Bolsonaro pre­para un cambio de la le­gis­la­ción ante la pi­ra­tería en alza en la te­le­vi­sión de pago

El futuro de la operadora Oi provoca una guerra en las telecomunicaciones brasileñas

Telefónica tiene su prin­cipal mer­cado por nú­mero de clientes en el país la­ti­noa­me­ri­cano

Oi, empresa de telecomunicaciones brasieña
Oi, empresa de telecomunicaciones brasieña

El mer­cado de las te­le­co­mu­ni­ca­ciones en Brasil, donde Telefónica tiene su mayor nú­mero de clientes y donde as­pira a me­jorar su po­si­ción re­la­tiva, se ha con­ver­tido en un her­vi­dero. El fu­turo de la ope­ra­dora his­tó­rica bra­si­leña Oi, que tras su quiebra téc­nica en 2016 se acogió a un pro­ceso de con­curso ju­di­cial y de acree­do­res, con una deuda de 14.000 mi­llones de eu­ros, sigue bajo la ame­naza de even­tuales com­pra­do­res, con sus ope­ra­doras ri­vales (Telefónica, Claro y Tim) al ace­cho, amén de grupos sin pre­sencia en Brasil, como China Mobile y la nor­te­ame­ri­cana AT&T.

Telefónica tiene su mayor número de clientes en Brasil (unos 75 millones de accesos), cosecha una buena parte de sus beneficios y alimenta quizás sus mayores ambiciones de expansión. Medios informativos brasileños de referencia, como Valor Económico y Estado de Sao Paulo, advierten estos días de una eventual e inminente venta de la operadora Oi, aunque siempre citando a fuentes no oficiales.

OI sigue sin pagar a sus acreedores y carece de liquidez para financiar su expansión. Pero la empresa afirma que para salir adelante solo necesita unos 2.000 millones de dólares adicionales y vender activos no estratégicos, como centros de datos y torres de antenas, y también su participación del 25 % en la angoleña Unitel (último vestigio de la fallida alianza con Portugal Telecom), por otros 1.000 millones de dólares.

Y es obvio que a la agobiada operadora no le faltan novios: sigue siendo la principal concesionaria del teléfono fijo, con unos 13 millones de líneas, o sea más de la mitad del total de 23 millones, de los cuales 9 millones son de Telefónica (otros 17 millones están al margen de la concesión, incluyendo los 10,8 millones en manos de Claro). A la vez, explota una red 360.000 kilómetros de fibra óptica; tiene medio millón de clientes de banda ancha; y con unos 35 millones de accesos es la cuarta mayor operadora móvil del país.

Futuro de la operadora

De hecho, según su presidente Eurico Telles, lo que Oi necesita para salir adelante -además de la referida nueva inyección de capital y de la venta de los activos “no core”- es deshacerse de la concesión del fijo, que igual que el mismo servicio de Telefónica, funciona como una losa, o sea ya no es económicamente sostenible. La reguladora Anatel, ya llegó en 2016 a la misma conclusión, pero salir de la concesión acarrea serias dificultades, relacionadas con la titularidad actual y el valor del patrimonio público utilizado por las concesionarias del fijo.

O sea, lo que está en juego no es solo la estimación del “patrimonio reversible” en manos de las concesionarias. De hecho, el Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU) pone la franquicia en 30.000 millones de dólares, frente a los 5.000 millones calculados por Anatel, que tiene en cuenta la depreciación de dichos activos durante todo el periodo de la concesión, cuyo plazo expira en 2025. Según Oi, habrá además que calcular las indemnizaciones que el Estado deberá pagar a las concesionarias por prestar un servicio público que perdió viabilidad económica.

Licencias 5G

Lo que Eurico Telles rechaza contemplar, aunque solo fuera como simple ejercicio destinado a alumnos de una escuela de negocios, es una eventual venta de la operación móvil, subrayando al respecto, no solo que sigue creando valor para la empresa, sino además porque es un activo clave con vista a la carrera hacia las licencias 5G, cuya subasta está prevista para el próximo año y en la que Oi prevé participar, y hasta con alguna ventaja competitiva, empezando por la extensa red de fibra óptica y el servicio FTTH (“fiber to the home”) que llega a 70 ciudades.

El problema, sin embargo, es que hasta Anatel alimenta serias dudas sobre la capacidad de supervivencia de Oi. Así, aunque no hubo confirmación oficial al respecto, a principios de setiembre la autoridad reguladora había ponderado seriamente tomar el mando de la operadora; o sea la salida solo prevista como solución de último recurso. Lo que se digo entonces, en la prensa local, es que Anatel solo cambió de opinión por un motivo: dejar espacio a una “solución de mercado”, que pasaría por la venta y/o el troceamiento de Oi.

La tesis que más se baraja en el sector es que, en una situación limite, ante la imposibilidad de que Oi pueda mantenerse a flote y seguir adelante con el proceso de recuperación judicial y de acreedores, las autoridades brasileñas no estarían muy por la labor de permitir la presunta operación de troceamiento entre Telefónica, Claro (América Móviles) y Tim (Telecom Italia), sino que verían con mejores ojos la entrada de un nuevo operador internacional (China Móviles, AT&T, Huawei) para introducir mayor competencia en el sector.

Cabe recordar que América Móviles (AM) acaba de reforzar su posición en Brasil con la adquisición de Nextel, pagando 905 millones de dólares por una cuota del 1,5% del mercado brasileño donde ya tenía un 25% con Claro, frente al 30% de Telefónica Vivo, el 24% de Tim y el 16% de Oi.

Telefónica y TIM

También se comenta que Telefónica vendió hace poco a AM sus operaciones en Guatemala y El Salvador, respectivamente, por 333 y 315 millones de dólares; pero que está muy cómoda en Brasil y que prefiere seguir rebajando su pasivo neto de 38.700 millones.

Con Tim pasa más de lo mismo. No hace mucho, la filial brasileña de Telecom Italia era quien se encontraba en el centro de las especulaciones en torno a eventuales operaciones de consolidación (ya entonces se apuntaba hacia Telefónica como potencial comprador), y al margen de alguna operación llamativa, como las partillas de infraestructura móvil con la operadora española, no está nada claro que el dueño italiano, en plena guerra interna (entre Vivendi y el fundo Elliot) esté mucho por la labor de lanzar una gran ofensiva en Brasil.

Incertidumbre política y regulatoria

Lo que de verdad está en el centro de las preocupaciones de Telefónica Vivo, Claro y Tim es el clima general de incertidumbre en el sector, empezando por el desarrollo de la nueva legislación por parte del gobierno de Bolsonaro, que no será nada sencillo. Buena prueba de ello es la diferencia de criterios y metodología entre el TUC y Anatel, en relación con la valoración y el futuro de los bienes reversibles de la concesión del fijo; las eventuales indemnizaciones relacionadas con la insostenibilidad económica de las concesiones; y también la ola de piratería en la Tv de pago.

Este último problema afecta gravemente a Claro, Oi, Sky y Vivo, que son los principales actores del sector, que contabiliza más de 16 millones de accesos, pero que lleva años sufriendo una constante hemorragia de abonados. No tanto por la crisis económica y la dura competencia de Internet, sino principalmente por la ola creciente de utilización de tv box piratas: según fuentes oficiales, las operadoras pierden, así, una media de 150.000 abonados al mes, un ritmo sin precedentes en la historia reciente, y que ya rebajó el mercado a los niveles del 2012.

Los responsables del sector calculan que las pérdidas provocados por más de 4 millones de tv box piratas, ascienden a 8.700 millones de reales, de los cuales 6.000 millones corresponden a las operadoras, 1.200 millones a Hacienda y 1.000m millones a los call center, instaladores. La TV de pago también saldrá perdiendo con la nueva legislación, que por todo aquello de la neutralidad de la red, crea situaciones de asimetría, con que podrán abandonar el sector, para no quedar a la intemperie y poder actuar con la misma libertad que los servicios de streaming.

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