ANÁLISIS

La película ‘La favorita’ desmiente a Puigdemont

Los he­chos his­tó­ricos son los que son y no se pueden cam­biar en un ins­ti­tuto, aunque sea ca­talán

Carles Puigdelmont
Carles Puigdelmont

La pe­lí­cula ‘La fa­vo­rita’ narra una his­toria que, sin que sus pa­tro­ci­na­dores lo hayan pre­ten­dido de ma­nera ex­presa, des­miente la teoría de los in­de­pen­den­tistas sobre lo que ellos con­si­deran ‘una gue­rra’ entre España y Cataluña en el siglo XVIII. La ac­ción trans­curre du­rante el rei­nado de Ana Estuardo (1702-1714), que fue la úl­tima so­be­rana de esa di­nastía y la pri­mera de Gran Bretaña, al ha­berse in­cor­po­rado por aque­llos años Escocia y toda la isla de Irlanda.

La guerra, que está presente como transfondo a lo largo de todo el film, no es otra que la que enfrentó prácticamente en toda Europa a Gran Bretaña y Austria, de un lado, con Francia y España en el otro. Estaba en juego la sucesión en la Corona española, tras haber fallecido sin descendencia Carlos II y haber dos candidatos con credenciales para el trono: Carlos de Austria y Felipe de Borbón, nieto de Luis XIV de Francia, que fue el que se impuso y reinó con el nombre de Felipe V de España.

De manera que la gran mentira que se enseña oficialmente en las aulas del principado de que Cataluña era una nación que perdió su soberanía en la guerra contra España dista mucho de la realidad. Lo cierto es que ni siquiera había algo parecido a la autonomía de hoy y el líder de entonces, Rafael de Casanova, acabó muriendo en la cama muchos años después, tras haber sido un leal súbdito de Felipe V -no se acuñó el concepto de ciudadano hasta la revolución francesa, casi cien años más tarde-.

El general de las tropas inglesas, John Churchill, duque de Marlborough, fue uno de los más destacados militares de su época. Estaba casado con Sara que ejercía una influencia relevante en la reina Ana hasta el punto de que tomaba muchas decisiones políticas (como se ve en la película). Ésta se trajo a una prima noble, pero empobrecida, de nombre Abigail, para que la ayudara y que a la chita callando consiguió apartarla del favor de la reina; si bien Abigail no se entrometió en política.

Aunque la vida privada de Ana y de otros reyes no haya sido precisamente ejemplar, lo cierto es que con la monarquía Gran Bretaña ha encontrado a lo largo de su historia la herramienta necesaria para progresar y estar entre los principales países del mundo. Con esta reina Gran Bretaña inició el ascenso hasta convertirse en la primera potencia mundial en los dos siglos posteriores.

La prominencia alcanzada por Marlborough y Sara se ha visto duplicada en sus descendientes Winston Churchill y Diana de Gales. Y su nombre ha quedado para siempre en el imaginario de los niños europeos con la canción de ‘Mambrú se fue a la guerra qué dolor qué dolor qué pena; Mambrú se fue a la guerra no sé cuándo vendrá’.

Mambrú es la pronunciación popular de Marlborough y los franceses la cantaban con un tono satírico porque pensaban que lo habían matado en una batalla. Ahora ha regresado gracias a una película que ha conseguido diez candidaturas a los óscar y ha ratificado que los hechos históricos no se pueden cambiar por capricho.

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