Las pre­vi­siones para el inicio del nuevo año no son pre­ci­sa­mente ha­la­güeñas

La banca teme por su negocio de fondos si hay un mal arranque de año en Bolsa

La in­dus­tria ha cam­biado de ten­dencia y acu­mula ya cuatro meses con­se­cu­tivos de re­em­bolsos netos

Bancos en la Bolsa
Bancos en la Bolsa

La banca es­pañola se en­frenta a un reto de enormes pro­por­ciones en este co­mienzo de 2019: con­vencer a los miles de clientes que tienen de­po­si­tadas enormes sumas de di­nero en fondos de in­ver­sión de que no deben tirar la toalla tras un 2018 sen­ci­lla­mente desas­troso. Todos los fondos su­per­ventas co­mer­cia­li­zados por los grandes gru­pos, Santander, BBVA y CaixaBank, han ce­rrado con pér­di­das. Y la de­cep­ción entre el per­sonal crece y crece.

Las cifras dejan poco lugar a las dudas. Los fondos españoles acumulan ya cuatro meses consecutivos de reembolsos netos. Es decir, más que los tres meses en registros negativos acumulados desde que empezó 2013 hasta el pasado mes de agosto. Las luces de alarma ya están encendidas porque se han evaporado 3.000 millones de euros en el último cuatrimestre de 2018 y las previsiones para el arranque del nuevo año no son precisamente halagüenas.

"El momento no puede ser mas delicado. Esperamos que los clientes sigan cerrando sus posiciones en fondos en este comienzo de año. Hay una sensación de decepción enorme porque se ha perdido mucho dinero el año pasado en todas las categorías. El problema es que hay mucho cliente conservador que no tolera las caídas y que ve como la situaciónen los mercados sigue siendo muy complicada", señalan en una gestora nacional mediana.

Efectivamente, sólo alrededor de una décima parte de los fondos de inversión que se comercializan en España ha escapado de las rentabilidades negativas en 2018. Una porcentaje que quiere decir que los números rojos se han extendido a todas las familias. Los fondos presuntamente blindados, como los monetarios, han perdido un 0,51%, y la caída de los fondos puros de renta fija ha superado el 1%. El descenso global el año pasado es del 4,63%.

La banca observa con preocupación un cambio de tendencia que puede calificarse de radical, pero que todavía está lejos de ser dramático. A pesar de que ha sido la más baja desde 2013, la cifra de crecimiento de las suscripciones netas superó los 9.200 millones de euros el año pasado. Ahora, la consigna en los cuarteles generales del sector financiero español es parar la hemorragia con el mensaje de que la inversión en fondos debe tener una orientación de medio y largo plazo.

"El problema es que los resultados de 2018 han sido malos sin paliativos, lo que está generando desconfianza en los clientes. Y a eso se suma que el mercado español lo ha hecho peor que la media. Pesa la incertidumbre política, y muchos ahorradores con poca resistencia al aumento del riesgo no están dispuestos a aguantar mucho más. Habrá que hacer una gran campaña de concienciación para detener las salidas", reconocen en un banco español. Los mercados tendrán mucho que decir en este proceso. Un primer trimestre en Bolsa como el último de 2018 podría tener consencuencias nocivas. En la banca abrazan la idea de un arranque de año cuando menos estable, sin grandes movimientos. Reconocen que no hay razones para una gran reacción, pero también están de acuerdo en que tras las últimas caídas el potencial recorrido a la baja de las cotizaciones es también limitado.

Falta de alternativas

A favor de la industria de fondos juega la falta de alternativas. La rentabilidad media de los depósitos sigue en cifras insignificantes (la oferta de la banca española es sencillamente inexistente), como la de las cuentas, lo que hace que para muchos ahorradores la alternativa sea o los fondos o nada. "Tenemos que conseguir que los nuevos inversores en fondos acepten que éstos son la mejor vía para ahorrar a medio y largo plazo", aseguran en el sector.

Por entidades, el impacto del cambio de tendencia en el negocio es muy desigual. BBVA y CaixaBank recibieron suscripciones netas por más de 2.500 millones de euros el año pasado. Sólo Bankia, por un estrecho margen, superó también la barrera de los 1.000 millones. Del resto de las grandes entidades, Bankinter creció en más de 550 millones y Sabadell en cerca de 380 millones. La otra cara de la moneda fue Santander, que sufrió reembolsos netos por más de 950 millones de euros.

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