Los mer­cados des­cuentan que el precio del di­nero no su­birá, al me­nos, hasta 2020

Las aún políticas laxas del BCE permitirán más flexibilidad a las empresas no financieras

Draghi con­firma en la úl­tima reunión de la ins­ti­tu­ción mo­ne­taria que los tipos se­guirán bajos

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Mario Draghi, BCE.

El BCE ha vuelto a dar un revés a la banca del viejo con­ti­nente, pero ha ali­viado a em­presas que no tienen que ver con el sector fi­nan­ciero. La si­tua­ción de in­cer­ti­dumbre en Europa, con la des­ace­le­ra­ción aso­mando en países como Alemania o Italia, ha pro­vo­cado que la hoja de ruta en cuanto a la po­lí­tica mo­ne­taria haya vuelto a re­la­jarse. De ahí a que el mer­cado ya no es­pere subida de tipos de in­terés este año y que las con­di­ciones del cré­dito se man­tengan muy la­xas.

“Hay unanimidad en el Consejo de Gobierno de que la probabilidad de recesión es baja, pero hay unanimidad en que el crecimiento es más débil”. Así de tajante se mostraba Mario Draghi, presidente del BCE, sobre la situación que atraviesa en la actualidad la Eurozona en la última rueda de prensa tras la reunión de la institución monetaria.

Traducido a hechos concretos, eso supone que la facilidad marginal de crédito y la facilidad de depósito se mantendrán se mantienen sin variación en el 0,00 %, el 0,25 % y el -0,40 %, respectivamente. Y lo que es aún más importante: los tipos de interés oficiales seguirán en los niveles actuales hasta al menos “durante el verano de 2019 y en todo caso durante el tiempo necesario para asegurar la continuación de la convergencia sostenida de la inflación hacia niveles inferiores, aunque próximos, al 2 % a medio plazo”.

De hecho, el mandatario italiano reconoce no solo que los datos macroeconómicos están saliendo peor de lo esperado, sino que la inflación en lugar de repuntar, como era su objetivo a corto plazo, “va a bajar”. De hecho, va más allá al asegurar que si los factores actuales permanecen “la tendencia a la debilidad puede ser mayor y más larga de lo esperado”.

Las bolsas dan por hecho de que efectivamente estamos en ciclo de enfriamiento y que Draghi lo reconoce, aunque sea levemente, pero que por otro lado el BCE no va hacer nada al respecto a corto plazo. A no ser que, como puede ocurrir, las condiciones empeoren de manera sorpresiva.

El estímulo de la política monetaria sigue siendo esencial para respaldar la mayor acumulación de presiones de los precios internos y la evolución global de la inflación a medio plazo, según Draghi, por lo que será provisto por las reinversiones. Un factor que desvela que el carácter “dovish” va a permanecer con unas ventajas sobre los intereses para aumentar el apalancamiento corporativo.

El peligro de la deuda de las empresas

A consecuencia de todas estas palabras y de la confirmación oficial del BCE, el consenso de mercado descuenta que el precio del dinero va a seguir en mínimos históricos hasta por lo menos principios de 2020, lo cual lastra los márgenes de los bancos europeos, pero beneficia a muchas compañías. Especialmente, las que se han ido endeudando progresivamente a medida que la crisis económica fue desapareciendo de escena.

El apalancamiento se ha ido disparando en los últimos tiempos por parte de las empresas cotizadas a grandes rasgos, pero también la deuda pública. En relación al primer aspecto cabe señalar que el volumen alcanza prácticamente los 300.000 millones de euros. La mayoría en emisiones de high yield (baja calificación crediticia).

De ahí a que muchas empresas hayan vivido esta decisión como un soplo de aire fresco. La relajación monetaria favorece las condiciones en el medio plazo de estas firmas que, en el caso de que se produzca un mayor tensionamiento, se podría generar un aumento de las posibilidades de impago. Es algo que ya se vio en el tramo hipotecario cuando estalló la crisis de las subprime en Estados Unidos.

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