MONITOR DE LATINOAMÉRICA

Moreno pacta la de­ro­ga­ción del ajuste eco­nó­mico para acabar con la pro­testa

Alivio en las empresas españolas por el final de la crisis en Ecuador

España está pre­sente con 160 em­presas e in­ver­siones por 1.700 mi­llones

Lenin Moreno, Ecuador.
Lenin Moreno, Ecuador.

No hay mal que cien años dure y las em­presas es­pañolas con in­tereses en Ecuador lo sa­ben. Tras 12 días de mul­ti­tu­di­na­rias y vio­lentas pro­testas so­ciales que obli­garon al pre­si­dente Lenin Moreno a de­cretar el Estado de ex­cep­ción y tras­ladar la sede del Gobierno a Guayaquil para evitar el asedio de los ma­ni­fes­tantes en Quito, el man­da­tario ha fir­mado la paz y un acuerdo con los lí­deres in­dí­genas que des­ac­tiva por ahora la re­vuelta. que cien años dure.

Moreno, que acusó al expresidente Correa de estar detrás de la masiva movilización contra el ajuste económico adoptado por su Gabinete y de intentar un golpe de Estado con apoyo del régimen venezolano, pactó con los líderes indígenas la derogación del plan de austeridad origen de la protesta. El decreto será sustituido “por uno nuevo con mecanismos para focalizar los recursos en quienes más los necesitan”. Ya antes, la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie), se había desmarcado de la “plataforma golpista del correísmo” y asegurado que su lucha era por “sacar al FMI de Ecuador”, tras aceptar la oferta de diálogo directo del presidente. El movimiento indígena era el colectivo líder de una protesta que en un primer momento encabezaron sindicatos y transportistas, apoyados por partidarios de Correa y la izquierda.

El controvertido y derogado Decreto 883, detonante de la ola de violentos disturbios era un paquete de ajuste que entró en vigor el 2 de octubre y que eliminaba las subvenciones al precio de los combustibles, encareciendo los mismos tras 40 años subsidiados. Este ‘paquetazo neoliberal’, como le denominaron sus detractores, incluía también un recorte del periodo vacacional de los empleados públicos (de 30 a 15 días). Ahora, una comisión bipartita Gobierno-organizaciones del movimiento indígena participantes en el diálogo, con la mediación de la ONU y la Conferencia Episcopal, elaborará uno nuevo en el que se mantendrán probablemente políticas de subsidios. El pacto abre la incógnita de cuál será la nueva vía de Lenín Moreno para cumplir su compromiso con el FMI de reducir el gasto público, lo que instala al país en una situación de normalización y fin de los desórdenes, pero de calma incierta.

Con el ajuste, Moreno pretendía ahorrar 1.400 millones de dólares al año. El FMI acudió en marzo en apoyo de Quito con un crédito de 4.200 millones de dólares, a los que se sumaron 6.000 millones de otros entes internacionales, hasta 10.200 millones, y pidió medidas para reducir los desequilibrios fiscales heredados de la ‘era Correa’. Ecuador sufre un deterioro económico: tras la recesión de 2016 (-1,5%), el PIB creció el 1% en 2018 y lo hará el 0,4% en 2019 según Cepal (el FMI otea una caída del 0,5%) y apenas el 0,2% en 2020.

Revuelta insostenible

La revuelta causó una situación insostenible, con paros nacionales y bloqueos viales que paralizaron la actividad; choques de manifestantes con Policía y Ejército y saqueos en las principales ciudades, con un balance de 8 muertos, 1.340 heridos, 1.152 detenidos y 1.600 millones en pérdidas económicas. Los indígenas llegaron a tomar Quito y a asaltar la Asamblea Nacional. La magnitud de los incidentes obligó a Moreno a decretar el Estado de excepción dos meses y el toque de queda en una capital convertida en ‘zona de guerra’. Estado de excepción, toque de queda y restricción de circulación han sido ya revocados.

Los transportistas iniciaron la huelga nacional y el bloqueo de calles con apoyo de Correa, antiguo correligionario de Moreno y hoy enemigo irreconciliable de éste, tras su giro económico. Moreno, que fue vicepresidente con un Correa exiliado en Bélgica, abandonó al asumir el poder las tesis bolivarianas y ha llevado a Ecuador a pactos con el FMI y a la puerta de la Alianza del Pacífico. “Hay una intención política de desestabilizar el Gobierno, de romper el orden democrático”, dijo Moreno la semana pasada en un mensaje al país en el que afirmó que no daría marcha atrás: “el fin del subsidio para abaratar el coste del combustible es necesario para mantener una economía sana y la dolarización”.

La crisis ha sorprendido a las firmas españolas en un momento de aumento de su interés por el país tras el nuevo rumbo abanderado por Moreno y su apuesta por la inversión exterior, la apertura comercial y el cambio de matriz productiva. Desde su llegada, Moreno ha repetido que el sector privado es “un aliado y el gran creador de empleo” e impulsado en 2018 una Ley de Fomento Productivo y Atracción de Inversión que recoge beneficios fiscales y flexibilidad normativa.

Las empresas españolas en Ecuador

Más de 160 firmas españolas operan en Ecuador, cuando eran apenas 50 en 2013. Y más de 13.000 exportan ya al país. En 2018, el intercambio comercial ascendió a 1.254 millones de dólares. En junio, Quito destacaba que la inversión de España creció el 117% en 2018 y fue de 170 millones. En los últimos 10 años, el stock español se eleva a más de 1.700 millones y España es el segundo país europeo que más invierte en Ecuador. Y Quito ha pedido que esta inversión crezca en energía, infraestructura, hidrocarburos y vialidad.

Allí están Repsol (inversión de 300 millones en explotaciones petroleras); Acciona (que ejecuta el proyecto del metro de Quito y otras obras de infraestructura); Telefónica (con una cuota del mercado del 30%); ACS (Avanzia y Cobra han entrado en la ampliación de un campo petrolero); OHL (que ha relanzado el negocio concesional); Air Europa, Sacyr, Mapfre, Santillana, CAF, Isabel, Pescanova (tercera camaronera del país), Indra, Iberia y Renfe (interesada en el plan del ‘Tren playero’). Globalia prevé un alza del 13% en sus plazas en vuelos a Ecuador, país convertido en uno de los destinos de expansión en Latam del sector español de la moda, con Inditex, Mango, Adolfo Domínguez, Tendam (ex Cortefiel) y Purificación García a la cabeza.

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