ANÁLISIS

La demanda de bonos alemanes y españoles se dispara por el declive bursátil

La pre­si­dencia ru­mana de la UE no alivia los pro­blemas de co­rrup­ción del país

El BCE.
El BCE.

La sus­crip­ción de bonos ale­manes re­gistra una ex­tra­or­di­naria subida, quizás en res­puesta a las dudas sobre la eco­nomía y las ba­jadas de los mer­cados bur­sá­tiles de EEUU, China y Europa. Los pre­cios bajos de los tí­tulos de renta va­riable no atraen a los in­ver­so­res, que apuestan por el re­fugio del bono alemán a pesar de su baja ren­ta­bi­li­dad, apenas un 0,17%. Rendimiento a la baja que se re­piten en Italia, Francia y el Reino Unido.

El Tesoro español ha emitido el tres de enero deuda a medio y largo plazo por un valor de 2974 millones de euros. Se ha colocado sin problemas. Las obligaciones a diez años pagarán un interés del 1,469%, inferior al 1,624% de la anterior subasta; los bonos a cinco años han pagado al 0,421% de interés, inferior al 0,574% de la puja anterior.

Rumania ejercerá la presidencia de la Unión Europea en este primer semestre del año. Toma el timón de la UE con una economía en crecimiento y oscurecida por la corrupción. La mejora del nivel de vida es indiscutible para cualquiera que la hubiese visitado o vivido durante los largos años de la etapa comunista.

El macabro chiste del periodo de Chauchesco – “Camarada por que el capitalismo está al borde del abismo. Muy sencillo, camarada, para poder contemplar mejor al comunismo” – Se ha convertido en una ingeniosa modificación del significado de las siglas PSD. No son Partido Social Demócrata si no Partido Social Dragnea.

El presidente del partido socialista Liviu Dragnea, un político enriquecido con vínculos en las constructoras que entre otras cosas gestionaban fondos comunitarios y opuesto a cualquier legislación anticorrupción –consiguió que el primer ministro despidiese a la fiscal general anticorrupción– y simpatizante del húngaro Victor Orban tiene ante si a un pueblo que según las encuestas en un 90% es ardiente partidario de la Unión Europea.

En la admirada y virtuosa Dinamarca sus autoridades se debaten en cómo disciplinar a su Autoridad Supervisora Financiera para evitar que su proximidad al mundo de los negocios daneses no oscurezca su entendimiento a la hora de investigar y juzgar el escándalo del Danske Bank. Un banco demasiado grande para permitir su quiebra; un banco que ha protagonizado a través de su filial en Estonia el oscuro destino de 200 mil millones de euros procedentes de Rusia y otras repúblicas ex soviéticas.

En el idílico mundo pastoril son cada vez más patentes los estragos ambientales que provoca la ganadería tradicional. “Si existe una enorme preocupación por reducir las emisiones de las compañías energéticas y de transporte de repente las emisiones agrarias resultan todavía mayores. Del total de las emisiones de estas últimas emisiones el actor principal es la ganadería” (Internation Food Policy Research Istitute).

La producción de alimentos y la actividad agraria representa aproximadamente una cuarta parte de las emisiones globales de las que dos tercios de esa cuarta parte son de origen ganadero. Una red de inversores alertados por este tipo de riesgos y respaldados por activos del orden de los 10,5 billones de dólares afirman que un 70% de las 60 empresas alimenticias cotizadas en bolsas de valores de los sectores cárnicos, lácteos o acuicultura no están siendo capaces de controlar los riesgos climáticos. En franca contradicción con esta preocupación medio ambiental aparece la caída en la cotización de las acciones de Tesla, el principal fabricante comprometido con el desarrollo del coche eléctrico.

El Modelo 3 diseñado para ser el primero vehículo eléctrico de producción masiva no está encontrando el favor de los consumidores. La caída de sus precios y de sus ventas no son las señales más prometedoras para este 2019 tan cargados de oscuros presagios. Europa y sus nacionalistas-populistas, además de los brexisters; también los EEUU donde la rebaja de impuestos ha acabado su recorrido y finalmente la sorprendente China ve como coincide su puesta de un cohete orbital en la cara oscura de la luna con una brusca caída en sus bolsas de valores.

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