El grupo está en el punto de mira de Guindos (BCE) desde las pruebas de la EBA

La sombra de FG en el BBVA no es tan alargada como se dice

El nuevo equipo pre­para ofertas co­mer­ciales para frenar la fuga de clientes

Luis de Guindos
Luis de Guindos

La sa­lida de Francisco González (FG) de la pre­si­dencia del BBVA se ha cal­cu­lado entre al­go­dones para que el final de su man­dato no fuera más trau­má­tico. Sin em­bargo, el grupo que ha pre­si­dido du­rante casi dos dé­cadas está bajo la vi­gi­lancia más es­trecha por parte del Banco Central Europeo (BCE), en el que es vi­ce­pre­si­dente Luis de Guindos. Uno de los de­to­nantes fueron las pruebas de re­sis­tencia de la Autoridad Bancaria Europea (EBA), pero tam­bién el pro­ceso de su­ce­sión en un banco que debe de­tener la san­gría de clientes por las altas co­mi­siones que aplica.

El actual presidente de honor del BBVA, Francisco González (FG), parecía dispuesto a cumplir los 75 años de edad fijados en los estatutos como límite para ostentar el cargo y, por sorpresa, adelantaba su salida del primer puesto de mando del grupo casi un año antes de que cumpliera dicha edad.

Según la versión del propio FG, el adelanto se produjo por que ya contaba con equipo específico que pudiera desarrollar su apuesta por la transformación digital que tanto ha pregonado en los últimos años. Su sucesor, Carlos Torres Vila, responde a su perfil, pero en el encaje de piezas no se barajaba el nombre de Onur Genç como nuevo consejero delegado.

Sin embargo, en el sector financiero hay otras versiones, como la que sostiene que Francisco González estaba más que cuestionado como presidente del BBVA, de manera sibilina dentro de la sede del grupo y de manera más explícita en otros ámbitos en los que han asumido poder antiguos discrepantes o enemigo de FG.

En este segundo caso, se sitúa el actual vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE). Luis de Guindos, como ministro de Economía durante los Gobiernos de Mariano Rajoy, mantuvo más de un desencuentro con el presidente del BBVA al que ya se le señalaba como uno de los dinosaurios de la banca española.

El marcaje más claro de Luis de Guindos sobre el BBVA de FG se producía tras la recientes pruebas de resistencia de la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés). El ahora vicepresidente del BCE cuestionaba el 8,8% de solvencia del banco español en el escenario más estresado, un porcentaje inferior al que lograban Santander (9,2%) y CaixaBank (9,11%).

¿Con honores?

El ascenso de Carlos Torres Vila, el último consejero delegado de FG, a la presidencia del BBVA apenas calmaron los recelos por parte de los supervisores europeos. En el momento de su designación, todavía quedaba la incógnita de quién sería el nuevo consejero delegado. En contra de todas las apuestas, apareció el nombre del turco Onur Genç, que ya ha trabajado para el grupo en países como Turquía y Estados Unidos.

Eso sí, ni Genç ni el propio Torres Vila tiene un papel predominante en la web oficial del BBVA. Francisco González ocupa ese puesto, bajo la definición de "los principios y la tecnología", además de remarcar que su gran pasión es jugar al golf.

La retirada entre algodones de FG, incluso, ha llegado a que el propio BBVA haya difundido la información de que en los últimos días de 2018, cuando ya estaba fuera del cargo, ha adquirido un millón de acciones del banco que se suman a un paquete accionarial cercano al 5,5 millones de títulos. Eso sin contar el millonario plan de pensiones que podría ascender por encima de los 100 millones de euros, según algunas fuentes no oficiales.

En contraposición, el equipo de comunicación del BBVA no se mostró tan proactivo con la inversión del reconfirmado como director financiero del grupo, Jaime Sáenz de Tejada. Este directivo, cuyo nombre sonó para consejero delegado pese a su diferencias con Torres Vila, adquiría en la última sesión de 2018 un paquete de 25.000 acciones por las que habría desembolsado más de 114.000 euros.

Pero más allá de estos compromisos accionariales, en el BBVA ya se trabaja en alguna oferta que impida una mayor fuga de clientes descontentos por las altas comisiones que aplican a algunos servicios. Y en ese terreno, la competencia bancaria en España es muy dura desde hace tiempo.

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