CaixaBank abre la ne­go­cia­ción del ERE pa­ra­lelo al cierre de 800 ofi­cinas anun­ciado

Los empleados de banca reciben 2019 con zozobra por los ajustes

Santander debe ade­cuar la red al in­te­grar Popular y Unicaja y Liberbank la de su fu­sión

Carlos Torres
Carlos Torres

El nuevo año ha lle­gado sin la paz la­boral que tanto an­sían las plan­ti­llas de los bancos es­paño­les, sobre todo tras el duro ajuste su­frido en la úl­tima dé­cada con la des­apa­ri­ción de más de 100.000 puestos de tra­bajo. CaixaBank, Santander, Unicaja y Liberbank son las en­ti­dades que de­berán aco­meter nuevos ajus­tes, pero tam­bién se pueden pro­ducir en otros grupo como el BBVA, ya bajo la pre­si­dencia de Carlos Torres que au­guró un drás­tico ajuste de ofi­cinas en España cuando aún era con­se­jero de­le­gado.

Miles de empleados de banca han entrado en 2019 con la incertidumbre permanente de si mantendrán sus puestos de trabajo o tendrán que salir de sus respectivas entidades ante los ajustes previstos y los que aún puedan surgir. Después de una década de una intensa reducción de plantilla, los bancos aún tienen pendientes nuevas podas para poder mejorar tanto en eficiencia como en rentabilidad.

Los directivos de CaixaBank serán los primeros que afronten la negociación del Expediente de Regulación de Empleo (ERE) como consecuencia de su plan estratégico presentado hace unos meses y en el que se prevé el cierre de 821 sucursales, sobre todo en zonas urbanas, lo que afecta al 18% de su red actual.

El propio consejero delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar, ya descartó durante dicha presentación en Londres que el porcentaje de recorte en el número de sucursales fuera el mismo que se aplicará a la plantilla de la entidad, que asciende a unos 32.000 empleados.

Los principales sindicatos temen que el recorte pueda afectar hasta unos 2.500 trabajadores de la red comercial de CaixaBank, lo que supondría algo menos del 8%. No obstante, las negociaciones se acometerán en los primeros días de enero y la cifra final de bajas podría ser inferior ya que la intención del grupo presidido por Jordi Gual es el mantenimiento de la red de sucursales rurales y la potenciación de las oficinas urbanas de mayor tamaño y más valor añadido.

En una estrategia similar también trabaja el Santander presidido por Ana Botín. Tras la reducción de un millar de empleados en los servicios centrales por la integración del Popular desde junio de 2017, los directivos del grupo han aplazado hasta el primer trimestre de 2019 la negociación del ajuste de la red de sucursales.

Según distintas fuentes sindicales, el recorte en el Santander con el Popular completamente integrado en la plataforma tecnológica podría oscilar entre los 3.000 y los 4.000 bancarios en la red comercial del que ya será el banco único. El consejero delegado hasta finales de 2018, José Antonio Álvarez, ha prometido desde hace meses que la reducción se pactará con los representantes sindicales y sin salidas traumáticas.

Servicios centrales

A diferencia de los dos casos anteriores, la fusión anunciada entre Unicaja y Liberbank no afectaría tanto a las redes comerciales de los dos grupos, pero sí que tendría consecuencias en los servicios centrales del banco resultante. Las estimaciones apuntan a un recorte próximo a los 2.500 trabajadores en esas funciones.

Bankia, tras la integración de BMN, e Ibercaja, tras cerrar el ERE efectuado en 2018, parecen quedar al margen de la nueva ronda de ajustes de plantillas, aunque todo dependerá de que no se produzcan más movimientos corporativos.

El nuevo presidente del BBVA, Carlos Torres Vila, deberá clarificar si llevará a cabo bajo su mandato la drástica reducción de la red de sucursales en España que ya anunció cuando aún era consejero delegado. Si se produjera, el exceso de plantilla también debería plantearse aunque algunos empleados puedan encontrar hueco en aquellas oficinas de mayor dimensión y de mayor valor añadido.

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