DESDE EL PARQUET

Nyesa, puerta cerrada

El sector in­mo­bi­liario ha co­men­zado el año con grandes ex­pec­ta­tivas en pleno ciclo ex­pan­sivo del mer­cado re­si­den­cial y un con­sis­tente cre­ci­miento de la de­manda en ge­neral a lo largo de los úl­timos tri­mes­tres. Las pre­vi­sio­nes, apuntan los ex­per­tos, son bas­tante po­si­tivas mien­tras no crezcan los riesgos de una re­ce­sión.

En este escenario, Nyesa va camino de cumplir su primer aniversario de su regreso a Bolsa después de ser suspendida de negociación en septiembre de 2011 tras presentar concurso de acreedores. En concreto, la compañía volvió a cotizar el 22 de enero del pasado año presentándose como una empresa renovada y enfocada a la actividad internacional con dos grandes proyectos en Rusia y Costa Rica de la mano de sus nuevos accionistas.

El primer día de cotización se saldó con una espectacular subida de más del 68% respecto al precio de inicio de cotización en 0,17 euros por acción, llegando a alcanzar un precio de 0,286 euros. A partir de entonces, el camino en bolsa de la compañía inmobiliaria ha sido un auténtico calvario, marcando mínimos absolutos a finales de diciembre en 0,0162 euros. Una caída de más del 90% que ha situado al grupo como uno de los peores valores del mercado español en 2018.

La venta de una parte de su proyecto en Costa Rica -aunque al principio animó su cotización al lograr efectivo para la consolidación de sus proyectos- y, sobre todo, la ampliación de capital abordada el paso mes de junio, han terminado por generar un creciente escepticismo entre los inversores hacia la capacidad de generar negocio de la compañía.

Fruto de la venta de parte de las parcelas donde se ubica su resort La Roca en Costa Rica y los ingresos provenientes de la consolidación de su filial rusa Marma, la cifra de negocios del grupo inmobiliario creció más de un 97% al cierre del tercer trimestre respecto al ejercicio anterior. Con todo, el resultado operativo ofreció un saldo negativo de 39 millones de euros.

Nyesa cerró el tercer trimestre de 2018 con unas pérdidas antes de impuestos superiores a los 49 millones de euros frente al beneficio de 22 millones contabilizado en igual período del año anterior. A ello se une un deterioro notable de sus márgenes y un apalancamiento por encima de lo recomendable.

Unas cifras que explican por si solas la delicada situación de la compañía cuyas expectativas futuras se basan ahora en buena medida en la consolidación del proceso de reestructuración, que le permita mejorar sus costes financieros, y especialmente en el desarrollo del proyecto Narva Loft.

Mientras eso no ocurra, los inversores con aversión al riesgo deberían mantenerse al margen de esta compañía que además cuenta con un “free float” de apenas un 27%., lo cual dificulta posibles salidas de escape en caso de que las cosas empeoren aún más. De momento, ha comenzado el año con el pie derecho con un rebote de algo más del 10% en las dos primeras sesiones.

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