ANÁLISIS

BBVA-Villarejo: todo empezó con la venta de FG Valores...

González de­dicó más es­fuerzos a lavar su imagen de deudor de Aznar que a ges­tionar el banco

Francisco Gonzalez, presidente de honor del BBVA
Francisco Gonzalez, BBVA.

Corría el año 1996. José María Aznar había ga­nado las elec­ciones ge­ne­rales des­pués de va­rios in­tentos fa­llidos del PP para llegar a la Moncloa y sus­ti­tuir a Felipe González. El fu­turo pre­si­dente ne­ce­si­taba ocupar los puestos claves de em­presas pú­blicas y, en un cón­clave que no viene a cuento, se apostó por Francisco González (FG), ac­tual pre­si­dente de honor del BBVA, para ate­rrizar en la banca pú­blica Argentaria, re­sul­tado de la fu­sión de todas las en­ti­dades fi­nan­cieras pú­blicas exis­ten­tes, Caja Postal, Banco Exterior de España, Banco Hipotecario y otras en­ti­dades me­no­res. Pero FG tenía un pro­ble­ma...

El problema no era otro que el hecho de que era entonces presidente y propietario de FG Valores, una sociedad de valores de relativo éxito, nacida al amparo del denominado big bang bursátil español en 1986, la liberalización y digitilización de la Bolsa española. FG tenía que deshacerse de FG Valores antes de acceder al cargo que le había regalado Aznar por aquello de que "la mujer del César..." Francisco González se puso con ahínco a ello y contactó a Merry Lynch, a la sazón presidida por Claudio Aguirre, un banquero de inversiones de gran prestigio en el Madrid financiero de entonces.

Se acordó la venta por un importe en torno a los 2.000/3.000 millones de pesetas (se llegó a barajar la suma de hasta 16.000 millones), un pelotazo de proporciones históricas en aquellas fechas, sobre la base de una valoración realizada por la firma internacional de auditoría Deloitte, que cuenta hoy entre sus clientes al BBVA y al Santander, amen de otras entidades y empresas. Parece probado por fuentes consultadas en aquellas fechas que Aguirre recibió un soplo. En el balance de FG había activos sobrevalorados en torno a los 2.000 millones por unas inversiones en derivados en el exterior de una muy escasa (potencial) rentabilidad y difícil rescate

Aguirre frenó la operación y se requirió reevaluar la venta ya pactada. Finalmente se realizó pero por un importe muy inferior al inicialmente acordado, lo que puso en guardia a los reguladores de la operación (CNMV y Banco de España, entre otros) y unos pocos periodistas especializados.

Al que firma esta información (y permítanme el uso de la primera persona), que en aquellos momentos era redactor jefe de Economía del tristemente desaparecido Diario 16, también le llegó el soplo pero la documentación recibida era inconclusa y probablemente parcial. Por ello investigué en lo posible y decidí, momentáneamente, hacer referencia a ella como hipótesis en mi columna semanal de Cambio 16, más proclive al comentario que a la información, en un suelto que las hemerotecas guardan. Días después, recibí una llamada telefónica del propio FG que, en términos airados, me exigió que le dijera mi fuente. Tengo que aclarar que, en aquellas fechas, tenía una relación amable con FG, en cuyas oficinas solía almorzar junto con su jefe de prensa de turno, un colega que aparece como espiado en los papeles de Villarejo y otro miembro cada vez diferentevdel equipo de FG, que a veces era el hoy CEO de Bankia.

"Me lo debes", creo que me dijo, supongo que por el trato preferente que como fuente profesional me daba. "Paco -le contesté-, no te debo nada pero, aunque así fuera, jamás revelaría mi fuente". Le ofrecí la posibilidad de un desmentido, redactado incluso por él pero se negó. Días después me llamó y me dictó una especie de borrador por teléfono. Lo publiqué en el siguiente número de la revista...

Puff... fue peor el remedio que la enfermedad. Días después de publicarse el amago de desmentido me volvió a llamar y pese a conocer las líneas generales del texto, no le gustó. Aclaro que no he vuelto a hablar más, desde entonces, con Francisco González, salvo en ruedas de prensa como presidente de Argentaria primero y luego del BBVA, en las que respondía de mala manera a mis preguntas. Según me contó en varias ocasiones su jefe de prensa, compañero en labores de batallas profesionales y en la época que trabajé en El País, lo suyo conmigo era una cuestión personal que ya no tenía remedio. Lo pude comprobar varias veces a lo largo de los años pero sobre todo en una cena previa a una de las juntas del BBVA celebrada en Bilbao, en la elititista Sociedad Bilbaína. Estaba yo acompañado del mismo colega que solía almorzar con él en FG Valores, edificio Beatriz de Madrid, y en su rueda de saludos nos lo soltó: "Grupo hostil", no?, mirando a su jefe de prensa. (El adjetivo hostil me provoca ahora una incontenible sonrisa cuando he leído que en el tánden Villarejo-BBVA se referían así a los espiados y supuestos adversarios en el mal llamado asalto de Sacyr al BBVA).

Yo se quien me facilitó la información y documentación sobre la venta. No lo diré jamás. Dicen (ayer domingo lo recordaba elPlural.com) que los documentos de la denuncia y la auditoría original se quemaron en el incendio del Edificio Windsor, incluyendo una carta de Aguirre a la CNMV de entonces dando cuenta del desfase patrimonial y la existencia de una probable falsedad de documento mercantil.

Manuel Conthe, presidente de la CNMV en 2005, año en que se cuenta que comenzó la relación de FG con el ex comisario Villarejo, (aunque me consta en carne propia que la afición de FG por las incursiones en vidas profesionales y privadas pudo comenzar antes), relata este fin de semana pasado en su blog de Expansión el extraño devenir de aquella carta y de una presunta denuncia ante la CNMV años antes. Miguel Ángel Noceda contaba en una información posterior en el Pais que ni Luis Carlos Croissier ni Fernánez Armesto, los predecesores de Conthe en la CNMV, tuvieron constancia de ninguna denuncia, cuyo texto -si es que existió- no apareció nunca en los archivos de la CNMV, pese a que un funcionario de la CNMV de entonces afirmó que él la tramitó, según cuenta el propio Noceda. (https://elpais.com/diario/2005/01/21/economia/1106262006_850215.html)

Hay gente que miente mucho en este caso porque me temo que la denuncia existió, aunque parece que no se registró en el órgano supervisor o luego se destruyó. Vete tú a saber. El caso es que todo ello constituye un espinoso asunto que, junto a la rentable venta de otra empresa totalmente vacía al Banesto de Mario Conde (la famosa Oildor, donde FG tenía un 4% por su asesoramiento técnico en la constitución) años antes a la intervención de Banesto en diciembre de 1993, explica hasta qué punto Francisco González se obsesionó con la prensa y con cualquier persona que hablara de su pasado o que contara que la presidencia del BBVA está en su debe ante José María Aznar y Rodrigo Rato, con los que ahora me dicen que ni se habla. Rato incluso fue espiado por Villarejo.

Carlos Torres, presidente del BBVA, un profesional respetado con un curriculum académico y profesional desde sus orígenes en la Endesa de Manuel Pizarro, debería pensarse dos veces más si debe mantener a FG como presidente de HONOR de un banco que, sin el gallego ya en el timón de la vela del barco, tiene un futuro que preservar, incluso que recuperar, para reducir la enorme brecha que su competidor en igualdad de condiciones, el Santander, le ha abierto en capitalización e imagen en los casi 20 de gestión de FG.

Y, como recuerda Manuel Conthe en el mencionado blog, porque se trata de la honorabilidad futura del BBVA y hasta cierto punto, añado, de la solvencia patrimonial de sus accionistas. Bastaría con aplicar el código estricto de buena conducta que FG impuso en el banco a sus empleados para ello, y que, si se confirman las relaciones entre FG y el ex comisario encarcelado, parece que el gallego de Chantada obvió.

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