MONITOR DE LATINOAMÉRICA

La pro­duc­ción del sector in­formal equi­vale a un tercio del PIB de la re­gión

Latam, lejos aún de ganar la batalla a la economía sumergida

En el área, seis de cada diez ocu­pados tra­baja en la in­for­ma­li­dad, según el BM

Reflexión sobre los impuestos y la economía sumergida
Economía sumergida.

La re­duc­ción de la eco­nomía y del tra­bajo in­formal sigue siendo uno de los prin­ci­pales retos para el desa­rrollo de los países la­ti­noa­me­ri­ca­nos. Y los avances pro­du­cidos en los úl­timos años son aún in­su­fi­cientes para atajar un fe­nó­meno de grandes pro­por­ciones que lastra el cre­ci­miento eco­nó­mico y la lucha contra la de­sigual­dad, la ex­clu­sión so­cial y la po­breza.

La última alerta la acaba de enviar el Banco Mundial (BM), pero en los últimos años distintos entes y foros internacionales como el FMI, la OIT, el WEF o el BID vienen advirtiendo de las graves consecuencias que esta situación acarrea para las economías y las sociedades del área.

Según el BM, la tasa de informalidad del mercado del trabajo en el área afecta a seis de cada diez personas y la producción del sector informal equivale a un tercio del PIB, proporción “ligeramente más alta que la media de los mercados emergentes, pese a una disminución constante en las últimas décadas”. La entidad ha recordado la que informalidad se asocia con un crecimiento; menor productividad de las empresas; una más baja resilencia financiera de los hogares, marginación en los beneficios para los trabajadores como las pensiones y, en general, a mayor inequidad y pobreza. “La informalidad afecta al ahorro de los trabajadores y para las empresas encarece el coste del capital y del crédito”, además del problema que la economía informal representa para el sistema tributario de los países.

El estudio indica que la informalidad tiende a ser más elevada en los países con entorno institucional más débil y resalta que hay una dispersión alta entre países en la región, con economías como Chile en la que el sector informal representa un 16% del PIB y otras como Bolivia en el que llega hasta el 56%.

El pasado septiembre, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ya señalaba que la informalidad afecta al 53% de la población ocupada en Latam, es decir, a unos 140 millones de trabajadores. Y destacaba entonces que el área registró un episodio de formalización del empleo en años recientes que mejoró las condiciones laborales de 39 millones de trabajadores, aunque aún queda mucho por hacer para conseguir bajar la elevada tasa de informalidad.

En su informe “Políticas de formalización en América Latina” sobre estrategias de formalización y sus resultados, la OIT indicaba que “los impactos del crecimiento y de los cambios en la estructura económica sobre la formalización tienden a ser mayores que los de las intervenciones institucionales”. Y destacaba que la reciente experiencia de formalización, entre 2005 y 2015 se produjo en un contexto de crecimiento sostenido en la región, que en algunos casos estuvo sumado a múltiples intervenciones en política. En un contexto de menor crecimiento, como el de los últimos años, la formalización requiere de estrategias más focalizadas e integradas, aconsejaba la organización

El FMI, que en 2017 advirtió que la economía informal en Latam superaba por primera vez la del África Subsahariana, también ha expresado recientemente su inquietud por el mantenimiento de elevados ratios de economía en negro y trabajo sumergido en la región. El organismo cifra en unos 130 millones el número de personas con empleo informal en Latam, “lo que limita la productividad y el desarrollo económico y excluye a los trabajadores de las protecciones sociales y laborales”. La economía informal se sitúa en torno al 40% del PIB en Latam, frente al 18% de la OCDE o el 22% de Europa.

El año pasado, en su informe “Economías en la sombra en el mundo ¿Qué hemos aprendido en los últimos 20 años?”, el FMI, que recopila información sobre el “persistente drama” de la economía informal desde 1991 hasta 2015, apuntaba a Bolivia como uno de los países con mayor economía sumergida del mundo, con el 62,3% del PIB. Entre los países con menor porcentaje en la región se situaba Chile (16,7%).

El documento señalaba tres razones básicas que explican la persistencia de actividades económicas ocultas a las autoridades en la región: monetarias, regulatorias e institucionales. En lo referente a razones monetarias, sostiene que la informalidad económica busca evitar el pago de impuestos y todas las contribuciones a la seguridad social. Las razones regulatorias apuntan a evitar la burocracia gubernamental o la carga de la regulación de las autoridades. En lo tocante a las razones institucionales, se señala que la informalidad de la economía es resultado del “débil Estado de Derecho” de un país.

Para el WEF, “la formalización de la economía en Latam sigue siendo un reto importante y el crecimiento económico por sí solo no es suficiente” para reducir el problema. Con datos del Americas Society Council of Americas, señalaba que la mayoría de los países presentan un porcentaje de informalidad cercano o superior al 50%. En 2016, el país que registraba el menor nivel de informalidad era Costa Rica, con un 30,7%, y el que tenía mayor nivel, Guatemala (73,6%). Y las grandes economías regionales presentaban también tasas elevadas en trabajo informal: el 46,8% en Argentina; el 36,5% en Brasil; el 53% en México; el 54,5% en Colombia y el 64% en Perú.

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