con las ventajas, pero también los inconvenientes que esto plantea. El impresionante deterioro del mercado laboral es la causa de la eclosión de este modelo de venta. Unas pocas cifras bastan para proporcionar una idea sobre este fenómeno.

Empleo precario

El paro afecta a tres millones de trabajadores. En los últimos años, el desempleo en los mayores de 45 años se ha incrementado hasta los 1,2 millones, frente al medio millón que había en 2008. Y muchos de los que han sobrevivido a la crisis con esta edad han visto reducirse sus remuneraciones a la mitad o incluso menos. Los jóvenes se encuentran en una peor situación, con un una tasa de desempleo del 48%, que afecta a medio millón de personas.

Y los que logran abandonar el pozo del desempleo lo hacen por salarios basura de 400 o como máximo 600 euros al mes. Esto ha llevado a cientos de miles de jóvenes a abandonar el país, ante la incapacidad del sistema productivo para ofrecerles unas expectativas de futuro dignas.

A todos estos damnificados por la crisis hay que sumar la cada vez más frecuente tipología de trabajador al que se despide antes de finalizar el mes y que se contrata en los primeros días del siguiente.

Esta modalidad de empleados sin ningún tipo de derechos también engorda la lista de los demandantes de productos y servicios “low cost”. Un modelo comercial que ha aprovechado la oportunidad que brindaba la crisis, que ha afectado a una gran mayoría de personas que no quiere perder la posibilidad de consumir. Que no quiere renunciar a los efectos terapéuticos que conlleva salir de compras.

La única opción son los establecimientos low cost, el comercio por internet, los días sin IVA. Un modo de consumo de segunda categoría sobre el que va a recaer una parte de la defensa de la economía española cuando lleguen las vacas flacas. Lejos quedan ya, más bien lustros, aquellos días de vino y rosas que vivió el aparato productivo nacional.

Con todo, la receta ahora es la misma que se ha aplicado siempre en la salida de la crisis en otras épocas. La de toda la vida: la demanda interna debe tomar el mando. No importa que una parte importante sea de bajo coste.

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